Reflexiones tórridas

Ana Cuevas

Ana Cuevas

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El termómetro marca 45 grados. Zaragoza se calcina convertida en un enorme horno crematorio. El cambio climático se descojona de nosotros. ¡Negadme ahora si tenéis bemoles!

Sabíamos que pasaría (ya está pasando). Los científicos, los que no están a sueldo de las petroleras y otros gangsters similares, llevan décadas advirtiéndolo. Los ecologistas también. No hacía falta ser Nostradamus para darse cuenta que la sobreexplotación del planeta y la emisión descontrolada de dióxido de carbono a la atmósfera terminarían transformando nuestro hábitat en un lugar inhóspito, incompatible con la vida. Recuerdo a un par de presidentes españoles que mantenían la teoría contraria. Aznar, asesorado por los negacionistas a sueldo de los lobbys energéticos. Rajoy, instruido por un primo suyo que debe ser la eminencia de la familia. ¿Seguirían negándolo a las tres de la tarde en medio de la plaza del Pilar zaragozana bajo la implacable canícula que nos asola estos días? Probablemente sí. Para algunos mentir nunca ha sido un problema. Bueno, al pobre Mariano le delata un ojo inquieto que pajarea a lo loco cuando suelta alguna trola. Pero sus asesores de imagen ya están considerando sustituirlo por uno de cristal. Todo sea por aportar más credibilidad al presidente.

Negar el cambio climático es otra mentirijilla más que sumar a la interminable lista de mentiras oficiales con las que nos manipulan. La necesidad de la Reforma Laboral o de los injustos recortes que sufre la sociedad son otras patrañas que, a base de repetir como una letanía, han presentado como verdades incuestionables.

Los poderosos, los amos del cotarro, cuentan con la lealtad de estos esbirros embusteros. Además Roma (en este caso el FMI y el BCE) no paga a traidores. Y el que intente enmendarles la plana será objeto de su fúrica venganza. Que le pregunten a Syriza y al pueblo griego.

Será cosa del calor que me derrite los sesos. Pero empiezo a ver todas estas mentiras como una estrategia global. Una declaración de guerra contra la especie humana pergeñada por psicópatas de cuello blanco y corazón bruno. La desigualdad y la injusticia coexisten con una madre tierra que agoniza. El infierno se está trasladando a este planeta.

Mientras tanto, los que avivan la caldera, quizás fantasean con poder vivir en Marte cuando todo pete por los aires. Los sociópatas con posibles siempre cuentan con recursos (aunque sea a costa de robárselos al resto de los mortales). No se cuál es el plan tras la extinción de la especie pero, si solo sobreviven ellos, ¿a quién van a explotar para satisfacer sus enfermizos instintos?

¡Que se preparen los alienígenas! Si a estos mendas les da por colonizar el espacio… pueden darse por jodidos.

Firmado: Ana Cuevas. kuentoschinos@msn.com Pagina web: http://kuentoschinos.blogia.com Facebook: https://www.facebook.com/ana.cuevaspascual. Twitter: https://twitter.com/tragachicos

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