Tag Archives: Antonio Tejedor Garcia

LA MENTE DE UN CORRUPTO

13 Dic

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Quien más, quien menos, en casa o con los amigos, se ha hecho las mismas preguntas: ¿Qué pasará por la cabeza de un corrupto antes y después de cometer su delito? ¿No se cansan de robar tanto? ¿Para qué quieren tanto dinero? No es fácil dar una respuesta, pues las motivaciones son diferentes, hay perfiles distintos en cada delincuente. Lo que no falta en ningún pensamiento es la asociación poder – corrupción. ¿Quiere eso decir que todos los poderosos sean corruptos? Yo no pongo manos en el fuego, que se pueden quemar. Existen escalas, grados: vienen a ser como los pecados del catecismo, los hay veniales y los hay mortales, los hay que no pasan de simple falta y los hay que condenan el alma. El que no paga el IVA del taller es un corrupto, pero no es comparable con los millones que cobraba Bárcenas, los de las tarjetas black, Pujol, los EREs de Andalucía o las mordidas a los partidos a cambio de leyes que favorezcan a determinadas empresas.

¿Qué hay en esa cabeza que sabe que va a cometer un delito y, sin embargo, lo comete? Según diferentes expertos en Psicología en sus mentes no hay más que la decisión de hacerlo, sin más. ¿Pensar en los ciudadanos, en quienes van a resultar perjudicados? Ni por asomo. ¿Problemas de conciencia? Ni sombra. Claro que para tomar esa decisión, el delincuente de cuello blanco ha de estar en el lugar adecuado –tener el poder, que comentaba más arriba-. A partir de ahí, influirá la el hecho de satisfacer unas necesidades (superfluas o no, no importa), el narcisismo propio de tantas de estas serpientes de traje (así los llama Robert Hare, el mejor experto mundial en psicopatías), la ambición de más poder, la codicia sin límites. Entiendo todo esto, pero hay una cuestión fundamental sin la cual la corrupción descendería a mínimos: la sensación de impunidad. Esa seguridad de que de su acción solo se desprenderán beneficios y que su conducta ni será puesta en cuestión por la sociedad ni mucho menos por la ley. Actúan sabiendo que el riesgo es mínimo. Solo tenemos que rescatar las hemerotecas y leer los nombres de políticos, empresarios, instituciones al más alto nivel, medios de comunicación, famosos del arte y el espectáculo, etc, etc.

Los fraudes a Hacienda de futbolistas conocidos apenas es comentada, cuando no justificada con la excusa de que las cuentas se las llevan otros y ellos solo firman, como la Infanta; o cantantes en las mismas circunstancias son jaleados como ídolos. O partidos o políticos corruptos y vueltos a votar por los ciudadanos sin asomo de crítica. Como si, además del delito, el dinero que defraudan no afectara a la ciudadanía, al propio votante o jaleador.

Estamos viendo lo que sucede con la ley y los poderosos. Algunos pagan el pato, ¡qué remedio!, pero los casos alargan la instrucción por falta de medios en los juzgados y de interés en los políticos y la sombra de la injusticia asoma por cada costura. Y la mayoría se irá de rositas.

Hay, además, otros aspectos interesantes que pueden anidar en la mente de un corrupto, según dicen los psiquiatras. Uno es el del morbo, la sensación de sentirse superior, de creer que engaña. Aunque yo no lo tengo tan claro que funcione así. Saben muy bien que no engañan, sino que son, simplemente, consentidos. Si la ley actuara con la suficiente firmeza, con la misma que actúa sobre el ciudadano normal, este morbo quedaría reducido a mero sueño. Y si recrimináramos su presencia por la calle, lo mismo.

Otro es el aspecto moral, el hecho de saber lo que está mal y, sin embargo, hacerlo. Los hay que la tienen un tanto laxa, en otros es más estricta. Hay mecanismos de autocontrol, hay miedo a las consecuencias; hay conciencias que sí muerden y remuerden. Hay quien justifica cualquier delito e incluso lo ve como muestra de su superior inteligencia. Hay quien le gusta ser envidiado por esos actos (y hay quien le envidia).

Pero tanto estos aspectos como los anteriormente mencionados vienen al mismo sitio, a la casa de la impunidad. Una importante revista americana de neurociencia realizó un experimento en una subasta para ver hasta dónde llegaba el grado de corrupción y el resultado dejó claro que, cuando se sabían vigilados, su conducta cambiaba. Sin necesidad de experimentos, esto mismo sucede hoy en día en España: seguirá habiendo corrupción, pero en mucha menor medida, pues saben que la impunidad ha desaparecido. O casi.

La codicia es una característica humana muy cercana a una patología médica y nuestra cultura que encumbra el éxito sin mirar la forma de conseguirlo, la favorece. Toda nuestra sociedad gira en función del dinero, absolutamente todo se mide con ese único parámetro y mientras este concepto no cambie será imposible erradicar la corrupción.

Correo electrónico: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com
Anuncios

Montoro, alcalde de Madrid

28 Nov

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

 El Ayuntamiento de Madrid reduce su deuda en 2.000 millones de euros”.

La noticia pilló por sorpresa a media España (la otra media estaba durmiendo o en quehaceres distintos a escuchar al ministro). Abc, El Mundo, El País y TVE no, su imparcialidad se mide con distintos parámetros, pero algunos medios habían llevado a sus primeras páginas algo insólito en nuestro suelo patrio durante los últimos años: varios ayuntamientos, entre ellos el de Madrid con la señora Carmena a la cabeza, habían reducido la deuda y además –como quien clava la uña y la gira con saña para que produzca más dolor- tienen superávit. Incluso uno de ellos, el de Zamora, con alcalde de IU, declaró en marzo que la había eliminado por completo. ¿No te habías enterado? Ese día no leerías los titulares de El País y compañía, una lástima. En solo dos años han demostrado al PP que hay alternativas a sus políticas de austeridad, que la gestión de Botella y Gallardón en Madrid fue nefasta y que de los casi 6000 millones que habían dejado de deuda, unos 2.000 ya han sido amortizados. Y 1.000 más de superávit. Una bofeteada de tal magnitud a quienes se han considerado ñíderes de la gestión económica que no podía soportar el PP y menos aún el sr. Montoro, que pretende dar lecciones cada día en este tema. Por cierto, ¿de dónde sacan estos señores la aureola de buenos gestores con la corrupción que les gangrena? Con tanta evasión fiscal es difícil que le salgan las cuentas.

No me queda otro remedio que formular un par de preguntas: Se ha vuelto loco el Sr. Montoro? ¿Es tanta la inquina (por decirlo con suavidad) que tiene a estos ayuntamientos que ante su triunfo económico haya optado por la intervención en contra de toda lógica?

Yo contestaría NO a ambas preguntas, ni la locura ni la animadversión han llevado a Montoro a la intervención de las cuentas del ayuntamiento de Madrid. ¿Qué ha pasado, pues? Algo muy sencillo: como las cuentas que él, como Ministro de Hacienda, ha de presentar a Bruselas no son todo lo bonitas que le gustaría y de esa manera demostrar sus méritos, se apropia de los éxitos ajenos –en este caso de los del ayuntamiento de Madrid- para que le cuadren los números ante la Comisión Europea. Allí no miran de qué partidas proceden los déficits o los superávits, si del gobierno central, de las autonomías o de los ayuntamientos. Y el superávit del ayuntamiento de Madrid es bastante grande y le viene de maravilla a Montoro para maquillar sus cuentas, pues necesita 7.000 millones como sea. ¿Va a dejar pasar ese tren?

¿En qué se basa Montoro para intervenir el ayuntamiento sin el 155 de Cataluña? La disculpa es que gastan demasiado. El tope lo pone el propio ministerio y lo saca de aquel artículo 135 que pactaron PP y PSOE y cuyo fin es priorizar el pago de la deuda frente a cualquier otro tipo de gasto público. La primera que cobra, la banca. Neoliberalismo en estado puro. Dicho de otro modo: el ayuntamiento de Madrid no podrá invertir en políticas sociales su buena gestión económica; no podrá intentar una mejora en el bienestar de los ciudadanos. Eso que algunos llaman populismo –el poner la economía al servicio de la gente- prohibido. Los neoliberales –y Montoro es uno de sus adalides- no pueden permitir que el ejemplo de Carmena y demás neófitos triunfe, que todos lo sepan y caigan en la tentación de la mímesis. Su modelo de gestión pública choca frontalmente con el preconizado por el PP: las obras no sufren sobrecostes de mil millones, no se despilfarra en gastos inútiles, no se paga por trabajos no realizados ni se toman a relaxing cup of coffee en la plaza Mayor. Además, ninguno de sus concejales ha sido imputado por el juez ni acusado de quedarse con dinero. ¿Qué hay otros muchos ayuntamientos, comunidades autónomas y el propio estado que inculpen el techo de gasto? Da igual, en los demás no se interviene. Además, que hayan puesto de interventor al antiguo alcalde de Jaén, que dejó su ayuntamiento en quiebra, suena a sarcasmo. Y una pregunta: ¿hubiera intervenido Montoro a la Sra. Botella de regir ahora los destinos del ayuntamiento de Madrid? ¿O hubiera sido felicitada por su gestión?

Que alguien me explique por qué se castiga una gestión buena, transparente y que beneficia a la ciudadanía.

 

LA PRIMERA HERENCIA DE LA CRISIS

21 Nov

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

La crisis independentista ha dejado a la vista unos costurones de los que no podemos sentirnos orgullosos. Carencias nada agradables en una ciudadanía que se las da de educada, de cortés, de respetuosa, de civilizada. Ha descubierto una serie de sentimientos que nos desnudan como seres humanos y habitantes de una cultura milenaria. Siglos, también, de una religión que pregona perdón y solidaridad, pero que a la hora de la verdad tampoco ha servido de lenitivo para un comportamiento bochornoso y barriobajero.

Hay un aforismo que dice que la fama no crea idiotas, sino que los descubre. Si lo parafraseamos, podríamos decir que eso mismo ha hecho la crisis: no ha creado la manipulación, la mentira y el odio, pero ha puesto al descubierto estos elementos que no deberían formar parte de nuestro ideario como seres humanos. Todas estas glorias anidan en unos ciudadanos que presumían –si no de hermandad-, al menos de buen rollo más allá de algunas pullas medio en serio, medio en broma; rivalidades incruentas entre ciudades, toques de enemigos amables, tipo culés y merengues que pueden discutir con ferocidad por un fuera de juego para acabar bebiendo una botella en la barra del bar. Pero, no, señores, esta crisis ha desnudado al personal. Como en los ríos traicioneros, las aguas bajaban mansas, pero los peces reñían abajo. Las banderas han sido una barrera de humo tras la que guarecerse cada bando: un intento baldío, porque de tanto airearlas despejaban la humareda y mostraban unas vergüenzas que pocos sospechaban. Desde los insultos y amenazas de unos hasta el vergonzante “a por ellos” de otros. Sin generalizar, que eso sería el principio del mentir. Grupos. Numerosos, por desgracia.

La manipulación informativa de prensa y televisión –da igual la TV3 que la TVE1- ha sido miserable. Indigna de un país que se llama democrático. La guerra sucia entre partidos merece calificativos para sonrojar al sol. Esto, entre dirigentes, lo suponía; pelean cada voto como hienas: les va el sueldo en ello (o que no les justifica en absoluto). Lo que no imaginaba entre ciudadanos es la ferocidad de los ataques de unos contra otros y otros contra unos. Lo que no imaginaba y aún ahora me parece irreal es el odio que los seres humanos –por llamarnos de alguna manera- albergamos en nuestro interior. Mi optimismo irredento decía que entre catalanes y españoles –así, en general- había una cierta dosis de inquina, que el “España nos roba” no pasaba de ser un eslogan publicitario o que el tópico de que los catalanes son muy suyos, se las dan de superiores y no dejan ocasión de pasarlo por los morros ese reducía a eso, a tópico. Grupos, repito. Porque catalanes y españoles los hay de todos los colores, sabores y bolsillos. E inteligencias.

De estas inquinas a lo que he tenido que oír de un lado y de otro hay un abismo. Por fortuna, el odio no lleva pistola adosada; de lo contrario, la cifra de muertos se contaría por miles. ¡Qué triste! ¡Y qué idiota! ¿Cómo se puede odiar a quien no se conoce? ¿Cómo se puede desear lo peor (y en esa palabra incluyan lo que quieran, que ya se ha dicho) a un ser humano por el simple hecho de que la cuna del nacimiento estuviera situada en Cataluña o en otra parte de España? ¿Cuándo vamos los ciudadanos -da igual el color- a mirar a los políticos desde una cierta distancia, cuándo vamos a decirles que no jueguen con nosotros y que se dediquen a gestionar nuestra convivencia y no a enfrentarnos unos contra otros? ¿Cuándo vamos a escuchar de sus labios que las diferencias de opinión son válidas y que hay que respetarlas, que en eso consiste la democracia? Y ponerlo en práctica, empezando por ellos. Que debatan, que defiendan la propia posición con argumentos, con informaciones veraces y no torticeras, sin insultos ni desprecios. Que la democracia no es una palabra cualquiera y que tiene el valor de la práctica diaria, no de la retórica barata.

¿Cuándo?

El error de los independentistas

9 Nov

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Correo del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Es de suponer que cuando una formación política no consigue sus objetivos por los medios tradicionales de consenso o negociación busque caminos alternativos. Imagino que nunca se tienen atados todos los cabos ante la posibilidad de que los hechos no se produzcan como uno desea, y en tal caso tendrían que prever una salida diferente. Es, incluso, probable, que los sucesos se desaten de manera espontánea o como amenaza velada o globo sonda para ver cómo responde el otro. Y que continúen con una huída hacia adelante un tanto precipitada, un endurecimiento de sus posturas sin haber medido bien las consecuencias. La prudencia aconsejaría, en tales casos, no quitar la mano de la palanca de freno por lo que pudiera pasar.

Previo a todo esto, es lógico pensar que el partido de turno sabe o debiera de saber contra quién se juega los cuartos. Unos son más enemigos que otros. Y aquí –creo- comenzaron las equivocaciones de Mas y su gobierno. Pedían dinero, como siempre, amparados en el eslogan publicitario de “España nos roba” que enarboló un gran –presunto- ladrón. Querían el mismo trato fiscal que vascos y navarros con sus fueros ancestrales. Forzaron la situación, pues pensaban que seguían siendo tan necesarios como para hacer que el nuevo presidente también hablara catalán en la intimidad. Y no se dieron cuenta de que Rajoy, en la intimidad, no pasa de leer el Marca y ver los partidos del Madrid.

Fueron y son necesarios, pero no para lo que suponían. El PP había ido perdiendo fuelle y votos tras la derrota de ETA y necesitaba un nuevo enemigo con el que mantener la agitación a su puñado de extremistas. Es su medio natural, la bronca macarra de matones de barrio envueltos en una bandera que debería ser de todos, pero que defienden como suya en exclusiva. Nos la han expropiado. Una bandera capaz de esconder cualquier vergüenza, como todas las banderas. Incluso las cuentas en Suiza. La extrema derecha necesita siempre un enemigo que la haga sentirse viva y los independentistas se lo pusieron en bandeja de plata. ¿Qué mente parió la idea de que ante la huída hacia adelante el PP iba a aflojar? No solo eso, hurgaría en la herida dentro de lo posible y asimilable. Ambos partidos son de derechas, pero parecen no haberse hablado nunca si no era para ponerse de acuerdo en cómo sacar un 3% o cómo cobrar un sobrecoste en la obra pública sin que se note demasiado. Convergencia no conocía al PP por muy hermano que fuera, no estaba al tanto de la praxis de los matrimonios de conveniencia. ¿Les ha quedado claro que el PP solo negocia cuando está en desventaja? ¿Se han dado cuenta que tienen que echarles de comer a sus cachorros y que jamás se contentarán con vencer, que los aguiluchos han de devorar a sus víctimas? La victoria sin humillación no es victoria para el PP. Incluso los partidos amigos con los que ha pactado en las elecciones en cada región han acabado por desaparecer, se los ha fagocitado. Y eran amigos. El PP ignora que la grandeza también se muestra en la condescendencia; el PP necesita enemigos, no amigos. Poner en duda la sacrosanta unidad de la patria es ir directos al suicidio. ¿Se han dado cuenta de que dicha unidad está por encima de las ideologías, que a las manis de extrema derecha acudían también gente socialista e incluso alguno del PC? La gente de Podemos tampoco les ha apoyado. A los independistas les espera ahora la cárcel, que sus juicios no se van a retrasar una docena de años como los de la Gürtel. Me temo que a la gente de la calle le ha entrado el seny y han sabido antes que sus dirigentes que contra el PP y sus medios de prensa, televisión, policía y si llegara el caso, el ejército (¿Habéis leído el artículo del Jefe del estado Mayor?), no tienen ninguna posibilidad. La bandera lo envuelve todo. La vuestra también, que ya conocemos a Pujol, Millet, 3% y muchos más.

De todas maneras, ¿Me queréis decir para qué una nueva frontera? Y otra cosa, ni vosotros ni los de aquí me vais a privar de mis amigos catalanes o españoles. Jamás le pregunté a ninguno dónde estaba colocada la cuna el día que su madre lo trajo al mundo; ellos a mí, tampoco.

ADOCTRINAMIENTO

31 Oct

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Entendemos por adoctrinamiento el conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.

Hay que diferenciar con claridad entre adoctrinamiento y educación. El objetivo del adoctrinamiento es la de convertir al individuo en un ser obediente, que carezca de pensamiento crítico y siga al líder sin cuestionarse absolutamente nada de lo que haga o de lo que diga: fe ciega, obediencia total, actitud servil.

La educación, por el contrario, pretende que el sujeto sea un individuo autónomo, que tenga capacidad de pensamiento crítico, que establezca sus propios elementos de análisis y juicio y que decida por sí mismo: personalidad, capacidad de decisión.

Ahora me gustaría que cada uno de los que están leyendo este texto, pierda unos minutos, -no es necesario mucho tiempo- en pensar en los propios hechos y actitudes. Con independencia del color político de cada cual, que reflexione si todo lo que dicen los dirigentes de la formación que apoya va a misa o ante alguna de sus palabras o decisiones se detiene a meditar y tiene el valor de decir “no estoy de acuerdo”. Y obrar en consecuencia. ¿Alguien puede creer que todo, todo, todo lo que dice un líder es palabra de Dios? ¿No hay posibilidad de error? Sin embargo, los seguidores de cada formación política obran como si la palabra del líder fuera la palabra de Dios. Y no solo ellos: lo vemos igualmente en los comentaristas políticos de las ciento una cadenas que en cada programa repiten incansables las consignas recibidas. Digo que serán consignas y ¿bien pagadas?, porque lo que se oye al político de turno lo repiten como cacatúas. Jamás sale la menor crítica y si no queda más remedio –hay situaciones que no se sostienen- aparece el salvador “y tú más”.

Esto es adoctrinamiento. También se llama lavado de cerebro. Nadie, por supuesto, aceptará tal afirmación para su persona. Pero sería conveniente que cada cual hablara consigo mismo, que por un momento dejara de hacer caso al dirigente perfecto y sabelotodo y en vez de mirar hacia fuera, dirigiera sus ojos hacia adentro, a su interior.

Estos últimos días se habla mucho del adoctrinamiento en las escuelas de Cataluña. No dispongo de datos objetivos, pero si existe –aunque sean casos aislados- siempre lo atacaré. Lo curioso es que estas denuncias provengan de los sectores más arcaicos de la caverna mediática, los descendientes de aquellos que nos obligaron desde la más tierna infancia a estudiar su religión católica, a aprobar sus clases de Formación del Espíritu Nacional, a aprender sus manipulaciones históricas en torno a “Clavijos, Covadongas o Calatañazores”, por poner solo unos ejemplos y que justificaron con cuarenta años de dictadura un golpe de estado. Digo esto y con ello no quiero entrar en “y tú más” que comentaba antes; solo quiero recalcar su cinismo. No puedo disculpar el adoctrinamiento en ningún caso. Quiero ciudadanos libres, capaces de pensar por sí mismos. Quiero educación, información y veracidad, respeto a los demás y que cada cual decida.

De todas formas, habría que preguntar a algunos que entienden por adoctrinamiento. ¿Dar tu opinión es adoctrinamiento? ¿El profesor que ante un determinado hecho social o político dice lo que él cree es adoctrinamiento? Otra cosa muy distinta es que no respete las demás opciones políticas o ideológicas, pero si las respeta está solo utilizando un derecho constitucional que es el derecho de opinión. Me temo que en este país nuestro hay demasiada gente que confunde la verdad con su verdad y no piensa ni acepta que los demás también tienen sus verdades. En este país, después de tantos años de democracia, aún no se hecho ningún esfuerzo en educar a la gente en valores democráticos, en respeto a los demás, en aceptación de las ideas ajenas, en que esta aceptación y este respeto son la única base real para poder convivir en paz. Sí, hubo un intento con la “Educación para la ciudadanía”, pero a determinados sectores no le gustaba que su objetivo fuera “La transmisión y puesta en práctica de valores que favorezcan la libertad personal, la responsabilidad, la ciudadanía democrática, la solidaridad, la tolerancia, la igualdad, el respeto y la justicia, así como que ayuden a superar cualquier tipo de discriminación”. No les hacía ninguna gracia que la educación hiciera hincapié en la tolerancia y la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia, que trabajara la prevención de conflictos y la resolución pacífica de los mismos.

Con esto no habría posibilidad de adoctrinamiento, ni en Cataluña ni en las escuelas religiosas ni en algunas concertadas. Ni en la sociedad.

Correo electrónico: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

Guardar

Guardar

PROPAGANDA

23 Oct

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

La propaganda, que en un principio aludía a la labor del jardinero que al plantar esquejes multiplicaba la planta, hoy en día se asocia a la acción de dar a conocer un tema con el fin de atraer adeptos o vender un producto. O más concretamente al uso sistemático de símbolos y técnicas psicológicas con la intención de alterar opiniones, ideas, valores… Una de las armas más importantes de la propaganda es la fuerza de la palabra. Hitler ya lo sabía: “Comprobóse allí que la violencia verbal era, además de conveniente, necesaria…” Pero cualquier elemento vale –la mentira, uno más- para influir en la opinión y en la acción de un individuo o de grupos de individuos. Nada importa el medio para conseguir el fin y eso, que se niega de palabra, es ley de obra. Que hay que tergiversar la realidad o presentar solo la parte conveniente silenciando el resto, que hay que mentir, engañar, exaltar las emociones, ocultar los razonamientos, se hace. El objetivo es el objetivo. La moral no importa. Después, repetirlo y repetirlo: “el éxito de un anuncio, sea comercial o político, se debe a la persistencia y asiduidad con que se emplea”. Eso escribió Hitler y confirmó Göbbels con el famoso aforismo de “una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad”. Sin ir tan lejos tenemos ejemplos en casa para dar y vender desde el “España va bien” hasta el “no es no” o la coletilla de “la casta”.

Dan una importancia muy alta al uso de la propaganda en política y si la utilizan con tanta profusión es porque están seguros de su fuerza y de su poder de convicción. O de nuestra escasa capacidad para pensar. Porque ese es el reverso de la propaganda: la poca solidez de nuestras ideas. Nos tratan de tontos, de personas maleables como trozos de plastilina. Y una regla de tres simple: el abuso de la propaganda es directamente proporcional a la escasez de información y de cultura. Otro detalle a añadir: no la dirigen a cada persona individual, sino a grupos. A la gente se le sugestiona con mayor facilidad dentro de un grupo, de una multitud. En cuanto el individuo se esconda en ella se quiebra su credulidad y ya nada se interpone para que acabe siendo parte de una masa enfervorizada.

Todo esto lo hemos estado viendo en el conflicto catalán por parte de unos y otros. Demasiadas veces, resulta difícil desentrañar la verdad de la mentira, dilucidar dónde acaba la realidad y comienza la publicidad o cómo nos muestran ambas tan mezcladas que no hay modo de separarlas. La propaganda, un arma que no derrama sangre, dicen. Otra mentira más. Porque tiene consecuencias.

(Lo que viene a continuación NO pretende mezclar el problema catalán con la Yihad ni establecer términos comparativos de ninguna clase: solo estoy hablando de propaganda y para ello utilizo ejemplos. Absténganse los malpensantes y buscadores de problemas gratuitos)

Tiene consecuencias, repito y sino, que pregunten a los yihaddistas si la consecuencia de tanta propaganda no termina en el cementerio (ellos, en el paraíso). Por cierto, el paraíso es algo intangible, que solo pertenece a la fe, a la ilusión, al sentimiento. ¿Cómo han sido y son capaces de atraer jóvenes que han nacido en Occidente, jóvenes con un buen trabajo, a veces, integrados en la sociedad, con todas las comodidades deseables para llevarlos a la lucha armada, a la muerte? Según el filósofo francés P. Salazar la razón estriba en que su propaganda no va dirigida a la obtención de bienes materiales –lo único que podemos ofrecer en Occidente- sino a la emoción, al sentimiento, a la utopía. Venden exaltación del individuo, venden camaradería entre sus soldados, venden un cielo.

Con los nacionalismos, con todos, la propaganda ejerce su poder de un modo parecido. ¿Qué gana una persona en el sentido material con pertenecer a una nación o a otra, española o catalana, francesa o china? Nada, el tema fundamental, al parecer, va más allá de lo material, es cuestión de sentimiento. A mí, una de las cosas que más me ha llamado la atención y en cierta forma me ha extrañado es que el concepto de nación y de unidad / o de separación, esté por encima de la religión, de las ideologías, de la amistad e incluso de las familias. Algo que me aterra, por cierto. Y sin embargo, la única posibilidad que vislumbro reside en la pela, lo material que decía antes, la economía como muro capaz de detener la fuerza de estos sentimientos. El poder –siempre lo hemos tenido por infinito- del dios dinero. Aunque ya no estoy seguro. He oído que vivirán /viviremos más pobres, pero se sentirán / nos sentiremos más ricos.

De todas maneras, en este tema del nacionalismo, la fuerza de la propaganda va ser de una eficacia relativa, no será tan determinante como la fuerza del poder y, me temo -espero que se entre antes en razón-, de la violencia. Crucemos los dedos.

Guardar

LOS HIJOS DE PUTA Y EL FUEGO

18 Oct

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Arde Galicia y el fuego se extiende a León, Asturias y hasta Cantabria. Mueren personas, que es lo peor. Cuatro muertos. ¿Por qué? Yo no lo sé, la verdad. Imagino que la razón no será una sola y abarcará motivos y personas de lo más variopinto. Me duele, de entrada, que haya elementos como un tal Borja Sémper, portavoz del PP en Euskadi, que llama hijos de puta a quienes sospechan motivos políticos detrás de los incendios. Me duele, pero no me extraña. Hay gente para quien es más importante su partido político que la muerte de personas y bienes materiales. Con esto ni estoy diciendo que el PP sea culpable ni siquiera lo sugiero; simplemente me resulta inhumano que anteponga su “prestigio” a la vida de personas.

Pirómanos que al parecer son muchos y actúan mancomunados en diferentes lugares con tanta impunidad como los corruptos; bosques secos por la falta de lluvias que se ponen de acuerdo en arder todos juntos y la vez; cientos de brigadistas que son despedidos por la Junta de Galicia; empresas de extinción de incendios (el cártel del fuego, las llaman) en el punto de mira por la corrupción que se genera alrededor de las contratas de aviones y helicópteros. Recortes en la prevención de incendios, fallos en la previsión. Mala gestión de los incendios. Ley de Montes que permite construir en terreno quemado (están recogiendo firmas en contra de esta ley que el PP mantiene e impide modificar). 5 euros por tonelada de madera quemada que se retira y luego genera más de 30 no es mal negocio. Los bosques de eucaliptos (árbol importado para la producción de celulosa) que esquilman los suelos.

¿Son estas las razones? ¿Hay más? ¿Es lícito preguntarse si alguna de estas causas de los incendios tienen solución política antes de que el susodicho portavoz del PP de Euskadi nos llame hijos de puta? De siempre se ha dicho que ante la falta de razones se eleva el insulto, no importa lo soez, lo malintencionado y lo escaso de educación y civismo que sea. Surge el matón de barrio, el que cambia las palabras por mamporros. Si esto lo hace un cargo público, apaga y vámonos. Se define solo, ya lo sé; pero vive a costa de nuestros impuestos y además nos insulta. ¿No le han enseñado a respetar a los demás con independencia de las ideas que tenga? Pues esa es la base de la democracia, señor Sémper. Cuatro muertos. ¿No le merecen ningún respeto?

Correo del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

Guardar

A %d blogueros les gusta esto: