Tag Archives: mobbing

¡Qué se vaya Celaya! ¡Es un liante!

11 Jul

Por Delia Gil. Médico y autora de una serie de artículos sobre el mobbin en la sanidad pública aragonesa

Delia GilSi Noeno es la reina de los expedientes, Celaya es… “EL REY DE LOS LÍOS”-

Según dicen por ahí, al Consejero Celaya siempre le ha gustado montar jaleo, pero el primero gordo, realmente gordo, fue cuando estaba de Gerente del Clínico.

Entonces fue el primer brote de legionelosis del Clínico. Un brote grave, realmente muy grave, en el que murieron varios pacientes.

En vez de intentar solucionar la causa del brote lo único que se le ocurrió, al Gerente Celaya, fue negar el problema consiguiendo que se agravara.

Ya sabéis, lo primero que hacen los políticos es decir que no pasa nada, que está todo controlado y así nos van después las cosas.

Como el asunto se le desbordó, pues acabó saliendo en la prensa, se le ocurrió hacer…lo que siempre hacen los políticos en casos como éste: matar al mensajero. Es decir, cargó contra el médico que identificó la causa y pidió a la Consejera Noeno que le abriera un expediente disciplinario.

Porque, por si no lo sabéis, es el Gerente de un hospital el que pide oficialmente que se abra un expediente.

Y ya de paso, echó también a su mujer del hospital; intentó matar dos pájaros de un tiro. Aunque al final no consiguió echar al médico porque los jueces dictaron a su favor. No consiguió echarlo, pero hizo que se embarcara en un sin fin de juicios gracias a la apertura de dos expedientes disciplinarios.

Celaya se apuntó a la moda Noeno: “¿Qué alguien no te gusta porqué es demasiado ético?, pues EXPEDIÉNTALO”.

Tal jaleo montó que la Consejera Noeno decidió cambiarlo de lugar y lo envió de Gerente al CASAR. Y allí siguió con sus enredos.

En el CASAR montó el gran jaleo con el personal y eso que sólo estuvo un año.

Primero echó a los que trabajaban a cargo del Salud y puso personal a su antojo, nombrados a dedo, sin oposición ni nada que se le pareciera. Los contrataba con plaza fija y posteriormente pasaron a ser estatutarios del Salud.

Sentó precedente en la manera de contratar personal y los Gerentes posteriores del CASAR hicieron lo mismo.

Eliminó del CASAR el personal a cargo del Salud, pero iban especialistas de la MAZ, a los centros del CASAR, que eran tratados a cuerpo de rey. Estos especialistas se desplazaban desde Zaragoza en taxi, que esperaba a que el facultativo terminara su jornada laboral para llevarlo de vuelta a su casa. El taxista, por supuesto, cobraba por todo el tiempo que estaba a su disposición.

Los especialistas del Salud sólo cobraban el kilometraje cuando se desplazaban.

Naturalmente que el asunto de personal no podía ir bien y Celaya sólo duró un año de Gerente.

Celaya se encalló en uno de los escollos más grandes del CASAR: el hospital de Jaca.

Según relataba CESM entonces: “Formalmente se aducen “razones personales”, pero el detonante ha sido la negociación del “Convenio Único” del Consorcio, lleno de discrepancias entre los Sindicatos, pero también de la propia Administración.

A lo largo de este mes de julio se han cruzado cuatro borradores de Convenio del Consorcio, cada uno aumentando los errores del anterior (algunos claramente malintencionados hacia los médicos en particular)…”.

Cuatro borradores y Celaya fue incapaz de firmar el Convenio. Se fue Celaya y a los pocos días se firmó.

Y volvió Celaya de mandamás del Salud, esta vez a lo grande, como Consejero.

Todos somos conscientes de los líos que monta ahora y sigue armando la marimorena con el personal. También sigue encallado con los problemas del hospital de Jaca.

Y es que con Celaya se cumple el dicho: “lo que mal empieza mal acaba”

Pero ahora sus problemas tienen una dimensión más grande y se ha convertido en un chapuzas a lo grande. Su trabajo consiste en rectificar continuamente y su máxima es: donde dije “digo”, digo “diego”.

Celaya ha conseguido que el Salud se rija por la ley de la selva y que el sistema sanitario que él dirige naufrague en un profundo caos.

Eso sí, estamos divertidos.

Y es que como dijo el gran comediante Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”,

LA LOCA DE MI LUGAR

30 Jun

Por Delia Gil. Médica y autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia GilTanto me amargaron la vida que no tuve más remedio que poner una denuncia penal, en un intento de quitarme el sufrimiento de encima.

Pero entonces Noeno se sacó un as de la manga: me envió la caballería, en forma de: “Medicina Legal y Forense de la Universidad de Zaragoza”. Llegaron y arrasaron. Este fue el remate final y la mejor arma para robarme la plaza.

Pusieron en papel, certificado por los sabihondos de medicina legal, todos los dimes y diretes que habían estado difundiendo hasta el momento el Jefe y sus aliados y el mejor de todos fue… ¡QUE YO ESTABA LOCA!

La locura me acompañó desde entonces en todo mi recorrido del mobbing.

Palabras textuales del informe: “Los facultativos consideran que detrás del conflicto laboral puede haber un problema de salud (no se atreven a especificar cuál) y recomiendan que sea examinado de manera exhaustiva y que se tomen las medidas que procedan.

… En general, los facultativos califican la situación de “vergonzosa y surrealista”.

… En general, consideran que es muy irresponsable en cuanto a lo profesional “demuestra mucha cara dura o es una paranoica”.

… La definen como una persona inestable… Coinciden que si tiene algún tipo de trastorno de salud, debe ser explorado y atendido convenientemente. No creen que esté mintiendo deliberadamente, consideran que está sufriendo, pero creen que ve la realidad de una forma distorsionada.

… El Jefe subraya que la teoría que intenta argumentar de una supuesta confabulación de todos contra ella, puede ser un síntoma de su estado de salud mental.

Total, que los sabihondos legales concluyen que: “en el caso que nos ocupa la acusación de mobbing no se puede fundamentar en pruebas”, y yo pregunto: “¿en qué pruebas?”

Continúan: “No parece verificarse, ni puede probarse, que nos encontremos ante un caso de acoso, aunque así lo pueda haber vivenciado ella. Todo parece apuntar a un conflicto laboral que podríamos calificar de “malas relaciones personales” y que si bien no puede a la vista de los datos incluirse dentro del concepto de “mobbing”, tampoco debe en ningún caso menospreciarse, ya que afecta a las personas e interfiere en su rendimiento profesional, además de poder potencialmente expresar algún problema de salud…

… Se verifica que estamos ante una “vivencia de acoso” intensamente negativa desde el punto de vista emocional, tal vez con un componente fundamental de elevada distorsión afectiva…

… La posibilidad de un trastorno de salud que pueda afectar a la demandante es una cuestión delicada sobre la que varios de sus compañeros no quieren pronunciarse, si bien se atreven a señalarla como origen del problema…

…no ha sido posible explorar a la demandante, ni comprobar la sintomatología que refiere padecer: hipertensión, tensión emocional, intestino irritable…por no haber respondido a nuestras citaciones…

… Tampoco se ha podido comprobar rasgos de personalidad, ni posibles alteraciones síquicas que tácitamente se han sugerido en las entrevistas con sus compañeros médicos y que pudieran justificar una vivencia distorsionada de la realidad…

… No obstante, tanto de la documentación estudiada (aclaro que la documentación a la que se refieren son los escritos aportados por el Jefe, el Director y mis pseudocompañeros), como de las declaraciones de los profesionales, se deduce que debe otorgarse total credibilidad a las dolencias referidas por ella. Así aunque parece comprobarse que no son debidas a una situación de hostigamiento real, pudieran guardar relación con la forma en la que vive su trabajo y percibe e interpreta su realidad laboral desde una perspectiva emocional, por lo que su importancia no debe menospreciarse”.

Como veis todo preparado para frustrar mis demandas judiciales: “estoy loca y todo es culpa mía”.

A raíz de eso, como no se podía esperar menos, el juez de lo penal concluyó que, aunque yo sufría un trastorno adaptativo mixto, “el diagnóstico no significa necesariamente que la causa del trastorno sea un acoso persistente”. Según él, “esta situación es compatible con cualquier tipo de situación en que la persona sufra un cuadro de estrés permanente”. Y también según él, “su situación laboral y el entorno en el que desarrolla su labor es tremendamente conflictivo”.

Y, ¿sabéis de quien es la culpa? según él: pues mía naturalmente… ¿de quién iba a ser?

Según el astuto juez, “supuestamente, este conflicto tiene su origen en el momento en el que se produce un cambio en el centro de trabajo de ella”.

Claro que, es un supuesto por ordeno y mando judicial, porque en ningún momento le interesó al juez abrir un juicio para investigar los hechos.

La locura, sugerida por los astutos expertos de Medicina Legal, ha sido el arma más eficaz para los acosadores del Salud.

Sólo que más que expertos en Medicina Legal, lo que intentan es pasarse por expertos en el Arte de la Adivinación, cosa que se les da muy mal.

O no…quizás deberían presentarse como expertos en Medicina Legal Aplicada a Favor del Gobierno. Al fin y al cabo, ¡no van a morder la mano de su amo!

Por desgracia lo que dijo el griego Juan Estobeo en el siglo VI sigue siendo igual de real en el mundo actual: “Desgraciadamente, la opinión tiene más fuerza que la verdad”.

El mobbing no es un certificado judicial

9 Jun

Por Delia Gil. Médica y autora de una serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia GilAunque pretendan los Gerifaltes del Salud que sólo hay mobbing si lo certifica un juez, pues no señor, la cosa no va así.

Como dice uno de mis abogados, si alguien te roba, no irás al juez a que te confirme que te han robado sino a que castigue a los ladrones.

Si te roban, dirás que te han robado y punto.

Estaría bueno que el juez, sin investigar nada, sacara una sentencia diciendo “a esta señora no la han robado sino que está loca perdida”.

¿Es eso lo que todos pretenden? ¿Qué me encierren en un psiquiátrico? ¿Jueces incluidos?

Pues miren bien señores Gerifaltes: “yo les digo que ustedes que, entre todos, me han robado mi plaza de trabajo”. Y en este país al que roba se le llama ladrón. Eso es lo que ustedes son: unos ladrones. Y no es necesario que ningún juez lo certifique.

Yo tenia una plaza de trabajo, que había ganado por oposición hace unos años; un puesto donde iba cada día a trabajar. Y un día al Jefe y a mis pseudocompañeros se les ocurrió que haciéndome terror psicológico me podían echar a la calle, totalmente gratis, y aprovechar la plaza para algún interino/a lameculos que fuera del agrado del Jefe.

Y a eso se dedicaron durante muchos años.

Como yo me resistía a marchar, pues endurecieron cada vez más sus acciones y entre todos me abrieron dos expedientes disciplinarios y me echaron a la calle.

Y no sólo me echaron a la calle sin cobrar ni un euro, sino que no contentos sólo con eso me robaron mucho más: me obligaron a ir a juicios que ellos sabían que tenían ganados y me siguieron sangrando.

La Asamblea General de las Naciones Unidas, en una resolución adoptada en un anexo a la declaración de los principios fundamentales de justicia relativos a las víctimas de criminalidad y a las víctimas de los abusos de poder, define a estas últimas del siguiente modo: “Se entiende por “víctimas” a las personas que, individual o colectivamente, han padecido un perjuicio, especialmente un atentado contra su integridad física o mental, un sufrimiento moral, una pérdida material, o un atentado grave contra sus derechos fundamentales, con motivo de actos o de omisiones que todavía no constituyen una violación de la legislación penal nacional, pero que representan violaciones de las normas internacionalmente reconocidas en materia de derechos humanos”-

Pero los del Salud me pudieron maltratar y robar porque en este país los jueces están comprados por los políticos. Los muy ilustrísimos jueces se erigen como dioses de la verdad, manipulando la mentira a favor de los políticos.

Y por eso mismo, porque los jueces están al servicio de los Gerifaltes del Salud, callan y escriben sentencias a su gusto o archivan querellas para que el maltrato no salga a la luz.

A mí me han negado el derecho fundamental a la justicia que todos tenemos, negándose a abrir un proceso judicial por dos veces.

Y todos los jueces han atentado contra mi presunción de inocencia, culpándome a mí de todos los males y sin haber abierto ningún proceso judicial. O sea, por ordeno y mando judicial.

Ya lo dice Irigoyen: “…Los perversos temen efectivamente los procesos judiciales porque pueden revelar efectivamente la malignidad de sus conductas. Por lo tanto, en primer lugar, intentan silenciar a sus víctimas mediante la intimidación, pero, si no lo consiguen, prefieren negociar. Si la negociación es inevitable, entonces ellos mismos se colocan en la posición de víctima, como si estuvieran padeciendo la manipulación de un empleado retorcido.

La perversión moral posee una capacidad de perjudicar tan grande que resulta difícil de detener…”

Y esta es la situación en la que me encuentro ahora, los perversos se han colocado en la posición de víctimas.

Ya me lo dijo el Jefe de Personal al principio de todo: “El Salud te arruinará la vida” y eso es lo que han intentado y siguen con ello.

Pero yo le digo al Sr. Celaya, que por mucho que los Gerifaltes del Salud intenten intimidarme no lograrán callarme. Comprenderéis todos que a estas alturas, después de muchos años de sufrimiento, ya me han salido callos.

Y por tanto, se lo digo bien clarito al Sr. Celaya: “El Salud es un antro de perversos, prevaricadores y ladrones que actúan con total impunidad gracias a la connivencia de los jueces”

Y les recuerdo al Jefe y a todos los Gerifaltes, Consejero Celaya incluido, un dicho muy español: “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”.

Y que nadie lo interprete como amenaza porque no lo es; es simplemente sabiduría popular.

Las perversas palabras de los acosadores del Salud

2 Jun

Delia Gil

Delia GilLlama la atención, en todos los relatos de sufrimiento por mobbing, el comportamiento repetitivo de los participantes; los modos de actuar son similares en todos los casos. Aunque cada uno de nosotros tendemos a pensar que nuestro caso es singular, en realidad lo comparten muchas personas.

Y en el caso del Salud sucede más de lo mismo: su comportamiento es similar en todos los casos de mobbing. Es decir, que lo que narro yo aquí, es muy parecido a lo que contaría cualquier otro trabajador acosado por el Salud; que haberlos haylos.

Según Irigoyen: “Por acoso, en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo”.

Por otra parte provocar el vacío y el aislamiento de un trabajador también es acoso. Como dice Irigoyen: “Evitar el diálogo es una hábil manera de agravar el conflicto, pues éste se desplaza y la víctima termina cargando con él. Para el agresor, es una manera de decir, sin decirlo con palabras, que el otro no le interesa, o que no existe para él. Como no se dice nada, se puede reprochar todo…

Cuando hay reproches, son vagos e imprecisos y dan pie a todas las interpretaciones y a todos los malentendidos posibles…”.

Es bien cierto que para desacreditar a una persona basta con introducir una duda en la cabeza de los demás.

Y también constatamos, día a día, el buen rendimiento que les da a los políticos la mentira. Muchos se hacen pasar por buenos cristianos pero incumplen el octavo mandamiento; ese que dice: “No mentirás ni levantarás falsos testimonios”.

Casi todos los jefes del Salud se pasan este mandamiento por el forro.

Todos se acogen a lo que dijo Goebbels: “Miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente se la creerá”.

La perversas palabras utilizadas por el Jefe acosador, mis pseudocompañeros y los perversos amigos de Celaya, están encaminadas a conseguir los siguientes objetivos: rechazar la comunicación directa y confundir a la víctima, deformar el lenguaje y hacer un uso perverso de él, criticar injustificadamente, mentir, usar el sarcasmo para ridiculizar a la víctima, descalificar, aislar a la víctima, amenazar y castigar.

Esta actuación es común en todos los casos de mobbing.

La primera gran mentira que aparece en mi expediente es la acusación de llegar tarde a mi puesto de trabajo.

No son originales en ésto, los Jefes del Salud; es el primer cargo acusatorio en los casos de mobbing y de despido laboral. Y sobre todo si no se puede demostrar, por no fichar.

Esta acusación sale continuamente en mi primer expediente y es que, durante la mayor parte del tiempo que estuve trabajando en el hospital, yo no tenía un ordenador propio que encender al llegar a trabajar. No se podía demostrar de ninguna manera.

Según el Jefe, en una nota acusatoria enviada a Dirección: “La FEA Delia Gil acude al trabajo por las mañanas, generalmente con una hora de retraso”.

En una nota que me envía a mí me escribe: “Teniendo en cuenta las tareas de responsabilidad que desempeña el personal facultativo y su implicación en la organización y gestión de los servicios, puede ser conveniente que estos dispongan de una cierta flexibilidad horaria, pero esto no debe ir en perjuicio del normal desarrollo de los procesos de trabajo en los que ellos intervienen. En este sentido, por nuestra función de asesoramiento y de supervisión de las condiciones de inicio de los procedimientos, no es aceptable para nuestra organización que ningún facultativo llegue sistemáticamente al trabajo después de las nueve de la mañana”.

Al recibo de esta nota pedí al Director que pusiera en el lugar de trabajo una máquina de fichar, a lo que él se negó. A cambio se le ocurrió la brillante idea de que yo fuera todas las mañanas a su despacho, a firmar. Por supuesto yo todas las mañanas me presenté a las ocho en su despacho, pero esto sólo duró un par de meses. Al tercer mes me comunicó que dejara de fichar. Pero las fichas de este periodo desaparecieron y no se incluyeron nunca en mi expediente, Así que siguieron acusándome de llegar tarde y esto fue uno de los grandes cargos acusatorios de mi primer expediente.

Posteriormente el Jefe se animó y añadió una hora más a mi retraso y me acusa a Dirección: “Retraso desmesurado en el horario de incorporación al trabajo por las mañanas (hasta 2 horas en algún periodo), teniendo que asumir otros facultativos sus responsabilidades.”

Pero la cruda realidad es que tanto el Jefe como todos mis pseudocompañeros, menos uno, siempre han llegado, y llegan, después de las nueve y cuarto.

El objetivo del mobbing siempre es una relación de dominación del uno sobre el otro, esta dominación se establece a partir de un proceso que da la impresión de ser comunicativo, pero la realidad es que arroja confusión sobre las informaciones reales; el acosador rechaza la comunicación directa, se niega a explicar su actitud, cuando se produce el reproche este es vago o impreciso, lo cual da pie a malos entendidos e interpretaciones varias.

Todos los intentos de explicación se convierten en vagos reproches.

Otra conducta adoptada es la descalificación, con miradas de desprecio, insinuaciones y alusiones malintencionadas. En la medida que estas descalificaciones son indirectas, es mucho más difícil defenderse. Son conductas como el no mirarle a la cara, el no hablarle, el murmurar con otro sobre la actuación de la víctima, descalificándola . También en la burla, el sarcasmo, en los cuales existen críticas indirectas, el lenguaje se pervierte.

Para desacreditar sólo hay que introducir una duda en la cabeza de los demás, para ello el agresor utiliza discursos cargados de insinuaciones.

En síntesis se puede decir que el agresor actúa de la forma siguiente:

  • Rechaza la comunicación directa
  • Deforma el lenguaje
  • Miente
  • Utiliza el sarcasmo
  • Utiliza la paradoja
  • Descalifica
  • Divide o aisla a la víctima de los demas
  • Ejerce su autoridad con premios y castigos

En una segunda parte del proceso, aparece la violencia en un plano más duro:

  • Amenazas, siempre indirectas y veladas, pero continuas
  • Provoca a la víctima, con insinuaciones y descalificaciones, para que reaccione y poder descalificarla.
  • El comportamiento, por tanto se podría decir que se traduce en:
  • Ataques verbales: insultos, burlas, amenazas, críticas injustificadas, ridiculización
  • Desacreditación profesional: sobrecarga de trabajo, encomendar tareas rutinarias por encima o por debajo de sus posibilidades, asignar objetivos o proyectos inalcanzables, retener o manipular información crucial, presiones para inducir al error, bloqueo de iniciativas, impedir la utilización de medios adecuados, infravalorar, no reconocer el trabajo.
  • Aislamiento social: limitar el movimiento en el entorno de trabajo, no escuchar, hacer el vacío, aislamiento físico, dificultar la comunicación.
  • Ataques personales: descalificaciones, burlas, menosprecio, falsos rumores, calumnias, rechazos, humillaciones.
  • Violencia física: gritos, empujones, amenazas físicas, invasión de la vida privada, acoso sexual, no tener en cuenta problemas físicos o de salud.

La perversión de las palabras en el mobbing

19 May

Por Delia Gi. Médico y autora de una serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

No todo el mundo tiene conciencia de lo importantes que son las palabras en nuestro estado de ánimo. Pero las palabras, y el tono con que se dicen, nos pueden herir en lo más íntimo, nos pueden enfermar y hasta matar.

Con ellas nos podemos morir sin que nos toquen ni un pelo y eso lo saben muy bien, y a fe de Dios que lo aprovechan inmensamente, los que nos hacen mobbing.

Con las palabras, los perversos acosadores insinúan, mienten, hacen alusiones malintencionadas, engañan, nos humillan y nos amenazan.

Así entiende Benito Taibo la importancia de las palabras: “La gente le tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie parra siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero,,,Lo importante es como se usan y qué se quiere decir cuando se usan.”

Según Séneca: “Feas palabras, aún livianamente dichas ofenden”.

Y según George Steiner: “Palabras que son saturadas con mentiras o atrocidades no se recuperan fácilmente”.

Gran razón tiene Steiner, yo llevo ya trece años sufriendo el dolor de las palabras y todavía no me he podido recuperar. Aún sigo sufriendo sus consecuencias.

Palabras que se han ido pasando de los perversos Jefe y Director a todos los Jefazos del Salud y de aquí al Sistema Judicial.

Palabras escritas con la única intención de hacerme el mayor daño posible.

En el mobbing las palabras tienen un uso perverso y sirven como arma arrojadiza contra el cabeza de turco que se quiere eliminar; son un arma de destrucción psicológica.

Como dice M:F: Irigoyen: “Efectivamente, por medio de palabras aparentemente anodinas, de alusiones, de insinuaciones o de cosas que no se dicen, es posible desestabilizar a alguien, o incluso destruirlo, sin que su círculo de allegados llegue a intervenir. Él o los agresores pueden así engrandecerse a costa de rebajar a los demás, y evitar cualquier conflicto interior o cualquier estado de ánimo al descargar sobre el otro la responsabilidad de lo que no funciona: ¡No soy yo, sino el otro, el responsable del problema!”

Mediante las palabras el Jefe y mis pseudo-compañeros me han atacado sin piedad, una y otra vez, clavándome muchas puñaladas traperas por la espalda.

Si bien al principio del mobbing el Jefe me atacaba directamente a la cara, o más frecuentemente por teléfono, y a grito pelado, acusándome de no querer acabar mi trabajo cuando en realidad era él quien me lo estaba boicoteando, pasó más tarde a imponerme el vacío y la ley del silencio. Nadie podía hablar conmigo y dieron paso a las puñaladas traperas escritas, sin que yo tuviera constancia de ellas hasta que me abrieron los expedientes.

El Jefe dejó de hablar conmigo directamente y pasó a las acusaciones y denuncias por escrito a Dirección; era el mejor camino para preparar mis dos expedientes disciplinarios.

Y es que el perverso acosador conoce muy bien que las palabras tienen mucho poder y sabe manejarlas para satisfacer su ego y su ambición.

PARA MATARTE NO HACE FALTA PEGARTE

12 May

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia Gil

Así es, para martirizar a una persona no hace falta ni tocarla un pelo; aunque la realidad es, que quien comienza un acoso continuado con éxito, se acaba animando y en algún momento incluye el ataque físico.

Según M. F. Irigoyen, una doctora en la materia: “Mediante un proceso de acoso moral, o de maltrato psicológico, un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. El ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero asesinato psíquico”.

Yo añado que también puede conducir al asesinato físico y todo sin tocar a la persona ni lo más mínimo. Por acoso psicológico persistente, se han dado casos de suicidio, de infarto o de cáncer.

Por ejemplo en mi caso: yo tenía casi una hora de camino de mi casa al hospital y en ese tiempo, por agotamiento y falta de concentración, me podía haber ido directa al otro barrio.

Cuando se trabaja con alta tensión la persona está en todo momento en estado de alerta, concentrada cada minuto en lo que hace y preocupada constantemente de no cometer ni un solo fallo y eso es agotador. La persona consume todas sus energías.

Cuando salía del hospital me liberaba, pero estaba tan cansada, tan extremadamente agotada, que el camino de vuelta a casa era puramente automático. Tan automático que en muchos momentos me dormía. Era cuestión de unos segundos, pero ya sabemos que en la conducción los segundos cuentan.

Además, con el estrés, llegué a perder mucha capacidad de concentración, hasta tal punto que por eso me dieron la baja durante casi un año.

Llegué a tener pánico de coger el coche. La doctora se resistía a darme la baja, estaba empeñada en que yo aguantara, pues pensaba que los de Salud Laboral acabarían solucionando el problema, hasta que vio que yo había llegado al límite.

En ese momento yo ya no veía ni lo que tenía delante de mis narices: en un par de ocasiones casi choco con otro coche. Entraba en las rotondas sin darme cuenta si había o no algún otro coche que tuviera preferencia. Literalmente, es que no veía un auto a más de dos palmos. Mi doctora acabó por darme la baja porque como dijo ella: “Esa gente te va a matar”.

Otra cosa es el estado de la cabeza, se te vuelve del revés, todo por culpa del martirio al que te someten. Llega un momento que ante tanta impotencia, por quitarte el sufrimiento de encima, te sientes que has caído en un pozo o en un agujero negro; quieres salir de él pero no puedes. La impotencia te lleva a la angustia y a la depresión y cada vez te vas hundiendo más en el agujero negro. Tienes la sensación de que no vas a salir nunca de allí.

Entonces, cuando estaba en la carretera de vuelta a casa, pensaba: ¡Qué fácil sería acabar con el martirio!, un giro muy rápido de volante y…¡Adiós a todo! ¡A descansar en paz en el otro mundo!

Pero, la cuestión es que tengo dos hijos que en mis peores momentos eran adolescentes y mi instinto materno me impedía abandonarlos en este mundo. Tenía que seguir al pie del cañón; no tenía más remedio que continuar.

Por cierto, el perverso del Jefe se cabreaba cada vez que me daban la baja. Le sentaba tan mal que decía a todo quisque que mi doctora me regalaba las bajas.

Hasta tal punto llegó su perversidad que envió varias notas a Dirección comunicándoles mi ausencia en el trabajo, dando la casualidad que, en todos los días que denunció, yo estaba de baja por enfermedad; porque he tenido muchas a lo largo del camino.

Y su malicia se juntó con la de otro ser grandemente perverso, el Director, y éste aprovechó esas notas falsas de ausencia para incluirlas en mi primer expediente.

Y la malicia del Director se juntó con la perversidad de los jueces aragoneses, muy machistas ellos, que no se dignaron ni a mirar las alegaciones que mi abogado presentó porque tenían claro que la mala era yo. Es decir, pasaron olímpicamente de mi presunción de inocencia. Habían decidido desde un principio que yo, como mujer, era la culpable de todos los problemas del Servicio donde trabajaba.

Y así es como la violencia machista se perpetúa gracias a los jueces.

Este es mi caso, pero os aseguro que hay muchísimos parecidos, tanto de mujeres como de hombres.

Repito: ¡QUE SE VAYA, SR. Celaya!

28 Abr

Delia Gil

Delia Gil

¿Cómo puede dirigir un ser tan amoral, que no persona porque carece de alma y de razonamiento moral, un asunto tan delicado como es la Sanidad pública? ¿Cómo puede un idiota moral, que sólo quiere destruir la sanidad que pagan los ciudadanos, estar al frente de lo que se quiere cargar? Porque es evidente que para eso quiere el cargo de Consejero, para acabar de destrozar la sanidad pública del todo; acabar lo que empezó la Consejera Noeno.

¿Cómo es posible eso? ¿Por qué no se moviliza la gente?… Pues supongo que porque estamos idiotizados. Los políticos psicópatas nos han vendado los ojos. Lo consideramos todo normal y pensamos que no hay nada que hacer. ¿Pero cómo no va a haber nada que hacer si es bien sabido que la unión hace la fuerza?

Está claro que, desde que pasó a hacerse cargo del Sistema Sanitario de Aragón el equipo de la Noeno, la sanidad pública ha ido de mal en peor. Celaya formaba parte de su equipo y además es tan diabólico como ella.

Como la Noeno, Celaya es un ser innoble que carece de alma, que no piensa ni razona, que no tiene empatía, y que no siente ni padece por los demás. ¿Cómo se puede permitir que un ser mezquino como éste dirija un sistema que necesita mucha humanidad y empatía? Para sanar a la gente es más importante la compresión y solicitud hacia la persona que todas las máquinas que orgullosamente se puedan aparcar en los hospitales.

No es cierto que los médicos sanen a la gente, sino que son las propias personas las que se curan; son nuestros cuerpos quienes ponen en marcha los mecanismos de curación propios, eso sí con la ayuda de los médicos que encaminan a las personas en el proceso de curación. Pero no sólo los médicos intervienen en la curación, hay un equipo muy amplio que tiene que funcionar muy bien y que va desde los servicios de diagnóstico hasta el personal de enfermería, que es el que tiene el contacto más directo y continuo con el enfermo.

Todo este engranaje es el que ha de funcionar muy bien y es el que se ha encargado de distorsionar Celaya. Todo por su propio egoísmo y el de su banda.

Todo por enviar al garete la sanidad pública, enriquecer a sus amigos y financiar la sanidad privada con las arcas públicas.

Se necesita mucha empatía y mucha dedicación a los enfermos para que éstos se curen y para ello, nosotros, los trabajadores, necesitamos hacer nuestra labor en paz y tranquilidad. Cualquier maltrato repercute al final en los pacientes.

Es necesario un buen trabajo en equipo y bien organizado, algo que Celaya ha logrado destruir. Ha llenado el Salud de jefes inútiles y ha sembrado el caos.

Desde el mismo momento en que Aldámiz empezó las negociaciones, para dar paso al CASAR, el hospital de la ciudad del Opus empezó a ir mal. Y también, a partir de entonces, todo el Salud ha ido de mal en peor.

Por cierto, Celaya se trajo de vuelta a su amigo Aldámiz, premiándolo con la Gerencia del área I y II de Zaragoza y es que necesitaba a un inútil como él para ayudarle a cumplir su objetivo.

Siguiendo la linea socialista, el anterior Consejero, el pepero Oliván, continuó creando el caos y aportó algo nuevo: jubiló a los médicos mayores de 65 años.

Esto que a primera vista no parece lógico, pues a los trabajadores no sanitarios se les ha alargado la jubilación hasta los 67 años, sólo tiene una perversa motivación: eliminar cualquier referente ético y moral, para hacer lo que a ellos les da la real gana. Y por el mismo motivo echan de su puesto de trabajo, y lo condenan al paro, a cualquier trabajador sanitario que sea crítico con el sistema.

Y Celaya sigue, y sigue, haciendo de las suyas: poniendo inútiles jefes a dedo, manteniendo jefes/as acosadores que perturban el sistema y derivando pacientes a costa de las arcas públicas, mientras mantiene deficitario el personal del Salud y alarga las listas de espera.

¿Hasta cuando? Pues hasta que le demos la gran patada en el trasero y consigamos que se vaya.

¡Qué se vaya Sr. Celaya!