El mobbing mata

Delia Gil

El mobbing es una buena estrategia para echar a una persona de su trabajo, sea como sea. Cierto es que está dirigido a desestabilizar principalmente la psique de la víctima, de manera que se sienta tan mal que no lo pueda soportar y desee morir. Y en muchos casos, así sucede. Hay que ser muy fuerte para soportar años de acoso continuo. Así sucedió en la compañía France Telecom. Fue imputada en el año 2012, en Francia, por acoso a sus empleados tras los múltiples suicidios que se dieron entre sus trabajadores. Dicen que entre los años 2008 y 2009 se registraron un total de 35 suicidios, aunque otros medios aseguran que fueron 44.  Los sindicatos culparon a la empresa por su dura política empresarial para conseguir cumplir su plan de reestructuración. France Télécom fue una empresa estatal hasta 1997, momento en el que fue semi-privatizada, quedándose el estado el 26% de la empresa. A partir de ese momento el presidente de la organización, Didier Lombard, se propuso la eliminación de 22000 trabajadores y la movilidad de otros 10000 en tres años. Dicen que Lombard aseguró: “yo haré la eliminación (de los 22000 trabajadores) de una manera u otra, por la ventana o por la puerta”. El caso es que muchos se fueron por la ventana.

Didier Lombard

Didier Lombard

En julio de 2012 Didier Lombard fue procesado y éste, ¿cómo no?, negó que él fuera culpable de nada. En el diario Le Monde dijo: “Niego que esos planes indispensables para la supervivencia de la empresa sean la causa de los dramas humanos citados en las denuncias”. Pero parece que sí, que fue su política empresarial la que los provocó, porque en el 2010 fue destituido y sólo entonces paró la ola de suicidios. El nuevo presidente implantó lo que bautizaron como “plan social”, dirigido a mejorar el ambiente de la compañía. Además, hay cartas, legados póstumos, en las que las víctimas explican por qué ponían fin a sus vidas. Una de esas cartas es la de Stéphanie, que escribió a su padre, justo antes de saltar desde un cuarto piso, lo siguiente: “Por supuesto, mi jefe no sabe nada, pero seré la empleada número 23 que se suicida. No acepto la nueva reorganización del servicio. Van a cambiar a mi jefe y para tener al que van a poner, prefiero morirme”.

Veamos lo que escribe El Mundo de una trabajadora que no llegó a suicidarse: “Durante años Veronique llegaba resignada a su célula de aislamiento. La cámara de tortura psíquica que le proporcionaba el pan a ella y a sus hijos. Entre la multitud, padecía en soledad la erosión cotidiana en forma de ruido sordo, de movilidad obligada, órdenes, reproches y valoraciones injustas de su trabajo. Desde su pupitre de niña marginada en las oficinas de France Telecom, a Veronique el mundo empezaba a desmoronársele. «Pensé muchas veces en suicidarme» dijo Stéphanie.” Es tal cual. Me siento totalmente identificada con esta trabajadora. Así de mal me he sentido yo en mi cubículo del laboratorio.

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