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CARMEN, LA DEL PP, NO LA DE MERIMÉE

16 May

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Que vivimos en un país conservador, políticamente representado por la derecha, es algo que salta a la vista. Si unimos los votos de estos partidos, PP y satélites, Ciudadanos, Convergencia o PdeCat, PNV y C. Canaria, más otros de menor tamaño, tenemos una masa de votos en torno a los 12 millones, más o menos la mitad de los votos emitidos. Eso sí, traducidos a escaños, los conservadores gozan de mayoría absoluta. Por algo impusieron la ley D` Hònt y se niegan a cambiarla de forma sistemática (aunque protesten tímidamente cuando se les vuelve en contra, como en Cataluña). Así es, para risas de unos y desgracias de otros. Las risas se oyen de forma queda, como si se rieran para sí mismos y sin ánimo de dar mucho la nota. Claro que a algunos les gusta provocar; pero son minoría y solo lo hacen para que no se les olvide, que se sepa que están ahí. Por si alguno muestra aviesas intenciones. Tengo claro que ese intento de pasar desapercibido, de no ser oídos en la calle es por falta de razones para la queja, por sentirse satisfechos de su situación. Es lógico y lo intentan mantener como sea. Protegidos en su cubil, en su vida cómoda y regalada, no acostumbran a perder el tiempo en mirar hacia abajo, en ver cómo otras personas tienen trabajos precarios, no llegan a fin de mes, sufren desahucios de sus viviendas, están en paro, acuden cada día a los comedores sociales…

Como es normal, este sector de la población es el que más ruido produce en la calle, quejas, manifestaciones, algaradas, protestas. Molestan a los demás, cortan las calles, tocan los silbatos. A la gente de bien se le hace difícil aguantar esto. ¿De qué se quejan?, claman. Si hasta tienen piso, señaló a los jubilatas el Gobernador del Banco de España. Cómo me gustaría hacerles un corte de cojones (¿de cojones o en los cojones?), que en este contexto la preposición tiene su importancia. Incluso el nombre: antes el corte era de mangas, algo simbólico. Meter en medio la palabra cojones, una palabra tan española, tan carpetovetónica, tan propia de legionarios y machos -solo el ínclito Pérez Reverte ha conseguidodotar a los cojones de aura cultural- se sale de contexto, no sé qué opinarán ustedes. Y que lo haya hecho, además, una mujer, siempre tan puesta, tan culta, tan fina y delicada, con la alta misión de velar por la comunicación desde la Moncloa me resulta un tanto exótico. ¿Lo habrá hecho por espantar el muermo del personal? El añadido del “pues os jodéis”, más allá de la forma de expresarlo, que siempre es personal e intransferible y sujeta a interpretaciones y ya sabemos que esa gente –gentuza, la llaman otros- que protesta siempre deduce lo que le interesa, aunque sepa con

Carmen Martínez de Castro, la del PP no la de Merimee

suficiencia que una persona con la educación, el saber estar y la elegancia perturbadora de doña Carmen Martínez de Castro -con esa preposición entre los dos apellidos y que tanto dice con solo dos letras-, lo dijo, pero lo dijo al bies, o sea sin pronunciar la jota, solo con hache aspirada. Así, os hodéis. Muy distinto, señores, no confundan. Más o menos como su “compi” de partido y no menos famosa Fabra, hija de Fabra, constructor áulico de aeropuertos para pasear con su nieto y señalado por la mano de dios a la hora de la lotería. Un beso, Carmencita, yo no te malinterpreto aunque seas de Venezuela. Al fin y al cabo, los jubilados siempre han sido tus amigos y tus mejores apoyos. ¿Cómo vas a insultarles o faltarles al respeto por cuatro gritos al viento en una mañana de cierzo? Eso sería como escupir al cielo sin paraguas. La mayoría de ellos son fieles, de los que no sienten vergüenza por votar a tu partido a causa de algún caso aislado de corrupción que tengáis, pelillos a la mar y la cazuela llena, que el cuerpo se alimenta de carne y no de moral. Yo que tú les daría un máster rojigualdo de la Rey Juan Carlos. Eso no les sube la pensión ni llena la andorga, pero les calienta el pecho de orgullo. Y da muchos votos. Por supuesto, no se te ocurra dimitir, a ver si vas a perder tu empleo de alta comunicadora, que estoy seguro de que cualquier día sorprenderás al país con un mensaje aclaratorio de ese enigma judicial y mediático sobre la verdadera identidad de un personaje que Bárcenas llamó M. Rajoy. ¿Vas a defraudarnos?

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LA MAFIA SE SIENTA A LA MESA

27 Abr

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Así se llama a una cadena de restaurantes especialistas en pasta fresca. Una mafia agradable, familiar, en la que la pasta se come, no se lleva a la otra patria, a Suiza. Otras mafias se sientan en otras mesas, han sido aupadas allí, ¿por usted, por ejemplo, caballero? ¿Por usted, señora? Una mafia apoyada por muchos, vitoreada, aplaudida. Una mafia que, como Saturno –así nos lo dejó pintado Goya- es capaz de devorar a sus propios hijos. Una mafia para la que cualquiera que obstruya su camino, por más que haya sido uno de los que lo han ayudado a construir, debe desaparecer. Da igual los medios que hayan de utilizarse, económicos, políticos o de índole personal. No hay piedad para el caído, “aunque sea uno de los nuestros”. La empatía, la sensibilidad, la generosidad nunca han formado parte del vocabulario de la mafia.

Es posible que Cristina Cifuentes tenga algún trastorno del control de impulsos que le haya llevado a la cleptomanía. Sería, desde este punto de vista, una enferma. Y a una enferma se le pone un tratamiento, si lo hay. El PP conocía este problema y, sin embargo, la nombró Delegada del Gobierno en Madrid y después, presidenta de la Comunidad. Conocían, además, el video. Alguien lo guardó, por aquello del nunca se sabe. O sí. Sí, sí se sabe. Se sabe y se maneja en el momento preciso. Y eso tiene un nombre: MAFIA. Una persona u organización que guarda un video comprometido durante años y lo saca cuando le interesa, se podrá llamar de muchas maneras, que ahora está de moda la terminología como método de engaño, pero es, lisa y llanamente, una obra propia de la mafia. Aprovechar de manera tan burda, tan vil y rastrera la enfermedad de otra persona, y más siendo una compañera, me resulta repugnante. ¡Qué sentido de la humanidad!

A menudo nos mienten para gobernarnos mejor, para obtener un poder sobre nosotros y mantenerlo. Nos mienten una vez y la siguiente, como hizo Cifuentes. Decía Descartes que no nos fiáramos de quien nos ha engañado una vez. Luego pasa lo que pasa, Cristina. Dijiste que ibas a limpiar de corruptos el PP y mira cómo te responden. Y eso que no has dado ni un solo nombre. Nos has mentido a los ciudadanos y Rajoy, siempre en el fiel de la balanza, te ha volcado el plato. ¿Por un simple amaño en el Master ibas a dimitir cuando otros peces más gordos se han llevado a la patria Suiza millones y millones y ahí siguen, tan tranquilos? Estoy de acuerdo contigo. A no ser que escondas no sé qué cosas, que Inda (aunque no le conceda mucha credibilidad) dice que eres una mentirosa, una ladrona y que las cremas son solo una pequeña muestra. Ya te digo, Cristina, que de ese tipo no me fío, aunque eso de meter la mano en los dineros públicos los de tu partido lo debéis tener por deporte y competís en una división de honor. De honor mafioso, visto lo que te han hecho ¡tus amigos y compañeros! Con amigos así, para qué tener enemigos, ¿verdad? Imagino a cualquiera de tus compis con alguna trampa en la trastienda… ¡como para dormir!

Pecaste de arrogante, tenías que haber dimitido con la primera noticia, pero tienes tan pegada la mentira a la boca que no la distingues de una verdad. La verdad tiene otra textura, sí, sabe distinto. Incluso a veces pica, jode, molesta. No vive en las cloacas del estado ni en los sótanos de un banco suizo. Suele ser más humana. Da igual, la verdad te importa poco. Me encanta, sin embargo, tu resistencia, tu empeño en que otros no suban al poder y se contagien de vuestras trapacerías; me encanta, sí, ese lado humano con vuestros enemigos. Pero ya te he dicho, Cristina, tus enemigos los tienes en tu propia casa, derribando tu pedestal con todo el sadismo, con toda la crueldad. Supongo que como muestra para futuros “amigos” que se resistan a la voluntad del PODER. Que tú no lo tenías, Cristina, que estabas puesta ahí. ¿Ves?, otra cosa como lo de la mentira y la verdad, os empeñáis en no distinguir entre quien manda y quien aparece en la foto.

¿Tú has visto alguna foto de una reunión de la mafia?

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VINO

28 Mar

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Lo he leído en más de una ocasión, la última en la revista Mejor con salud, que trata muchos temas relacionados con ella, incluyendo dietas y consejos saludables. Si dicha revista forma parte del sinfín de digitales que se dedican a mostrar estudios de “prestigiosas universidades” y que hacen hincapié en un aspecto del objeto estudiado soslayando otros que pueden arrojar resultados contrarios, ya no lo sé. Por lo pronto, tomo una copa de vino en previsión de que el estudio realizado sea correcto y certero y sobre mi cuerpo recaigan los cientos de bendiciones que desprende esta copa.

Una copa de vino al día. Una bebida que ha deleitado a la humanidad desde los tiempos bíblicos, que por entonces Noé, el del arca, ya debía tener en su mano los resultados del estudio. Lo malo es que se tomó todas las copas que le correspondían para un mes en un rato y así cogió la cogorza que cogió. Quizá quiso correr demasiado y acaparar rendimientos en el menor tiempo posible y pensó que si una copa tiene tales beneficios, treinta copas los multiplicaría por el mismo número. Pero, no, señor Noé, de esa forma lo único que se multiplica es la resaca. Por cierto, más allá de la deshidratación producida por el alcohol, he oído más de una vez que la resaca tiene su origen en que las arterias se dilatan al beber, pero que se contraen con rapidez tras dejar de hacerlo. De tal contracción se deriva el malestar que produce la resaca y es el origen de un viejo refrán: “quien con vino se acuesta, con vino se levante”. ¿Es correcta esta versión?

Pero estábamos hablando de los beneficios de una copa de vino al día. Vino tinto, por cierto. Por ese compuesto que se llama resveratrol y que aumenta la frecuencia cardíaca y el rendimiento muscular. Los mismos efectos que tiene una hora de ejercicio físico moderado, que te haga sudar. Pues, lo que les faltaba a los habituales del deporte del culo pegado al sillón. ¿Sería una fábrica de sofás la que encargó este estudio? Una copita de vino y que corran los otros, cobardes de la pradera. Si al lado de la copa ponemos algo de fruta y unas nueces aún le añadimos un plus, dicen.

En el tema de la medicina, los médicos siempre han hablado de la importancia de la dosis, que si te pasas en la misma puedes provocar efectos peores que si la toma está por debajo de lo recomendado. La dosis marca la diferencia entre un remedio y un veneno. O sea, una copa y nada más. Quien desee una reducción del riesgo de sufrir enfermedades coronarias, una ayuda para combatir el colesterol malo, un retraso en el envejecimiento de la piel, tener más minerales y oligoelementos, menor riesgo de hipertensión y hasta beber una ayuda anticancerígena, ya lo sabe, abra la botella de vino tinto. Con la moderación de una copa al día. Y no vale doblar la apuesta ni en tiempo de vacaciones ni en cenas con el cuñado. Felices fiestas.

CIUDADANOS TENÍA RAZÓN

20 Mar

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Los de Ciudadanos no apoyaron la huelga feminista del dia 8 de marzo por ser anticapitalista. Sí, señor, tienen ustedes toda la razón. Pedir la desaparición de las desigualdades –tanto da en el sentido económico como en el social- es profundamente anticapitalista. Así de claro y así de cierto. El capitalismo se basa en la desigualdad, no tendría sentido si todas las personas fuéramos iguales. No lo somos, de hecho: la cuna ya nos marca. Y nos marca el país, el trabajo de nuestros progenitores, nuestra capacidad intelectual, el ambiente, las circunstancias… No somos iguales ni tenemos por qué. Lo que sí deberíamos ser iguales es en derechos y obligaciones, en tener todos las mismas posibilidades dentro de nuestra desigualdad natural. Deberíamos ser iguales ante la ley. De facto, no de palabra. Deberíamos ser merecedores del mismo respeto sin necesidad de mirar la cara del hombre o de la mujer, del blanco o del negro, del moro o del gitano. Para el mismo trabajo, el mismo salario. Para todos, dignidad.

Por todo lo escrito y muchas otras razones que sería prolijo enumerar, aunque no menos importantes, la huelga del 8M era anticapitalista y Ciudadanos, por boca de sus líderes, Arrimadas y Rivera, tenían razón. Para quienes no hayan acudido al diccionario de la RAE:

feminismo

  1. m. Movimiento y doctrina social que propugna la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre:

¿Por qué luego se arrimaron al carro del éxito y poco menos que se lo atribuyeron en exclusiva como si la huelga la hubieran organizado y dinamizado ellos en la ribera del Manzanares o del Ebro? Con independencia de que los cambios bruscos o bandazos descontrolados de C`s asusten al propio M. Rajoy y formen parte de su ADN, yo me inclino por el profundo cinismo y una jeta a prueba de cañonazos. Más veremos, señores.

Me decía una amiga que esa noche durmió a pierna suelta, ahora que ya sabía que su feminismo ya no era demoníaco ni anticapitalista (aunque lo de demoníaco el obispo de S. Sebastián aún no lo ha aclarado del todo). Lo malo fue al despertar al día siguiente y desayunar con un artículo en que por el hecho de propugnar la igualdad de derechos un señor la llamaba fea, de escasa inteligencia, frustrada, pilladora de cacho, amargada, impresentable y una serie interminable de piropos, a cada cual más exacto y adecuado a su personalidad y condición de mujer. Eso sí, el autor del artículo se fue a misa a rezar por las familias tradicionales.

Más allá de opiniones tan respetuosas como la expuesta y otras más, la huelga del 8M resultó un éxito rotundo antes de comenzar: oír a Cifuentes o a la ministra de Igualdad (¿?) tragarse sus sapos después de ser desautorizadas por el mismísimo M. Rajoy fue clamoroso. La guinda la puso Ciudadanos, como ya hemos visto.

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LA PERVERSIÓN DE LAS PALABRA

13 Mar

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García                 

Las palabras son aire y van al aire…, decía una canción

Pero allí las capta el oído y alguno les hace caso, tocan la fibra sensible o una neurona inteligente y hasta pueden provocar un aluvión de preguntas, dudas, reflexiones. En ocasiones, aguijonean la cabeza o zumban a su alrededor, obligan a hacerles caso y no es extraño, tras esta presencia suya, que lleguen a producir un cambio de opinión en algunas personas.

Las palabras sí valen. Para un escritor nada más grande que un lector le diga que tal obra le entusiasmó, que le hizo temblar. Las palabras adquieren una importancia capital cuando van dirigidas al público, y han de ser precisas, claras, potentes. El orador vive de ellas, lo mismo que el político. Son su mejor arma, su modus vivendi, con ellas han de convencer, seducir, hacerse querer. Otra cosa es que sean ciertas o no, que les metan en el alma una dosis de vida o de veneno. De ahí que todo el mundo las quiera, las mime, se esfuerce en dar la sensación de dominarlas. Y a la hora de sacarlas al aire, que sea con un toque de elegancia. Las palabras tienen poder.

Algunas palabras han cambiado su significado desde su nacimiento. O han añadido una acepción nueva y se hace tan popular que olvida a la primitiva. Esto es normal y como tal se asume, forma parte de la evolución de la sociedad. Lo que no es de recibo es su latrocinio. No son dinero, pero también las roban, se apropian de ellas para malearlas, retorcerlas y exprimirlas hasta darles la vuelta y hacerlas perder su significado anterior. Porque las palabras también pueden resultar peligrosas; o como mínimo, molestas.  Gobiernos y grupos de poder repiten este pillaje con asiduidad sin que tantos incautos como rebosan calles y plazas se enteren. Lo habrán oído muchas veces: ahora no hay guerras, sino misiones humanitarias; un país no se invade, se interviene; la gente no emigra, incurre en movilidad exterior o desaparecen los impuestos para pasar a ser recargos temporales de solidaridad. Si, en general, los políticos son unos artistas del quiebro farandulero (dicho en forma suave) y unos sinvergüenzas que pretenden engañar a la ciudadanía (dicho a la pata la llana a modo de definición), los de ahora se llevan la palma en este apartado: ni hemos sufrido recortes ni nos han rescatado y, por si fuera poco, hacen pagos en diferido.

La propia palabra cambio siempre tuvo una connotación positiva, se cambiaba para mejor; pero ahora también nos la han robado y le dan un sesgo negativo: el cambio climático anuncia el desastre, no la solución.

Pero si hay una palabra cuyo robo duele, esa es revolución. Todo el mundo conoce su significado, un cambio violento en las instituciones políticas de una nación, un derrocamiento de los dictadores sanguinarios, una liberación del yugo extranjero. Hasta de esta palabra se han apropiado los conservadores y le ha dado la vuelta a su significado de la manera más torticera. No tienen empacho en hablar de revolución conservadora para perpetuar los privilegios de una élite en detrimento de la mayoría de la sociedad. Un ejemplo perfecto de oxímoron (RAE: Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido). Lo que se conserva no se puede revolucionar.

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LOS PRIMEROS PASOS DEL FINAL

7 Mar

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García                 

 Hay una carta de Risto Mejide (se supone que será suya, aunque no he encontrado dónde la publicó ni cuándo) que vuela por internet y que hace referencia a la corrupción y los políticos que han vivido de ella. Comienza con estas palabras:

Largaos de una vez. Largaos, sí. Los que trincáis, los que habéis trincado, los que permitisteis que otros trincaran y los que todavía hoy no hacéis nada porque se deje de trincar. Todos. Sobráis, de verdad, dejadnos en paz de una puñetera vez.

Esto es lo más suave que dice, como es lógico. También reclama la devolución de lo robado y etc., etc., amén de unas cuantas locuciones más cercanas a la definición que al insulto, aunque pueda parecer lo contrario dada nuestra afición a asirnos al marco legal garantista que nos beneficia en caso de problemas y al que aborrecemos cuando los dificultades habitan en la casa del enemigo. Da igual, no dejará de ser algo transitorio. Se va haciendo la luz, comienzan a cacarear los primeros gallos y ya veremos cuántos van a conservar las plumas. Solo falta que se cumplan las últimas tendencias que apuntan al desplome del partido en el gobierno. Cualquier otro partido que suba a la Moncloa, incluso Ciudadanos, que es de la misma tendencia ideológica, tendrá que eliminar todas las trabas que ha puesto el PP para que la justicia sea igual (dentro de lo posible) para todos. Tendrán que rodar muchas cabezas que han hecho coto privado de lo que es –era- público en este país.

Entiendo que es mucho el dinero que se han llevado y que –me temo- no volveremos a ver. Sin embargo, es peor aún el perjuicio moral. Vale que este país tiene una historia de pillos y malandrines, truhanes, lazarillos, buscones, rinconetes y cortadillos y demás protagonistas de la epopeya del hambre que han dado un lustre casposo y de alguna manera nos retratan ante muchos países de Europa, pero lo de los modernos pujoles y bárcenas, sobres, eres y púnicos, camps y lo más granado de los gonzález forman parte de otra epopeya, la de la codicia. La desvergüenza sin límites. Herederos de otra tradición anclada en lo más rancio de nuestra idiosincrasia patria: el señorito. Protegidos por una sombra de impunidad que se ha ido diluyendo gracias a los valientes que los denunciaron, a los jueces y a la prensa (a pesar de que en ocasiones los criticamos por no ir tan rápido como quisiéramos ni tan certeros como creíamos) y a la presión de la gente.

Queda mucho por hacer, pero hay que reconocer que algo ha cambiado en la mente de las personas. Por lo pronto son pocos los bravucones que se jactan de de que “si pudiera, yo lo haría también” o “tonto el que no lo hace”. Hay también un cambio en la percepción de lo público: ya no es de nadie, sino que es de todos. Seguimos pagando en negro y no pedimos factura de la chapuza de casa; pero de momento ya somos conscientes de que la moral no entiende de cantidades y, aunque no lleguemos al delito, conocemos la culpa.

Largaos, pues. Largaos de una vez. Los que hayan delinquido, a la trena, como cualquier otro delincuente. El cargo que habéis ocupado no puede ser eximente; si acaso, al contrario. Sé que vuestra soberbia os impedirá pedir perdón a la ciudadanía, así que mejor pasemos de palabras que, además, serían falsas, y defendamos la actuación todo lo imparcial que sea humanamente posible de la justicia para limpiar tanta inmoralidad, tanta cochambre como habéis extendido sobre el país y tanta mugre con la que habéis ensuciado la bandera en la que os habéis envuelto para ocultar que vuestra única patria es una cuenta corriente de cualquier banco situado en un paraíso fiscal.

Correo electrónico: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

LA REFORMA LABORAL: TRIUNFO Y DERROTA

19 Feb

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Seis años de la reforma laboral. Todo un éxito. Para los empresarios, por supuesto. Aunque algún malhadado me tilde de demagogo, definiría la Reforma Laboral como una sustanciosa subvención a la patronal, vía Parlamento con mayoría absoluta. ¿Qué es, sino, todo ese refrito de leyes que ha convertido al obrero en un limosnero del trabajo por un sueldo que se niega a llegar a fin de mes y, además, con la obligación de estar contento? Del desencanto político con que nos roció Felipe González como agua bendecida por el capital hemos pasado a la rendición total que ha descargado el neoliberalismo del PP y de sus amigos y sucesores sobre las cabezas sumisas y resignadas de una masa obrera en la que sobresale lo de masa, dicho sea en el menos agradable de los sentidos.

Toda esa consigna por parte de M. Rajoy con respecto a la salida de la crisis en gran parte se traduce en temporalidad, fraude, robo de horas trabajadas y no pagadas, precariedad en el empleo y abusos por doquier con salto de ley como quien juega a la comba. Ya sé que quien esto lee no está en esta situación, por fortuna; pero por lo mismo ha de pensar que la suya no es la de los demás. Hay datos que acojonan: una tercera parte de los trabajadores cobra el salario mínimo.

“Cobro 3`90 euros a la hora y aún he de dar las gracias”, dice una trabajadora. Y hay quien le replica que tiene suerte, que en el negocio de la hostelería muchos cobran aún menos. “Por eso es más negocio”, añade otra.

Otra buena pregunta: ¿Y los sindicatos? ¿No eran los defensores del trabajador, los que lucharían por un salario digno? La Reforma Laboral supuso una pérdida de capacidad negociadora del conjunto de los trabajadores y los empresarios cambian los salarios pactados a su gusto y beneficio sin una palabra en contra ni de sindicatos ni del Gobierno (se supone que está para hacer cumplir la ley. ¿O la ley solo atañe a los catalanes?). Las condiciones de trabajo y los salarios ya no se pactan, se firman y en paz. ¿Lo quieres?, Firma, de lo contario, que pase el siguiente. Los pocos convenios colectivos que se negocian se los pasan por el arco del triunfo.

Resultado de la llamada Reforma Laboral o subvención encubierta al capital: los sueldos han bajado; los beneficios empresariales se han multiplicado. Si quieren conocer las cifras exactas, vayan a cualquiera de los dos sindicatos mayoritarios, que en eso han pasado el tiempo, en hacer estudios y cuantificar la debacle. El PSOE les ha acompañado en la travesía. Lean su Consecuencias de la reforma laboral. Balance seis años después de su aprobación, que se sentirán satisfechos. Si leen las estadísticas de CCOO, también.

Los bajos salarios significan, además, menos recaudación para la Seguridad Social y un peligro evidente para los pensionistas. Aceptar minisalarios hoy es aceptar minipensiones mañana. Y esa boira dorondonera que dicen por las tierras oscenses va a caer sobre todos, incluidos esos que se sienten seguros detrás de un buen sueldo hoy y a quienes les importa una boñiga lo que cobran los demás. ¿Apostamos que en menos de cinco años las pensiones máximas van a caer un 30%? Y no se pierdan el camelo, engaño, timo o pónganle el nombre que quieran a los planes de pensiones que serán otro gran negocio para la banca, pero no para nosotros: infórmense fehacientemente de lo que valdrá su rescate, que a lo mejor no son tan bonitos como nos los pinta Rajoy. Eso, contando que con un sueldo partido y a tiempo parcial aún quede un euro para meterlo en el plan de doña Celia Villalobos. Gracias, Celia, por tus enseñanzas, ya sé jugar al Candy Crash en el trabajo y mi jefe está encantado.

¿Movilizaciones para ellos días 27 y 28 de mayo en Madrid? Bien, de acuerdo; pero habrá que hacer algo más que dar un paseo por la capìtal y cuatro gritos para soltar adrenalina.

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