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SOBRE LOBAS FEROCES Y CERDOS GILIPUERTAS

13 Jul

Ana Cuevas

Ana Cuevas Pascual

Ser mujer no es una tarea fácil en casi ningún lugar de este planeta. En lo que denominamos el primer mundo, aunque a nivel jurídico y constitucional exista una virtual igualdad, tampoco resulta sencillo. Cierto es que aquí no se nos lapida o se nos encierra bajo un burka, me replicarán muchos. Es verdad. La quema de brujas,  o sea de mujeres, son deportes que han quedado en la trastienda de nuestra historia negra. Pero, de alguna manera subsisten en el inconsciente colectivo y, cuando una fémina saca los pies del tiesto patriarcal, a más de uno le entran ganas de volver a apilar madera.

Lo que sucede es que las brujas actuales nos hemos vuelto ignífugas. Pero sobre todo impermeables a los insultos y descalificaciones de las manadas de machos mamarrachos que ven cuestionada su hombría cuando se enfrentan a una mujer de igual a igual. Como supongo que ya sabrán, la inteligencia no está en los genitales. Sin embargo esta cuestión plantea dudas cuando observamos el aberrante comportamiento de grupos que hacen ostentación de su machirulismo sin pudor alguno. Durante las fiestas de Pamplona hemos asistido a una especie de celebración del orgullo cafre-machista. Después de los condenables sucesos en los que un grupo de hombres que se autodenominaban “la manada” drogaron y abusaron de una chica de dieciocho años el pasado año, estos sanfermines  se han visto impregnados por un hedor a solidaridad con los agresores. Chapas y camisetas con bonitas  leyendas como: “Chupa y calla”. “Tu culo es mío·, etc... se han vendido como churros entre tipos acomplejados y mediocres que quieren llamar la atención alardeando de lo único que pueden, su cutrerío intelectual. Yo me los imagino en sus casas, amargados por traumas sexuales y emocionales, visionando porno como única alternativa a un simulacro de relación. Tiene que ser algo así para que rezumen tanto odio, tanta falta de respeto por sus madres, sus hermanas, sus hijas… las nuestras. ¿Acaso cuando su mamá les da los buenos días y les pone el colacao , ellos le contestan chupa y calla?

Hay polémica con este asunto. Aunque se ha hecho una campaña intensiva de concienciación se han vuelto a dar casos de agresiones y tocamientos. No parece adecuado jalear estos comportamientos con complementos que animan a cometerlos. Que trivializan la libertad sexual de la mujer cosificándola como un objeto de disfrute.

Pero tengo serias dudas acerca de prohibirlo. Me explico. Si un individuo quiere llevar impresa en el pecho su declaración de principios, ¿quién soy yo para negárselo?. Así es más fácil identificarlos. El que guste de exhibir esta parafernalia está gritando a los cuatro vientos:¡Soy un cerdo gilipuertas! Y perdón por la analogía con el pobre marrano. Que ya dijo Hernández que existen cerdos con peor origen que los cerdos.

Hablando de analogías con animales, yo me pido ser loba. Frente a esas piaras de cerdos babeantes me nace un impulso licántropo, una ancestral ferocidad de loba protectora que acecha las gargantas de las alimañas que rondan a su prole. Loba feroz que no teme a los caperucitos que juegan a ser hombres denigrando a las hembras. Loba desnuda de yugos y correas que sobrevive a dentelladas a la conjura de los cerdos.

Son cosas de animalicos. De tanto soportar guarradas, nos están creciendo los colmillo

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LAS HIJAS MUERTAS

30 May

Ana Cuevas Pascual

Ana Cuevas Pascual

Apenas se habla de ellas. Los informativos hacen una breve reseña en la sección de sucesos sobre unos hechos que se repiten con tanta frecuencia que parecen solo frías estadísticas. Casi no hay lugar a ponerles un nombre, una cara, una biografía que las reivindique como seres humanos plenos de anhelos e ilusiones, no como anónimas víctimas. Fallecen, dice la prensa, a manos de sus maridos, compañeros o de un tarado que se siente despechado y por ello con derecho a arrebatarles la vida. En realidad, son asesinadas porque algunos hombres entienden a la mujer como un objeto, ni siquiera una mascota. Estranguladas, acuchilladas, molidas a golpes, a menudo delante de sus hijos. Esos hijos que pasan a ser parte del sangriento plan del criminal, a veces su propio padre. ¿Qué mejor manera de intentar saciar su irracional odio que aniquilar lo que esas mujeres más querían? Y si sobreviven, arrastrarán toda la vida el horrible estigma de saber que fue papá quien mató a mamá. ¿Cómo se puede superar eso?

Este último fin de semana han sido tres. Una en Ciudad Lineal (Madrid), estrangulada. Otra en Collado Villalba (Madrid) apareció maniatada y asfixiada con una bolsa de plástico en la cabeza. Y en unas pocas horas la tercera en Molina de Segura (Murcia), una mujer de treinta años madre de un niño de cuatro. A machetazos. Se llamaba Beatriz.

Su padre, ex-concejal del PP en la localidad, manifestó en un tuit su desgarro: “Mi hija de treinta años ha sido asesinada esta noche en el trabajo. Ya puedo morirme” Tristeza, impotencia, una rabia que carcome las entrañas. Otra hija muerta, no importa la clase social, la nacionalidad,  la orientación política o religiosa, la edad… sus verdugos las igualan cosificándolas, transformándolas en un número más de esta macabra estadística. El padre de Beatriz, como tantos padres y madres en su misma situación, también son víctimas colaterales. La idiocia homicida, eso que denominan violencia machista, no solo les ha arrebatado a sus hijas. Les ha robado la alegría, la esperanza. Les ha quitado lo más importante de su vida.

El terrorismo machista deja un reguero de cadáveres que supera a las víctimas de ETA o de los yihadistas. La diferencia es que ellas, nuestras hijas muertas, no explotan en un tren o son acribilladas a balazos todas juntas. Mueren una a una cayendo accidentalmente en las manos de un psicópata que un día dijo amarlas.

28 mujeres exterminadas en España en lo que llevamos de año. ¿Y si fueran 28 diputados o 28 científicos, sacerdotes o médicos los asesinados? La conmoción y la alarma social serían enormes. Pero solo son mujeres. Hijas de alguien, hermanas, madres cuyo trágico final imprime secuelas imborrables en sus familiares.

Yo no se qué medidas debemos tomar para cortar esta sangría a corto plazo. Pero entiendo que hay un origen común en todos estos crímenes. Algo de lo que todas y todos somos responsables: la escasa educación en el respeto y la igualdad desde la más tierna infancia. Solo así podremos construir un mundo donde las mujeres y los hombres puedan mirarse a los ojos y reconocerse como semejantes.

Pero además hay que superar la insensibilidad con la que nos enfrentamos a los feminicidios. La “normalización” de lo monstruoso. La trivialización de los patrones machistas que, hoy en día, vemos reproducirse en chicas y chicos jóvenes, adolescentes que confunden el amor con la posesión y los celos.

Las mujeres de Velaluz, supervivientes de maltratadores y asesinos, han vuelto a la Puerta del Sol dos meses después de finalizar una huelga de hambre. Ellas no se rinden. Se sienten estafadas por un gobierno que les prometió más medidas preventivas y ayudas para las víctimas. “De mayor quiero estar viva” , es uno de sus slogans. En una enorme carpa, zapatos rojos y cartulinas negras por cada mujer, por cada niño caído en esta masacre absurda. Demasiadas sombras flotando en las conciencias.

Espero que en el futuro se miren estos actos con perplejidad. ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Por qué la sociedad no se levantó unánime en defensa de sus hijas, de sus hermanas y madres?

Aunque ahora, si alzas la voz, corres el riesgo de que te llamen feminazi. No me importa. Pese a ello, seguiré clamando en el desierto por cada mujer, por cada criatura cercenada. Por Beatriz, la hija del ex-concejal pepero que siente que también ha sido asesinado este fin de semana junto a su pequeña. La compasión está a salvo de cualquier ideología.

Mi corazón está a su lado. Su hija podría ser mi hija. Esta lacra maldita no distingue entre tirios y troyanos. Unámonos pues. Hagamos lo imposible para que cese el llanto amargo por nuestras hijas muertas. Aquí solo hay un bando. Y se lama respeto por la vida.

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Misoginia en el Sistema Judicial

14 Dic

Por Delia Gil

Delia GilEn general, son muchos los ataques que una mujer recibe a lo largo de su vida y en numerosos casos soporta un trato brutal y despiadado sólo por el hecho de pertenecer a este género; pero es tan antigua esta práctica y está tan extendida en todo el mundo, que la mayor parte de la gente lo vive con naturalidad, pensando que es normal, aceptando que así es la vida y si así ha sido siempre, está bien que siga siendo así.  Recibimos tortas por todos los lados, incluso de los machos justicieros, los que se supone que deben aplicar la justicia a todo el mundo.

La mujer, ante la indiferencia de todos, está sometida al hombre ya que se ha forjado su desarrollo social en la sumisión. Todas hemos sufrido desde hace siglos un lavado de cerebro bárbaro, imponiéndonos un papel social al servicio de la felicidad del hombre, de tal manera que no cumplir con estas funciones y deberes nos sume en remordimientos y un sentimiento de culpa que tardará años en desvanecerse.  Todos hemos mamado el machismo desde la cuna y hemos sido educados en él y por ello los hombres llevan gravado en el alma su superioridad, de la misma manera que nosotras llevamos gravada la conveniencia de nuestra sumisión por el buen desarrollo de la familia y la sociedad.

Y estas ideas son también las que tienen gravadas en su mente, muy profundamente, todos los jueces. Son ideas arraigadas desde tiempos inmemoriables, desde el mismo momento en que se creó esta organización de hombres que siempre ha sido regida por hombres, cuyos métodos han sido establecidos por ellos, sin que la mujer haya tenido nunca ni voz ni voto y que siempre ha estado al servicio del macho. Para defenderse una mujer ha de hacer un esfuerzo infinitamente mayor que el de un hombre en la misma situación.

Es inquietante lo poco que ha cambiado la mentalidad de esta organización a lo largo de los siglos. Fue creada por el poder político, hace ya mucho tiempo, como instrumento para su propio beneficio y siempre ha sido organizada por el poder establecido. Por lo tanto, dependen del gobierno y a él se deben.  Está formada mayoritariamente por hombres que no se pueden desprender de sus ideas misóginas y que son quienes establecen las normas. Si bien es verdad que hay alguna mujer, ésta para alcanzar su puesto ha de demostrar ser más machista que el más macho de sus compañeros. Todos han de acatar las mismas normas.

Hay demasiadas sentencias y comportamientos machistas en nuestro país, aunque nos pueda parecer que la cosa ha cambiado mucho. Lo que realmente ha cambiado es el comportamiento de los misóginos; éstos son buenos camaleones y se adaptan a las nuevas situaciones, siguiendo con sus insultos contra la dignidad de la mujer, ofensas, ultrajes, denigraciones, vejaciones y opresión. Y los jueces se han acostumbrado a quitar hierro al asunto, dejando que los delincuentes misóginos actuen con total impunidad.

Hay dos normas, no escritas, que todos los juristas tienen en mente: la primera es que el gobierno paga sus nóminas y no hay que cotrariarle y la segunda que el honor de un hombre, aunque no se lo merezca, siempre ha de prevalecer sobre la justicia de una mujer maltratada.

La misoginia del poder judicial no está oculta, ni tan siquiera disimulada, sólo hay que querer verla y por el momento no parece que vaya a cambiar su mentalidad. Esto hace que se convierta la denuncia judicial del maltrato en un gran peligro para la mujer. Los jueces nos envian un mensaje subliminar: “mujeres: NO DENUNCIÉIS LOS MALOS TRATOS”.

LA “MALA FOLLA”

23 Sep

Ana Cuevas

Ana Cuevas Pascual

Con frecuencia cuesta creer que estamos en el s. XXI. Sobre todo si eres mujer. En países “menos civilizados” que el nuestro las mujeres son cosificadas. Carecen de derechos humanos elementales. Son mutiladas genitalmente, lapidadas, azotadas, ejecutadas, violadas, prostituidas desde la niñez, vendidas como mercancía cárnica, explotadas sexual y laboralmente… Millones de hermanas en todo el mundo padecen todo tipo de abusos y vejaciones de parte de sociedades patriarcales y gobiernos teocráticos que ejercen la violencia institucional mostrando su odio y su desprecio por el género femenino. Una plaga que no cesa y que no impide que países occidentales, como España, mantengan relaciones comerciales y diplomáticas con estados feminicidas y represores como Arabia Saudí.

Una cosa es predicar y otra, muy diferente, dar trigo. Y el humillante maltrato que recibe la mitad de la población mundial no es óbice ni cortapisa para que nuestro soberano o nuestros dirigentes políticos estrechen amistosamente la mano de los verdugos. Al final, solo son mujeres, niñas o adolescentes cuya vida no significa gran cosa si la comparamos con los pingües beneficios que se pueden obtener haciendo la vista gorda.

Pero incluso aquí, donde la constitución pretende avalar la igualdad entre los géneros, nos encontramos con comportamientos retrógrados y machistas que impregnan todos los estratos sociales. Mirar para otro lado cuando se producen equivale a ser cómplices de tan deleznables comportamientos.

Hace unos días, unos taxistas madrileños decidieron no hacerlo cuando un cliente neandertal se negó a tomar un taxi porque iba conducido por una mujer. Ninguno de los otros compañeros de la parada accedieron a transportar al energúmeno que tuvo que largarse a patita bajo un sol de justicia (nunca mejor dicho). Son pequeños-grandes gestos que marcan la diferencia. Que aportan esperanza en que algo está cambiando pese a otras noticias que provocan desazón.

Como la de un galeno de Murcia que escupió un insólito diagnóstico a una paciente. Según su profesional opinión, mientras apuraba un cigarrillo en mitad de la consulta, el problema es que la muchacha no estaba bien follada. O en cualquier caso, la mal follada era su madre, apostilló. Desconozco si la prescripción facultativa fue la de administrarle un falo cada ocho horas o si, él mismo, ofreció su patética pilila para paliar la dolencia de la joven. En cualquier caso, lo más lamentable del asunto es que, pese a que el menda dejó plasmado en un informe semejante infamia, la consejería de sanidad no le ha separado cautelarmente del ejercicio de su profesión mientras dura la investigación. ¿Acaso entienden que la patología que describe este pájaro debiera incluirse en el vademécum del colegio oficial de médicos?

Desgraciadamente, no es el único caso en el que la discriminación humillante de algún macho alfa queda impune frente a la justicia. Un jefe de unos grandes almacenes que se dirigía a sus empleadas llamándoles “chochitos” y dejaba notas alusivas a su físico en sus taquillas fue absuelto al entender que sus actos no era constitutivos de delito. Tampoco la Universidad está libre del ejercicio del machismo “cum laude”. Un profesor de Santiago de Compostela aprovechó la jerarquía docente para criticar públicamente el escote de una alumna. Al parecer le desconcertaba su canalillo. Al ser tachado de machista por el alumnado su respuesta fue muy esclarecedora: Si fuera machista, te pegaría una hostia. Aunque sus actos se desarrollaron frente a toda la clase, los responsables de la Universidad no tomaron medidas contra el profesor. A cambio, reubicaron a la alumna en otra clase re-victimizándola por no saber encajar la ” respetable” opinión del catedrático.

Por desgracia, culpabilizar a las víctimas de insultos o agresiones machistas no es un hecho infrecuente. Si una mujer es violada se cuestiona su forma de vestir o la imprudencia de andar de noche por una calle oscura. Como si ello supusieran un consentimiento tácito para ser objeto de esta clase de violencia. ¡Es que van provocando!- Tenemos que oír de algunos respetables padres de familia. ¿Si fueran sus hijas… lo justificarían con el mismo argumento? ¿Darían una palmada de complicidad en la espalda de sus agresores?

Casi todas las mujeres padecemos algún tipo de vejación a lo largo de nuestra vida. Tocamientos, insultos o menosprecios que ocurren con total impunidad y que son normalizados por las autoridades e incluso por gran parte de la sociedad.

Cuando alguno de estos tarados discrepa ideológicamente con una mujer recurre al sexismo más bajuno. Lo digo por experiencia. Más de una vez se me ha tachado de “mal follada” cuando discrepan de mis opiniones y no se les ocurre mejor argumento para rebatirlas que atribuirlo a mi necesidad de ser penetrada por un iluminador pene que me ayude a ver la luz.

A lo mejor se hacen un lío con la sintaxis y, en vez de mal follada, lo que quieren decir es que tenemos “mala folla”. Es decir, que no estamos dispuestas a someternos a ningún imbécil que pretenda iluminarnos a pollazo limpio. Sería necesario ilustrarles acerca de que, al contrario de lo que les pasa a ellos, nuestras neuronas no residen en las gónadas sexuales.

Pero para que la igualdad y el respeto inter-genérico sea posible se necesita la intervención de una sociedad sana y equilibrada. Mirar para otro lado, justificar o minimizar estos hechos forman parte del problema. No se puede cambiar lo que nos ofende por cojones o por ovarios. Solo una educación equitativa y libre de prejuicios puede darle la vuelta a la tortilla. Pero mientras ese día llega, únicamente podemos combatir su estupidez a fuerza de “mala folla”. De mucha, mucha mala folla.

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O Mariano o el caos

5 Sep

Ana Cuevas

Ana Cuevas Pascual

Ana Cuevas Pascual

Mariano Rajoy pasará a los anales de nuestra historia como el primer presidente en democracia que fracasa en su investidura. Pero a pesar de que se ha puesto de manifiesto que nadie, excepto su cuchipandi, quiere que Rajoy repita legislatura, él sigue agarrado a su poltrona como una garrapata. Mariano-Gollum se empecina en que la presidencia es suya y solo suya.  Y no le sale de los bemoles dimitir como haría cualquier persona medio decente. Es más, Mariano y los suyos se ponen chulos a diestra y siniestra y reparten estopa democráticamente. HERMANO LOBO¡No me provoquen!- Desafió chulesco el ministro Hernando en el Congreso. Claro, es que el hombre se conoce y sabe que, en cuanto le tocan las palmas de la corrupción, le sale la genética de matón mafioso. Porque ahí está el quid de la cuestión. El partido popular ha actuado, y sigue haciéndolo, como una banda organizada cuyo capo, al menos en responsabilidad última por acción u omisión, es Mariano Rajoy. La codicia y la desvergüenza se han convertido en sus señas de identidad.

La última muestra de cómo actúa este grupo cuando se ve obligado a sacrificar a “uno de los suyos” nos la han dado con la nominación del ex-ministro Soria para dirigir el Banco Mundial. ¡Olé sus co….!¿ Ésta es su tan cacareada regeneración? Porque más bien parece la regeneración de la piel de una serpiente. El castigo por mentir reiteradamente y defraudar al estado español consiste en poner al lobo a cuidar el pienso de las gallinas.

Lo malo es que no debería sorprendernos. Rajoy es el presidente que mandó ese “Luis, sé fuerte” a Bárcenas para que no abriera el pico. El que defendió a Rato, Fabra, Camps o Barberá más allá de toda duda razonable. Otorgándoles una aureola de mártires. Quizás porque valen más por lo que callan que por lo que roban.

Y pese a tener un historial delictivo que crujiría de envidia a don Vito Corleone, los populares se ponen gallitos. Aseguran ser la única alternativa bendecida por su santidad el FMI, la Merkel, el IBEX35 y su repajolera madre. La única esperanza del país para no ser asolados por todas las plagas bíblicas y alguna laica.  Hay una antigua portada de la maravillosa revista Hermano Lobo que viene al pelo del caso. Un político increpa al populacho: ¡O nosotros o el caos!. Y las masas gritan enloquecidas: ¡el caos, el caos!. Entonces el político responde. Es igual, también somos nosotros.

Que Rajoy pretenda  convencernos de que más allá de él mismo y de su partido solo nos espera el caos tiene su guasa. ¿Qué es el caos?-dices reflejando tu pupila pepera en mi pupila Vosotros sois el caos. Un partido que ha mantenido entramados corruptos mientras recortaba los derechos sociales y laborales de los ciudadanos despiadadamente. Mientras se nos amordazaba para impedir el legitimo ejercicio de la libertad de expresión que corresponde a cualquier estado medianamente democrático.¡

Entre la banda de Mariano y caer en un vórtice oscuro preñado de ocultas amenazas, me quedo con el vórtice. Nunca he sido fan del malo conocido. Llámenme loca pero prefiero experimentar otras opciones por muy disparatadas que les parezcan a algunos. Cualquier cosa antes de permanecer rehenes del chantaje de Rajoy y su entrañable familia. Visto lo visto, nada debería darnos más miedo (ni más vergüenza) que seguir siendo gobernados por ellos. ¿Asustarnos con el caos? Millones de españolas y españoles convivimos con él fruto de las políticas anti-sociales de este gobierno. El mismo que ha sido protagonista de innumerables escándalos de corrupción. Y pese a ello, el partido popular ha vuelto a ser la fuerza política más votada. ¿Mariano o el caos?. No se a ustedes pero,  el caos, a mí me da la risa.

 

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LA TUMBA

8 Mar

Ana Cuevas

Ana Cuevas Pascual

En el último programa de Salvados, Jordi Évole  ha traído a la desmemoriada memoria de nuestro pasado reciente otro capítulo oscuro y despreciable. Se trata de los esclavos del franquismo, presos políticos de la dictadura obligados a trabajar en la reconstrucción del país tras la contienda civil en condiciones infrahumanas. Gran parte de la audiencia, sobre todo los más jóvenes, ignoraban esos hechos. No es de extrañar. La denominada “reconciliación nacional” se cimentó sobre el silencio y la ignorancia. Sobre un olvido premeditado que abandonó miles de cadáveres en fosas improvisadas e hizo desaparecer páginas de la historia manchadas con la sangre de nuestros conciudadanos. El relato del hambre, de las torturas, de las ejecuciones y los trabajos forzados se barrió bajo la alfombra con la excusa de no reabrir las heridas. Ni siquiera la llegada de la democracia pudo desamordazar la sórdida realidad que padecieron muchos hombres y mujeres sometidos a toda clase de abusos y vejaciones.

Los esclavos del franquismo fueron víctimas de la venganza de los golpistas pero, sobre todo, contribuyeron al enriquecimiento de algunas corporaciones y empresas afines al régimen fascista. Empresas que, hoy en día, continúan siendo punteras en el estado español.

Hablamos de Dragados y Construcciones, Entrecanales y Távora (actualmente conocida como Acciona), Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), RENFE o Huarte (OHL), cuyos dirigentes no reconocieron, ni reconocen, la explotación. Compañías públicas y privadas que en la actualidad cotizan en el IBEX 35 y se invisten de legitimidad moral para interferir en la política contemporánea. Amén de seguir consiguiendo contratos públicos y adjudicaciones gracias a sus alianzas con algunos círculos del poder.

Es cierto que en Alemania ocurrió algo parecido tras la segunda guerra mundial. Pero, a diferencia de aquí, las empresas implicadas pagaron por estos actos. La mitad de las indemnizaciones fueron a su cargo y la otra mitad a cuenta del estado.

El Valle de los Caídos fue construido con la sangre de estos trabajadores forzados y todavía hoy, para vergüenza nacional, alberga el mausoleo de celebres fascistas como Primo de Rivera y el propio Franco. También los pantanos que inauguraba el “chaparrito” como símbolo de prosperidad y modernidad fueron edificados con la explotación forzosa de presos republicanos. El testimonio del historiador Antonio Martínez revela como la construcción de uno de estos pantanos fue denominado “La Tumba” porque el cemento acabó siendo la sepultura de los esclavos que morían gracias a las condiciones penosas en que debían realizar sus labores. Otro aspecto deleznable era el de la corrupción de los mandos responsables de estos presos que escatimaban en su alimentación y se quedaban con sus paupérrimos salarios sin ningún escrúpulo.

La dictadura franquista “alquilaba” a empresas privadas a los trabajadores forzosos. Un negocio redondo que explica el enriquecimiento acelerado que algunas, hoy respetables compañías, experimentaron entre los años 1936 y 1957. En “Franquismo y trabajo esclavo, una deuda pendiente” el investigador José Luis Martínez Molina expone una relación de más de 90 empresas que se beneficiaron de este convenio con el régimen. Una treintena corresponden a organismos oficiales, once a la Iglesia Católica, ocho al Ministerio del Ejército y el resto a compañías privadas.

Ahora que los casos de corrupción son el pan nuestro diario de la actualidad política quizás deberíamos poner la lupa en las grandes empresas que han seguido manteniendo alianzas lucrativas con las esferas del poder. Son los mismos perros, con collares similares, que se lucran del dinero público y que, a través de las organizaciones patronales, propugnan un nuevo modelo de esclavitud para las trabajadoras y trabajadores españoles. La CEOE afirma que es necesario contener las subidas salariales para poder crear empleo. Como su otrora líder ideológico Gerardo Díaz Ferrán, hoy encarcelado por sus múltiples chanchullos, sueñan con una clase trabajadora que reciba el salario del hambre mientras ellos se reparten los dividendos que genera la explotación laboral.

En esa nueva tumba, que se denominó Reforma Laboral, alentada primero por el PSOE y luego por el PP, quieren encementar los derechos que durante décadas fuimos arrancando a fuerza de sangre, sudor y lágrimas. El pacto entre PSOE y Ciudadanos, que se regocija en llamarse progresista y reformista, no tiene intención de levantar esa fosa en la que permanecemos enterrados. La Reforma Laboral no se derogará. Basta con unos meros retoques estéticos que no modifiquen el trasfondo. Así los gerifaltes podrán continuar amasando fortunas multimillonarias mientras la pobreza y la inestabilidad avanza entre los currantes españoles, Sin reparación ni memoria estamos condenados a sus modernos grilletes. ¡Ave IBEX 35, vuestros nuevos esclavos os saludan! Algunos incluso, os apoyan depositando su voto en vuestros aliados. Quizás ignoren que están cavando su propia tumba por un módico precio que satisfaga la voracidad de los mercados.

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MATAR A UN RUISEÑOR

29 Feb

Ana Cuevas

Ana Cuevas Pascual

Ana Cuevas Pascual

Soraya era una joven de 37 años, trabajadora y madre de un niño pequeño, dueña de una sonrisa que irradiaba luz a su alrededor. Como casi todo el mundo, Soraya buscaba amar y ser amada. Pero se topó con un psicópata que confundía el amor con la posesión y el sometimiento. Le bastaron unas pocas semanas para detectar en él comportamientos alarmantes y decidió romper la relación. Es lo que todo el mundo nos dice que debemos hacer cuando nuestra pareja desarrolla unas características similares. Y ella lo hizo. La reacción del individuo fue una explosión de ira y frustración que le condujo a mantener a Soraya y a su hijo secuestrados a punta de pistola durante seis angustiosas horas. “Voy a mandar a tu madre a un sitio del que jamás podrá regresar”-  Sentenció el agresor dirigiéndose al niño de seis años. Nos dicen que debemos denunciar hechos parecidos y pedir protección. Y ella lo hizo. Unos días más tarde Soraya fue asesinada a tiros en su puesto de trabajo.

El crimen del que fue víctima es la crónica de una muerte anunciada. Su ejecutor había manifestado con hechos y palabras su firme intención de enviarla a un viaje eterno del que no podría regresar. Soraya hizo todo lo que los manuales recomiendan en estos casos pero nadie la estaba protegiendo cuando ocurrieron estos hechos. La policía había interpretado que el riesgo era mínimo y que bastaba con una orden de alejamiento. Una orden cuyo cumplimiento no iba a ser vigilado por nadie en absoluto.

El sindicato unificado de policía denuncia que la unidad de prevención y protección a las víctimas de la violencia machista ha perdido nueve de los diecisiete agentes que la integraban en Zaragoza. Al parecer, pese a las vergonzosas cifras de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex-parejas, algún gerifalte entendía que dedicar fondos y efectivos a este asunto era tirar el dinero. Y decidió recortar sin considerar que, al hacerlo, estaba recortando las posibilidades de supervivencia de Soraya y de otras mujeres que se hayan en la misma situación.

El delegado del gobierno en Aragón, el “señor” Gustavo Alcalde, hizo unas sorprendentes declaraciones culpabilizando a la víctima. En su opinión, era la propia Soraya quien debía haber avisado de que existía un riesgo real de que el malnacido homicida pudiera viajar 400 kilómetros para cumplir con su profecía.  Con un doble salto mortal y pirueta moral, la carga de la culpa recayó sobre Soraya por no prever su propio asesinato. Gustavo Alcalde (que cuenta con escolta personal y pone querellas criminales y órdenes de alejamiento a un profesor paralítico que reclama pacíficamente el fin de la ley mordaza porque se siente amenazado por el filo de sus cartulinas) dice que se interpretaron mal sus palabras. Sin embargo, no da lugar a ninguna mala interpretación por el desafortunado comentario de una diputada de Podemos que utilizó, con poco tino, una comparativa con el asesinato de Miguel Ángel Blanco. “Podemos no tiene pudor en pactar con quienes asesinaron a Miguel Ángel Blanco”– ha manifestado el delegado para zanjar el asunto. De nada sirvieron las disculpas de la diputada ni que asegurara haber condenado en su momento el asesinato del joven concejal. El ventilador de la mierda se había puesto en marcha frente a las peticiones de dimisión que todos los grupos parlamentarios aragoneses, excepto PP y PAR, estaban reclamando. Por cierto don Gustavo: ¿No son los mismos asesinos a los que su, otrora líder ideológico señor Aznar, definió como gudaris del Movimiento Vasco de Liberación y con los que reconoció haber negociado? ¡Ah pero la diferencia está en que Aznar no era de Podemos!. Para ser tan buen cristiano se ha olvidado del capítulo del evangelio que habla de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.

Al final, pese al ruido de sables y los lapsus lingüísticos, la realidad es que Soraya ha sido asesinada y podría haberse evitado. Como en el viejo refrán: Entre todos la mataron y ella solita murió. Soraya, igual que los ruiseñores, no tuvo mayor pecado que derramar su corazón. Un cazador sin escrúpulos decidió que era mejor derramar su sangre. Una sangre que mancha de responsabilidad a alguien más que a su asesino material. ¿Cómo explicárselo a su hijo, a su familia?¿Cómo decirles que su sangre no la redime de la culpa?

Señor delegado, no existe mayor pecado que matar a un ruiseñor. Pero no tratar de impedir su muerte también es una falta grave. No se si a usted le bastará con la confesión. Pero los que no somos tan creyentes preferimos su dimisión porque nos importa más la seguridad de las mujeres amenazadas que la salvación de su alma inmortal. Sinceramente.

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