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LA LEGISLACIÓN LABORAL ESPAÑOLA PERSIGUE LA CREACIÓN DE EMPLEO

22 Jun

Ramiro GRAU MORANCHO

Abogador y escritor. Académico Correspondiente Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. www.ramirograumorancho.com
Ramiro Grau Morancho

Ramiro Grau Morancho

Tengo un buen amigo y ex alumno, graduado social, cuyo nombre no voy a citar porque le molesta (por lo visto no le gusta la publicidad gratuita), que me dice a todas horas que está “hasta los huevos” –y perdón por la expresión-, de Hacienda, de la Seguridad Social, del INEM, del INAEM y de toda su familia…

Su tesis es, y creo no le falta razón, que por lo menos la mitad de los funcionarios de esos organismos sobran, pues hoy en día todo hay que hacerlo informáticamente, y ni siquiera te atienden cuando vas allí, salvo que hayas pedido día y hora, como el que va al médico.

También le molesta mucho que a los profesionales, graduados sociales, gestores administrativos, abogados, etc., se les trate exactamente igual que a cualquier ciudadano, sin reconocer su condición de profesionales, y que su tiempo vale dinero, y por lo tanto cuanto más vueltas tengan que dar, o más impedimentos se les ponga, más dinero les acabará costando a sus clientes –y contribuyentes- los honorarios correspondientes.

De forma que es un gasto añadido, y cada día más elevado, además de los impuestos y cargas correspondientes, que tenemos que mantener a los cuatro millones de empleados públicos.

No hay ventanillas ni horarios especiales para ellos, ni disponen de algún interlocutor específico, que pueda solventar sus numerosas dudas, ya que la normativa cada día es más telegráfica, es decir más rápida, urgente…, e incoherente. ¡Vamos, que cada día se entiende menos, por no hablar de la pésima redacción de muchas normas jurídicas, fruto de la Lode, la Logse y demás experimentos educativos socialistas.

Recientemente otro amigo, profesor universitario, me dijo que en su comunidad (media docena de vecinos), tenían a una señora que limpiaba una hora y media a la semana, dos días, a razón de tres cuartos de hora cada vez.

Esta señora al parecer trabaja en una empresa de limpiezas, con un contrato a tiempo parcial, pero aparte hace algunos trabajos por su cuenta, cobrando en dinero negro, como el que nos ocupa.

Después del caso Echenique, el diputado podemista que también tenía a una empleada sin contratar ni asegurar (supongo que para dar ejemplo), mi amigo quiso dar de alta a la empleada de su comunidad de vecinos, de la que es presidente.

Transcribo a continuación su correo electrónico, que se comenta solo:

“Te mando también lo que me dijeron en una gestoría para contratar una persona de limpieza en una comunidad de vecinos que hace 6 horas al mes y se le paga 65 euros:

  • Alta de empresa en seguridad social,
  • Alta en mutua de accidentes,
  • Alta empleada en seguridad social,
  • Contrato de trabajo en el INEM:
  • Todo ello puede tener un coste de 210 euros, más el 21% de IVA.

Además es necesario:

  • Contratar un seguro obligatorio por convenio (anual), entre 40 ó 50 euros.
  • Contratar la prevención de riesgos laborales (anual), que puede variar entre los 200 a 400 euros.

Mensualmente la gestoría por hacer la nómina y seguros sociales cobraría 40 euros al mes (es decir, casi tanto como la empleada).

Y, por supuesto, pagar la nómina y la seguridad social de cada mes a la trabajadora.

Estaba alucinado cuando me decían todo esto, ¡vaya chupativa! Así es imposible crear puestos de trabajo. Tú qué sabes de estas cosas ¿no se te ha ocurrido escribir un artículo de este tema?

Así lo hago, Alfonso, aunque el artículo en realidad lo hemos escrito los dos, a medias. Tendremos que compartir los honorarios, que en este caso son ad honorem.

Pero tomaremos un café, con IVA, por supuesto, y no si también con retenciones por IRPF.

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LOS ESPAÑOLES SOMOS QUEJOSOS DE SALÓN

6 Abr

Ramiro GRAU MORANCHO

Abogado, Académico Correspondiente Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. www.ramirograumorancho.com
Ramiro Grau Morancho

Ramiro Grau Morancho

Hay dos tipos de españoles: una minoría que nos quejamos de lo que funciona mal, es decir, todo o casi todo, y una gran mayoría de personas que parecen argentinos, pues toda la fuerza se les va por la boca.

Son lo que yo llamo quejosos de salón, es decir, de cafetería, bar o taberna… La gente que grita, gesticula, se exalta, pone a parir al funcionario que le ha atendido mal en un organismo público, al cartero, al policía municipal, al guardia civil de tráfico, o al sumsum corda. Y como dice Cervantes en El Quijote: “Miró al soslayo, fuese y no hubo nada…”.

Son esas personas que te envían mensajes de wasap diciéndote “vamos a quedar, que tengo que contarte algo. ¡Estoy hasta los cojones del INEM!”, por ejemplo, y allá vas tú, a perder el tiempo, en nombre de una amistad mal entendida, en la que un contribuyente, expoliado y explotado, quiere hacerse participe de la última putada que le han hecho en un organismo oficial, o del maltrato recibido, por parte del funcionario de turno…

Hace unos días me mandó un mensaje un buen amigo, Graduado Social, para explicarme el trato despótico en la mayoría de los organismos públicos administrativos hacia los profesionales como él, cuyo tiempo es oro, pues luego cobran a sus clientes por las horas dedicadas a resolver cualquier encargo profesional que tengan que realizar, y como les exigen cita previa por internet, como si fueran un particular cualquiera.

Se quejaba, y creo que con mucha razón, de que no haya una ventanilla especial para profesionales, abogados, graduados sociales, gestores administrativos, asesores fiscales, etc., de forma que no tengan que perder el tiempo detrás del panadero de la esquina, o que se les exija la petición de cita previa por internet, como si los funcionarios no estuvieran al servicio de los ciudadanos, pues somos nosotros, al fin y al cabo, quiénes les pagamos el sueldo. Hoy por hoy, en la mayoría de los organismos púbicos, parece que cuándo “se dignan” atenderte, te están haciendo un favor…

Como ya estoy harto de que siempre me cuente las mismas historias para no dormir, y estoy cansado de que toda la fuerza se le vaya por la boca, con la mala educación que me caracteriza, le espeté –más o menos-, las siguientes preguntas:

  • ¿has hecho algún escrito de queja al organismo correspondiente, y lo has presentado por registro, para que quede constancia del mismo, y se vean obligados a contestarte?
  • ¿te has quejado al Colegio de Graduados Sociales?
  • ¿has enviado algún escrito a la prensa, denunciando lo sucedido?

Al decirme que no a las tres preguntas, le solté, a modo de exabrupto, que dejara de tocarme los cataplines, que ya estaba harto de oír siempre las mismas historias, cuándo no hace nada para corregir esas situaciones, e intentar que mejore esta mierda de sociedad –y administraciones públicas- que vamos a dejar a nuestros hijos.

Se quedó muy sorprendido, supongo que principalmente por mi mala educación, y me dijo muy humildemente que no tenía tiempo para hacer esas cosas, a lo que yo le contesté que lo que no tenía era ganas de hacerlo. Y que si todos hiciéramos lo mismo que él, este país si en algo iba a cambiar, iba a ser a peor.

Y añadí que con la gran cantidad de horas dedicadas a contarme estas historias, podía haber escrito todas las quejas del mundo, y hasta la enciclopedia Espasa…

Decididamente, no creo que vuelva a invitarme a tomar café.

Pues así somos –son- la mayoría de los españoles. Quejosos de salón, a los que toda la fuerza se les va por la boca, pero no hacen nada para arreglar las cosas e intentar solucionar los numerosos problemas existentes.

¿Ustedes creen que el mal funcionamiento de la sociedad, las injusticias, etc., van a cambiar por sí solas, por la inercia de las cosas…? Más bien será al contrario, que las situaciones injustas se perpetuarán con el tiempo, y al final los ciudadanos las acabarán viendo como “normales”.

Y así nos va.