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La perversión de las palabras en el mobbing

19 May

Por Delia Gi. Médico y autora de una serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

No todo el mundo tiene conciencia de lo importantes que son las palabras en nuestro estado de ánimo. Pero las palabras, y el tono con que se dicen, nos pueden herir en lo más íntimo, nos pueden enfermar y hasta matar.

Con ellas nos podemos morir sin que nos toquen ni un pelo y eso lo saben muy bien, y a fe de Dios que lo aprovechan inmensamente, los que nos hacen mobbing.

Con las palabras, los perversos acosadores insinúan, mienten, hacen alusiones malintencionadas, engañan, nos humillan y nos amenazan.

Así entiende Benito Taibo la importancia de las palabras: “La gente le tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie parra siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero,,,Lo importante es como se usan y qué se quiere decir cuando se usan.”

Según Séneca: “Feas palabras, aún livianamente dichas ofenden”.

Y según George Steiner: “Palabras que son saturadas con mentiras o atrocidades no se recuperan fácilmente”.

Gran razón tiene Steiner, yo llevo ya trece años sufriendo el dolor de las palabras y todavía no me he podido recuperar. Aún sigo sufriendo sus consecuencias.

Palabras que se han ido pasando de los perversos Jefe y Director a todos los Jefazos del Salud y de aquí al Sistema Judicial.

Palabras escritas con la única intención de hacerme el mayor daño posible.

En el mobbing las palabras tienen un uso perverso y sirven como arma arrojadiza contra el cabeza de turco que se quiere eliminar; son un arma de destrucción psicológica.

Como dice M:F: Irigoyen: “Efectivamente, por medio de palabras aparentemente anodinas, de alusiones, de insinuaciones o de cosas que no se dicen, es posible desestabilizar a alguien, o incluso destruirlo, sin que su círculo de allegados llegue a intervenir. Él o los agresores pueden así engrandecerse a costa de rebajar a los demás, y evitar cualquier conflicto interior o cualquier estado de ánimo al descargar sobre el otro la responsabilidad de lo que no funciona: ¡No soy yo, sino el otro, el responsable del problema!”

Mediante las palabras el Jefe y mis pseudo-compañeros me han atacado sin piedad, una y otra vez, clavándome muchas puñaladas traperas por la espalda.

Si bien al principio del mobbing el Jefe me atacaba directamente a la cara, o más frecuentemente por teléfono, y a grito pelado, acusándome de no querer acabar mi trabajo cuando en realidad era él quien me lo estaba boicoteando, pasó más tarde a imponerme el vacío y la ley del silencio. Nadie podía hablar conmigo y dieron paso a las puñaladas traperas escritas, sin que yo tuviera constancia de ellas hasta que me abrieron los expedientes.

El Jefe dejó de hablar conmigo directamente y pasó a las acusaciones y denuncias por escrito a Dirección; era el mejor camino para preparar mis dos expedientes disciplinarios.

Y es que el perverso acosador conoce muy bien que las palabras tienen mucho poder y sabe manejarlas para satisfacer su ego y su ambición.

PARA MATARTE NO HACE FALTA PEGARTE

12 May

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia Gil

Así es, para martirizar a una persona no hace falta ni tocarla un pelo; aunque la realidad es, que quien comienza un acoso continuado con éxito, se acaba animando y en algún momento incluye el ataque físico.

Según M. F. Irigoyen, una doctora en la materia: “Mediante un proceso de acoso moral, o de maltrato psicológico, un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. El ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero asesinato psíquico”.

Yo añado que también puede conducir al asesinato físico y todo sin tocar a la persona ni lo más mínimo. Por acoso psicológico persistente, se han dado casos de suicidio, de infarto o de cáncer.

Por ejemplo en mi caso: yo tenía casi una hora de camino de mi casa al hospital y en ese tiempo, por agotamiento y falta de concentración, me podía haber ido directa al otro barrio.

Cuando se trabaja con alta tensión la persona está en todo momento en estado de alerta, concentrada cada minuto en lo que hace y preocupada constantemente de no cometer ni un solo fallo y eso es agotador. La persona consume todas sus energías.

Cuando salía del hospital me liberaba, pero estaba tan cansada, tan extremadamente agotada, que el camino de vuelta a casa era puramente automático. Tan automático que en muchos momentos me dormía. Era cuestión de unos segundos, pero ya sabemos que en la conducción los segundos cuentan.

Además, con el estrés, llegué a perder mucha capacidad de concentración, hasta tal punto que por eso me dieron la baja durante casi un año.

Llegué a tener pánico de coger el coche. La doctora se resistía a darme la baja, estaba empeñada en que yo aguantara, pues pensaba que los de Salud Laboral acabarían solucionando el problema, hasta que vio que yo había llegado al límite.

En ese momento yo ya no veía ni lo que tenía delante de mis narices: en un par de ocasiones casi choco con otro coche. Entraba en las rotondas sin darme cuenta si había o no algún otro coche que tuviera preferencia. Literalmente, es que no veía un auto a más de dos palmos. Mi doctora acabó por darme la baja porque como dijo ella: “Esa gente te va a matar”.

Otra cosa es el estado de la cabeza, se te vuelve del revés, todo por culpa del martirio al que te someten. Llega un momento que ante tanta impotencia, por quitarte el sufrimiento de encima, te sientes que has caído en un pozo o en un agujero negro; quieres salir de él pero no puedes. La impotencia te lleva a la angustia y a la depresión y cada vez te vas hundiendo más en el agujero negro. Tienes la sensación de que no vas a salir nunca de allí.

Entonces, cuando estaba en la carretera de vuelta a casa, pensaba: ¡Qué fácil sería acabar con el martirio!, un giro muy rápido de volante y…¡Adiós a todo! ¡A descansar en paz en el otro mundo!

Pero, la cuestión es que tengo dos hijos que en mis peores momentos eran adolescentes y mi instinto materno me impedía abandonarlos en este mundo. Tenía que seguir al pie del cañón; no tenía más remedio que continuar.

Por cierto, el perverso del Jefe se cabreaba cada vez que me daban la baja. Le sentaba tan mal que decía a todo quisque que mi doctora me regalaba las bajas.

Hasta tal punto llegó su perversidad que envió varias notas a Dirección comunicándoles mi ausencia en el trabajo, dando la casualidad que, en todos los días que denunció, yo estaba de baja por enfermedad; porque he tenido muchas a lo largo del camino.

Y su malicia se juntó con la de otro ser grandemente perverso, el Director, y éste aprovechó esas notas falsas de ausencia para incluirlas en mi primer expediente.

Y la malicia del Director se juntó con la perversidad de los jueces aragoneses, muy machistas ellos, que no se dignaron ni a mirar las alegaciones que mi abogado presentó porque tenían claro que la mala era yo. Es decir, pasaron olímpicamente de mi presunción de inocencia. Habían decidido desde un principio que yo, como mujer, era la culpable de todos los problemas del Servicio donde trabajaba.

Y así es como la violencia machista se perpetúa gracias a los jueces.

Este es mi caso, pero os aseguro que hay muchísimos parecidos, tanto de mujeres como de hombres.

Repito: ¡QUE SE VAYA, SR. Celaya!

28 Abr

Delia Gil

Delia Gil

¿Cómo puede dirigir un ser tan amoral, que no persona porque carece de alma y de razonamiento moral, un asunto tan delicado como es la Sanidad pública? ¿Cómo puede un idiota moral, que sólo quiere destruir la sanidad que pagan los ciudadanos, estar al frente de lo que se quiere cargar? Porque es evidente que para eso quiere el cargo de Consejero, para acabar de destrozar la sanidad pública del todo; acabar lo que empezó la Consejera Noeno.

¿Cómo es posible eso? ¿Por qué no se moviliza la gente?… Pues supongo que porque estamos idiotizados. Los políticos psicópatas nos han vendado los ojos. Lo consideramos todo normal y pensamos que no hay nada que hacer. ¿Pero cómo no va a haber nada que hacer si es bien sabido que la unión hace la fuerza?

Está claro que, desde que pasó a hacerse cargo del Sistema Sanitario de Aragón el equipo de la Noeno, la sanidad pública ha ido de mal en peor. Celaya formaba parte de su equipo y además es tan diabólico como ella.

Como la Noeno, Celaya es un ser innoble que carece de alma, que no piensa ni razona, que no tiene empatía, y que no siente ni padece por los demás. ¿Cómo se puede permitir que un ser mezquino como éste dirija un sistema que necesita mucha humanidad y empatía? Para sanar a la gente es más importante la compresión y solicitud hacia la persona que todas las máquinas que orgullosamente se puedan aparcar en los hospitales.

No es cierto que los médicos sanen a la gente, sino que son las propias personas las que se curan; son nuestros cuerpos quienes ponen en marcha los mecanismos de curación propios, eso sí con la ayuda de los médicos que encaminan a las personas en el proceso de curación. Pero no sólo los médicos intervienen en la curación, hay un equipo muy amplio que tiene que funcionar muy bien y que va desde los servicios de diagnóstico hasta el personal de enfermería, que es el que tiene el contacto más directo y continuo con el enfermo.

Todo este engranaje es el que ha de funcionar muy bien y es el que se ha encargado de distorsionar Celaya. Todo por su propio egoísmo y el de su banda.

Todo por enviar al garete la sanidad pública, enriquecer a sus amigos y financiar la sanidad privada con las arcas públicas.

Se necesita mucha empatía y mucha dedicación a los enfermos para que éstos se curen y para ello, nosotros, los trabajadores, necesitamos hacer nuestra labor en paz y tranquilidad. Cualquier maltrato repercute al final en los pacientes.

Es necesario un buen trabajo en equipo y bien organizado, algo que Celaya ha logrado destruir. Ha llenado el Salud de jefes inútiles y ha sembrado el caos.

Desde el mismo momento en que Aldámiz empezó las negociaciones, para dar paso al CASAR, el hospital de la ciudad del Opus empezó a ir mal. Y también, a partir de entonces, todo el Salud ha ido de mal en peor.

Por cierto, Celaya se trajo de vuelta a su amigo Aldámiz, premiándolo con la Gerencia del área I y II de Zaragoza y es que necesitaba a un inútil como él para ayudarle a cumplir su objetivo.

Siguiendo la linea socialista, el anterior Consejero, el pepero Oliván, continuó creando el caos y aportó algo nuevo: jubiló a los médicos mayores de 65 años.

Esto que a primera vista no parece lógico, pues a los trabajadores no sanitarios se les ha alargado la jubilación hasta los 67 años, sólo tiene una perversa motivación: eliminar cualquier referente ético y moral, para hacer lo que a ellos les da la real gana. Y por el mismo motivo echan de su puesto de trabajo, y lo condenan al paro, a cualquier trabajador sanitario que sea crítico con el sistema.

Y Celaya sigue, y sigue, haciendo de las suyas: poniendo inútiles jefes a dedo, manteniendo jefes/as acosadores que perturban el sistema y derivando pacientes a costa de las arcas públicas, mientras mantiene deficitario el personal del Salud y alarga las listas de espera.

¿Hasta cuando? Pues hasta que le demos la gran patada en el trasero y consigamos que se vaya.

¡Qué se vaya Sr. Celaya!

Todo atado y bien atado por Celaya

31 Mar

Por Delia Gil

Delia GilEstá claro que en el año 2000 no se acabó el mundo, pero sí que algo tocó el cerebro de los políticos, algo que les hizo aumentar su codicia, su deseo de poder, su corrupción, su violencia y sus ansias de acoso y derribo de la gente; en definitiva se convirtieron en seres muy, pero que muy desalmados. Y no sólo tocó a los políticos, sino también a los sindicatos y a cualquiera que tuviera un puesto de poder por pequeño que fuera.

Fue poco después del cambio de siglo que los socialistas, con la Noeno al frente, empezaron a desgraciar la sanidad pública de Aragón. De eso hace, ahora ya, unos cuantos años y cada año que iba pasando la situación iba empeorando, hasta llegar al caos total que tenemos ahora.

Estaban decididos, los socialistas de Aragón, a desmantelar la sanidad pública e ir preparando el cambio a la sanidad privada y de paso obtener, ellos, pingües beneficios.

Estaban resueltos a convertir la enfermedad de la gente en el negocio más lucrativo del siglo XXI y que toda la riqueza fuera a parar a sus bolsillos y al de sus amigos.

Fue el Sr. Aldámiz, Gerente del hospital de la ciudad del Opus, el encargado de los prolegómenos de la formación del Consorcio Aragonés de Salud.

Fue Aldámiz quien habló con el alcalde de Fraga para hacerle partícipe del negocio. Ahí comenzó todo.

Y desde entonces los socialistas han trabajado, sin pausa ni compasión, para convertir nuestro derecho constitucional a la salud en un gran negocio para ellos. Siendo la mayor perversión del sistema, la transferencia constante de dinero público a centros privados que hacen negocio con la salud. Enriqueciéndose, estos centros, gracias a la derivación financiada con los presupuestos públicos. Es decir nos roban para enriquecerse ellos.

El primer Gerente del Consorcio fue, precisamente, Celaya. Allí lo envió la Noeno, después del desastre que montó con la epidemia de legionela del Clínico. Así que fue él quien montó los cimientos del CASAR.

Allí siguió con sus técnicas tiránicas para beneficio suyo y de sus amigos. Nadie sabe todos los chanchullos que allí montó, porque no quiere que salgan a la luz.

Pero lo que sí sabemos es el caos que organizó en el CASAR con su gestión del personal y del presupuesto. Celaya es un inútil, incapaz de dirigir bien nada, pero precisamente por eso le era tan útil a la Consejera.

No siguió ninguna ley, ni norma, para contratar al personal y así pudo meter a sus amigos, gente que era de su cuerda y que allí se instalaron para siempre. Aparte, para que le saliera todo redondo, acosó a gente que llevaba años trabajando en el lugar y que criticaban sus maneras, o simplemente que no eran de su cuerda.

De la parte económica poco sabemos, sólo que al final el CASAR tenía un agujero de unos veinte millones de euros aproximadamente. Pero del negocio que tenían montado y de quien se ha llevado el dinero, durante todo el tiempo que duró el consorcio, no sabemos nada de nada.

Y Celaya volvió, y volvió decidido a acabar de rematar la faena que él empezó: la de llenar su bolsillo y el de sus amigos. Y volvió a instalar a sus amigos, entre ellos a Aldámiz, en puestos de gran categoría, para que le ayudaran con la faena.

Han regresado, decididos a exprimir la vaca pública para alimentar la vaca privada. Decidido Celaya a seguir con el caos que él comenzó. Decidido a volver la Sanidad del revés.

Pero vivimos, en teoría, en una democracia y los ciudadanos son los que pagan. Y en una democracia el que paga tiene derecho a saber en qué se gasta su dinero.

Y por tanto los contribuyentes le decimos: ¡Explíquese Sr. Celaya! ¡Cuéntenos en qué se ha gastado el dinero de todos! ¿A quién le ha regalado nuestro dinero? ¿En qué condiciones han quedado los Centros del Casar? ¿Qué se hace en ellos?

Despeje nuestras incógnitas y si no: ¡Qué se vaya Sr. Celaya!

El machismo de Chanquete y los de su banda en Oregón (US)

24 Mar

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad

Delia Gil  El Mobbing, al igual que sus variantes de acoso como son el Bulling, la violencia de género y demás, es una cuestión de violencia machista pura y dura. Una violencia que siempre ha existido pero que ahora se ha convertido en una epidemia gracias a los políticos. Nunca como ahora, y desde hace ya bastantes años, habían sido los políticos tan violentos y tiranos con la población. Nos acosan por todos los lados, aunque muchas víctimas no se aperciban de ello. Sólo los que les lamen el culo, y se compinchan con ellos, salen bien parados.

Y antes de que los señores se me tiren al cuello, por no estar de acuerdo con ello, quiero haceros comprender que la violencia machista se aplica, y de hecho Chanquete lo ha hecho, igual a hombres como a mujeres.

Tan machista es el acoso que Chanquete ha practicado al hombre al que abrió dos expedientes, como el acoso que me hizo a mí su amigo el Director preventivista que me abrió también dos expedientes en el hospital de San José María Escrivá  en Oregón (US) .

Y no sólo practican la violencia machista los hombres sino también las mujeres, de hecho la NoNo es una gran experta en ello. La Noeno ha acosado a muchos hombres y a pocas mujeres, entre ellas yo. Pero la única razón, de que entre sus hazañas haya más hombres que mujeres, es porque hay más hombres en los puestos de relevancia.

O sea, tanto monta monta tanto, Chanquete como NoNo: los dos violentos y tal para cual.

Chanquete y los de su banda, se han ensañado con los que hemos denunciado las disfunciones, o el maltrato, del XALUD. Nos han atormentado y oprimido para hacernos callar, porque lo que no se denuncia no existe. Sus intenciones eran claras: torturarnos hasta la muerte, con la intención de que ésta fuera silenciosa. Torturarnos mental y físicamente para quitarnos de en medio y mejor por suicidio o infarto, que no dejan huellas de asesinato. Terror mental y psicológico diario, dejándonos totalmente impotentes e indefensos y encima acusándonos, a nosotros, como culpables de nuestro martirio.

Como muestra un pequeño botón de lo que he sufrido.

“Estaba yo desayunando, en mi momento de descanso y en la salita pequeña que teníamos para ese fin, cuando irrumpieron en ella furtiva y sigilosamente el Director, el Jefe de Personal y uno de mis pseudocompañeros. Estaba desayunando sola porque el Jefe había impuesto a todo el personal que me hicieran el vacío y no se acercaran a mí, ni hablaran conmigo. Entraron sigilosamente y sin que nadie los viera.

Acto seguido, el Jefe de Personal se puso delante de la puerta para que yo no pudiera salir de la salita. El Director se plantó delante de mí, y con una sonrisa sádica, empezó a decirme que el Jefe le había dicho que yo no quería trabajar y por ello me quitaba mis funciones. Lo repetía y lo repetía sin parar y sin que desapareciera la sonrisa sarcástica de su cara. Se veía que estaba disfrutando.

Lo repetía y lo repetía sin un momento de descaso. Yo intentaba decirle que era mentira lo que decía el Jefe, que yo trabajaba lo que él me había dicho que hiciera, pero en ningún momento quiso escucharme. Me dejó muy claro que me quitaba mis funciones y acto seguido, mi pseudocampañero dijo que ya se haría cargo él de ellas. Salieron tan sigilosamente como entraron y allí me dejaron temblando.

Al día siguiente el Jefe me dijo que ya no tenía ningún sentido que siguiera en mi puesto de trabajo y que me fuera para casa; algo que yo no hice.

Una de las cosas de las que posteriormente me acusaron, en mis expedientes, es de no ser productiva”

Curiosamente Celaya, que se apunta a un bombardero con tal de figurar, fue nombrado experto del Ministerio de igualdad; ya veis, él que es tan machista. Pero hay que reconocerle que equidad si que tiene: él imparte violencia a diestro y siniestro, igual le da un macho que una hembra.

Dice E. Punset, “experimentos efectuados en diversas universidades han puesto de manifiesto el impacto avasallador del desprecio hacia los demás. Para compensar en la persona el efecto negativo de un agravio, desmán, insulto o agresión verbal, se precisarán cinco iniciativas bienintencionadas. Lejos de que el agresor busque en el futuro la oportunidad para compensar el daño causado, se autoalimentan los niveles de violencia imperantes en las sociedades modernas”. Dice también que esto impide reducir adecuadamente los niveles de violencia.

Imagínese Sr. Chanquete cual puede ser el nivel de odio y violencia que usted está provocando en el XALUD.

Por eso ruego encarecidamente al Sr. Lambán que cese a Celaya, porque el XALUD no puede soportar más su nivel de desprecio hacia trabajadores y pacientes.

Ruego al Sr. Presidente: ¡CESE A CHNQUETE, para que se vaya!

Especialmente para Chanquete y sus amigos machistas, aquí dejo el enlace de un video francés sobre la violencia de género:

Ya me diréis que os parece, ¿creéis que puede hacer entender, a Chanquete y compañía, la vejación y sufrimiento que aguantan muchas mujeres?

NOTA DE LA REDACCIÓN: Este relato es pura ficción y cualuier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los hechos suceden en una organización sanitaria  de Portland (Oregón (US)

¡QUÉ SE VAYA, Sr. Celaya!

10 Mar

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia Gil

Si la moda del mobbing la comenzó Noeno, en su etapa de Consejera, Celaya siempre ha sido uno de sus ejecutores más fieles. Pero este hombre es de los que tiran la piedra y esconden la mano y por eso siempre ha salido bien parado.

¡Allá por donde vaya, arrasa el Sr. Celaya! Es como un ciclón, que consigue amargar la vida a trabajadores y pacientes y destrozar todo lo que toca a su paso. Actualmente se encuentra en plena faena de expoliar la sanidad pública de Aragón, cosa que logrará sino conseguimos retirarlo a tiempo.

Que Celaya es un trepa no cabe la menor duda, pues dejó pronto el trabajo de base para ir saltando de flor en flor: Subdirector del Área Quirúrgica del Clínico, Gerente del Royo Villanova, Gerente del Clínico, Gerente del Sector III, Gerente del CASAR y ahora Consejero. Su vida laboral no tiene desperdicio, se lo ha montado siempre bien para cobrar mucho y trabajar poco.

Como cualquier trepa, es una persona egoísta que no respeta a los demás. Sólo piensa en sí mismo y en conseguir lo que quiere a toda costa; caiga quien caiga.

La RAE define al trepa como arribista, es decir como una persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos. Son maestros en el arte de desenvolverse socialmente en su propio beneficio, dando patadas a diestro y siniestro. Tienen una falta absoluta de escrúpulos y de vergüenza y están fuertemente dotados para el oportunismo.

Quienes padecen de arribismo son personas egocéntricas, con muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás, y por tanto de los trabajadores y pacientes, ya que son narcisistas y por ello se focalizan siempre en sus propios intereses. Su máxima es seguir la norma social de que tener dinero, prestigio y poder es una forma de triunfar en la vida. Triunfar a toda costa, por encima de cualquier principio moral.

Los arribistas forman parte de un grupo de gente, en este caso los políticos, que se creen que todos es válido para ellos.

Una de sus mejores actuaciones la tuvo Celaya durante el brote de legionelosis del Clínico del 2004, estando él como Gerente. Ese brote afectó a 32 personas y causó la muerte a 7 y, según el Periódico de Aragón, el Salud tuvo que hacer frente a 9 demandas por vía administrativa y otras 2 por lo penal.

La causa del brote de infección se asoció al sistema de refrigeración del hospital Clínico, cuando expertos en mantenimiento de sistemas de refrigeración de alto riesgo revelaron fallos en la limpieza de las torres.

Pues bien, la actitud de Celaya fue siempre la de negar la evidencia, cuando él como máximo responsable tendría que haber sido la persona más interesada en saber la verdad para solucionar el problema rápidamente

Celaya y su banda siempre negaron que una negligencia causara la epidemia, incluso cuando un registro de mantenimiento demostró que un operario había advertido unos meses antes el penoso estado de algunos elementos de la instalación, habiendo piezas rotas, sucias y llenas de algas y calcificaciones.

Fue gracias a un médico del Clínico, que denunció públicamente el mal estado de la instalación, que al final Celaya decidió arreglarla; pero mucho tiempo después. Es decir que Celaya reaccionó mal y tarde, causando enfermedad a muchos pacientes y provocando la muerte de siete.

Pero eso no le preocupó en absoluto porque la gente le importa un comino, pero si que hubo una cosa que le llegó al alma: el odio que cogió al médico que denunció las irregularidades cometidas por él.

Y decidió destruir al doctor y aún más, destruir a su mujer también. Decidió que los dos irían en el paquete.

Al médico le abrió dos expedientes obligándole a enrollarse en un sinfín de juicios, ganando el doctor, por justicia, la mayoría de ellos. A la mujer la echó del hospital, llegando, con sus tentáculos, a intentar impedir que le dieran trabajo en cualquier otro lugar.

Y es que los tentáculos del mal, de Celaya, son muy alargados.

Es por eso y por muchas cosas más, y sobre todo porque está destrozando la sanidad pública, que Celaya se tiene que marchar. Y esta vez se lo pido con rima, para que le suene más bonito.

¡Qué se vaya Sr. Celaya!

Psicopatía a gogó en el mobbing

24 Feb

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Delia GilEs impresionante como crece el maltrato en todos los ámbitos de nuestra sociedad y en el Salud como el que más. La manera de tratarnos y de relacionarnos, unos con otros, es cada vez más agresiva y más impulsiva. Hemos dejado, a nivel global, de hacer uso del pensamiento, de reflexionar sobre lo que está bien o está mal y de escuchar nuestra conciencia. Demasiadas agresiones, demasiado acoso y, en general, demasiado ruido alrededor nuestro para pararnos a reflexionar; no tenemos tiempo ni ganas. Estamos idiotizados.

Nos hemos convertido en personas apáticas, que no piensan, meros zombis que se mueven impulsados por un resorte y hacen lo que tienen que hacer porque todos los demás lo hacen. Nos impulsa la sociedad idiotizada en la vivimos.

Pero en toda sociedad siempre hay quien obtiene grandes beneficios, siempre hay idiotas que destacan y sobresalen precisamente por su idiotez, que utilizan para aprovecharse de los que tienen alrededor y así encumbrarse hacia la gloria. Y esto lo saben hacer mejor que nadie los psicópatas.

Los psicópatas van en aumento. Son personas sin ética, ni empatía, que consiguen sus caprichos caiga quien caiga por el camino. Son gente tóxica y peligrosa, seres sin alma, que se abren camino a patadas.

Dicen los estudiosos de la psique, que los psicópatas suelen tener un marcado comportamiento antisocial, una empatía y remordimientos nulos y un carácter desinhibido; no van con ellos las reglas sociales. Conocen bien las normas, pero piensan, como dijo un alto comisionado español en Europa sin que a nadie se le erizaran los pelos, que las leyes están para violarlas como las mujeres. Eso sí, sólo las pueden violar ellos y en su propio beneficio. Si alguien que no sea de su cuerda comete un pequeño error, ellos se tiran encima cual hienas hambrientas.

El problema es que destilan una malevolencia casi invisible, que puede pasar desapercibida, sobre todo si son jefes, líderes o políticos. A éstos todo se les perdona y campan con total impunidad por doquier.

Veamos lo que dice Robert Hare, un gran experto americano en psicopatía, sobre ellos:

“los psicópatas no son sólo los fríos asesinos de las películas. Están en todas partes, viven entre nosotros y tienen formas mucho más sutiles de hacer daño que las meramente físicas. Los peores llevan ropa de marca y ocupan suntuosos despachos, en la política y las finanzas. La sociedad no les ve, o no quiere verlos y consiente”.

Los psicópatas están en todas partes. Los asociamos a los asesinos que nos han mostrado en las películas, o que vemos en los noticiarios de la tele, pero en realidad están mucho más extendidos en la sociedad. Pueden haber psicópatas en cualquier ámbito en el que nos movemos: en el trabajo, en la escuela, en la iglesia, en la Administración, en los hospitales y centros sanitarios, en las finanzas y en la política.

Los psicópatas son expertos en el engaño y la mentira y tienen como único fin traicionar y arruinar la vida a los que escogen como víctimas.

El problema es que a estos individuos no se les cala de entrada, no son antisociales a simple vista, sino que se caracterizan por adaptarse al medio y alterar su forma rápidamente, según su conveniencia.

Muchos estudiosos de la psique los comparan con reptiles, algunos con el camaleón, por su gran capacidad de cambiar de aspecto adaptándose al que le resulte más ventajoso.

El psicólogo Robert Hare compara con serpientes a los que están en puestos directivos y sobre ellos ha escrito un libro: “Serpientes vestidas con traje”. Estos tipejos mudan fácilmente de piel, según conveniencia, encantan y encandilan a los que son importantes para ellos y usan la violencia, psíquica predominantemente, para anular a sus víctimas. Además son trepas que reptan, sin cesar, hacia los puestos de mando. Adoran el poder y lo buscan a cualquier precio.

Como dice Hare: “es fácil encontrar psicópatas en puestos muy importantes de empresas, de la política o de la religión”.

Y como digo yo: “si dais con uno lo mejor es salir corriendo”.

Simbología de la serpiente: animal dotado de una especie de fuerza magnética.