La Ciénaga

Por Antonio Tejedor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Una ciénaga es una masa de agua estancada que con el tiempo acaba por pudrirse y ser la causante de enfermedades y desgracias. Una ciénaga es, también, la figura inversa de la pirámide del poder. En la cúspide de la pirámide, el imperio empresarial y financiero, la burguesía, los políticos y sus secuaces protegidos, la pequeña burguesía, los ciudadanos trabajadores o parados. Le ponemos el espejo y vemos sus figuras reflejadas en la ciénaga en la posición invertida: los primeros que aparecen son los ciudadanos. Bajo ellos, en los diferentes estratos, los demás

El agua cubre la ciénaga y bajo ella se esconde lo podrido. Nada se ve a simple vista. El hedor que desprende, sin embargo, evidencia esa podredumbre. Si acaso, flotan papeles, plásticos, materiales ligeros, maderas que no producen excesiva repugnancia y que, por el contrario, se les utiliza para tapar los estratos inferiores. A poco que se remueva la mierda, se puede comprobar que en este segundo nivel nadan elementos de mayor peso específico, una capa que trata de no salir a la superficie porque las muestras de asco en quien los ve comienzan a ser ostensibles. Estos materiales de bolsillos más llenos suelen ser los más altaneros y bocazas, fanfarrones y arrogantes que se han dedicado, además, a pasar por el morro su “éxito” , pero que muchos de ellos se van a tener que tragar sus vanidades en el trullo porque sus orondas tripas tienen el suficiente lastre como para no mantenerse a flote y, a la vez, no poder ser ayudados so pena de que el ayudante acabe como compañero de talego.

Hay que seguir removiendo, sin embargo, porque la ciénaga esconde mucha porquería más abajo. Precisamente la más notoria y notable, la de los que reparten permisos, hacen leyes y se permiten el cinismo de dar lecciones de responsabilidad, moralidad y sentido del deber y nunca saben nada, cobardes que abandonan a sus amigos del alma y son tan poco hombres o mujeres como para esconder la cara y practicar eso con lo que se les llena la boca: responsabilidad. Vamos a necesitar máquinas especiales para remover el fondo de la ciénaga. Como sucedía con los estratos superiores, de la mierda se conoce su existencia, se huele; pero no se ve porque se oculta en lo más profundo. El poder de esa peste llega a todo el país, condena a la nación entera. Algo y más que algo habrá que hacer para sacarla, vaciar la ciénaga y ventilar este país que tanto aman en Suiza y que aquí nos han dejado corrompido (excepto el brazo de Santa Teresa) entre adornos de mantillas, corbatas y coches oficiales.

Se han podrido más allá de sus posibilidades. Sin embargo, el dinero, aunque sea robado, no se pudre; así que exigimos su devolución más los intereses correspondientes y la no menor necesidad democrática de su desprestigio personal, social y profesional y que penen los delitos vestidos con un traje a rayas (licencia poética) como cualquier delincuente.

 

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