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Antonio Tejedor: “Abro un período de reposo –indefinido- en el tema de la política”

10 Oct

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Abro un período de reposo –indefinido- en el tema de la política. No está el horno para bollos. Leo los periódicos, escucho la radio, veo la televisión y quisiera uno desaparecer. Cada día entiendo menos. De siempre, desde los tiempos más remotos, todas las guerras acabaron sellando una paz. Por supuesto, las condiciones las marcaron los vencedores, aunque algo cederían. De momento, no hay guerra; así que deberíamos ir –digo yo- a buscar la paz antes de que se disparen las armas. El tema se les ha ido de las manos a ambos, una huída hacia adelante que no presagia nada positivo, nadie acierta a sospechar cual será el final de la historia.

He hablado con mucha gente estos días y los ánimos están muy exaltados. Nadie se para a escuchar, nadie pone en duda lo que nos cuentan. Cada cual forma parte de un bando y lo que les digan desde ese bando es palabra de Dios. Los del otro lado, mienten, manipulan, son esto y lo otro y lo de más allá. Es imposible entenderse con una bandera en la boca. He de admitir, muy gratamente, por cierto, que también hay voces sensatas, análisis claros desde la objetividad que da la no pertenencia a ninguno de los bandos (aunque puedan estar equivocados, que aquí nadie tiene el monopolio de la verdad)

No sé cuál será la solución ni voy a buscar culpables. Tampoco voy a echar más leña al fuego, que a algunos les encanta; pero allá ellos. Sin embargo, me gustaría pedir, suplicar si es necesario, un poco de cordura, de sensatez, de lógica. La peor paz es mucho mejor que cualquier guerra. Y esto lo digo no a los gobiernos ni a los políticos –deberían saber que les pagamos para que resuelvan los problemas, no para que los enreden más-, sino a los ciudadanos, a los que siempre perdemos, pase lo que pase. De momento nos han enfrentado, nos han llenado de odio. Ellos un día se darán la mano con reservas, pero se irán a cenar al mejor restaurante. Para celebrarlo. A nosotros nos dejarán las discusiones, las enemistades, los cabreos. Y caeremos en la trampa como hemos caído siempre. Es lo que estamos haciendo. Me temo que no se ha inventado nada mejor que la democracia para dirigir y organizar un país; pues bien, eso implica diálogo cuando surge un problema. “No hay nada de qué discutir” jamás debe salir de la boca de un político. Encontrar soluciones es el deber y la obligación de los hombres y mujeres que hemos elegido como representantes. Para formar el actual gobierno hicieron falta meses, pero al final, se consiguió. Aunque la gravedad del problema sea mayor, ¿por qué ahora no? Los problemas no se arreglan solos, es necesario afrontarlos. La otra vía es el aplastamiento del enemigo, la guerra, la muerte.

Esta no es mi opción. No voy a discutir con nadie, no estoy dispuesto a ningún tipo de confrontación con el vecino y, por tanto, como decía al principio, abro un paréntesis de silencio. El nacionalismo, de cualquier color o tamaño, no es mi guerra; estoy por las personas y no quiero odiar a nadie, absolutamente a nadie por muchas que sean las diferencias ideológicas. Por encima de cualquier sentimiento nacionalista siempre colocaré a un ser humano.

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Yo que tú me echaría a temblar, corrupto

19 Sep

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

En medio de esta vorágine mediática en torno a Cataluña y que arrasa con cualquier posibilidad de noticia se ha producido una muerte que en otro contexto quizás hubiera ocupado, sino la portada, al menos un espacio en la tercera página de cualquier diario. Y una foto en el telediario. Pero Tomás Villanueva –nada les dice este nombre, ¿verdad?- ha muerto en un momento oportuno para el PP. El exvicepresidente de Castilla y León falleció en la madrugada del 7 de septiembre de forma repentina tras sufrir un desvanecimiento en su residencia de Tordesillas (Valladolid). Ni el Servicio de Emergencias del 112 ni la unidad medicalizada pudieron hacer nada por salvarle la vida. Todo apunta a que la muerte de Villanueva se habría producido por causas naturales, probablemente un infarto.

Villanueva tenía 64 años. Antes de dejar la política hace dos años fue asesor del PP, asumió varias consejerías (entre ellas, Economía) en la Junta de Castilla y León y fue vicepresidente de la misma. Asimismo, fue uno de los fundadores de FAES junto a José María Aznar. Tras conocerse que sería investigado por el Caso Perla Negra y la trama eólica, el PP retiró del organigrama de la web su presidencia de honor.

Tomás Villanueva estaba citado a declarar en calidad de investigado en los dos grandes casos de corrupción que investigan los juzgados en Castilla León. El 19 de octubre debía comparecer ante el juez por el caso Perla Negra y el 27 de noviembre por la Trama Eólica. Ayer el juzgado daba traslado de las 83 cuentas de él y de sus familiares, que iba a rastrear Hacienda, en el marco de las investigaciones judiciales.

Si yo estuviera metido en alguna de las tramas que los jueces investigan en los alrededores y en los adentros del PP y supiera muchas cosas de la misma estaría acojonado. Es posible que todas las muertes se deban a la casualidad aunque resulte altamente sospechoso que los sospechosos judiciales vayan cayendo uno tras otro en las proximidades de su declaración. No hay más que recordar los casos más recientes y notorios –cada vez la casualidad apunta más alto- de Rita Barberá y el ya condenado, aunque aún no lo estuviera en firme, Miguel Blesa, que no esperó a que le fallara el corazón y se pegó un tiro. Ahora, el corazón que falla es el del exvicepresidente de la Junta de Castilla y León, otro cargo importante. Antes que estos tres citados, se fueron Juan Pérez Mora (un falso juez que engañó a Correa), Isidro Cuberos (asesor de J. Arenas en Andalucía), Antonio Pedreira (juez instructor de Gürtel) , Francisco Yáñez, (padre de un  testaferro de Bárcenas)  María del Mar Rodríguez Alonso (esposa de un senador PP), Francisco Sánchez Arranz, (concejal PP en Boadilla del Monte)  Leopoldo Gómez (ingeniero, el conocido como cobrador del marido de la ministra Ana Mato) y José Martínez Núñez (empresario construcción). Todos ellos tuvieron algún tipo de relación con la trama, pero no a todos les falló el corazón. Se ha producido algún accidente de difícil explicación  y muertes en extrañas circunstancias, según la prensa.

Sería muy temerario por mi parte decir que todas estas muertes de personas relacionadas con la trama Gürtel u otra del PP sean consecuencia de asesinatos, el resultado de otra trama que se vaya cargando las lenguas potencialmente peligrosas o almas débiles que pudieran poner en peligro a los demás. Pero, claro, uno se encuentra con declaraciones de políticos y palabras de alguien tan importante como el presidente de EE.UU. Franklin D. Roosevelt y te dice que “en política, nada ocurre por casualidad” y le entra a uno el tembleque. No digo nada a los involucrados en los casos citados. Yo, como mínimo, correría a la consulta de un cardiólogo de confianza, que a estos señores les flojea cosa mala. ¿O es el peso de la culpa, que no lo soporta un corazón? ¿O Dios castiga sin palo y sin piedra?

No me digáis que no es para echarse a temblar.

LA VICE, LA VERGÜENZA Y LA DEMOCRACIA

15 Sep

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Ya sé que en estos días toca hablar de Cataluña, del esperpento político en que están convirtiendo el referéndum y de lo que manden los de siempre y sus secuaces mediáticos. Pero no me da la gana. Debe ser una consecuencia natural de mi alergia al poder, que siempre manda de acuerdo a sus intereses y no a los míos. No nos ponemos de acuerdo, ¡qué se le va a hacer! Lo que tampoco podrán es tacharme de nacionalista, de aquí o de allí, que son tal para cual y la única diferencia radica en quién manda más, quién ha hecho la ley. Los nacionalismos no pasan de ser un invento burgués que los románticos elevaron a los altares, y ya llovió desde entonces para que sigamos por semejantes derroteros. ¿Se le ponen fronteras al dinero, por ejemplo? ¿A la religión, al conocimiento, a la amistad? El nacionalismo es un anacronismo más en una aldea global.

Pero se le utiliza. Es un arma barata y eficaz para inventarse enemigos, para que los de a pie tengamos a quien odiar. A odiar en grupo, todos los buenos juntos, que eso nos otorga carta de pertenencia, de ser miembros de la tribu de los hombres de bien, aunque en cuanto el problema pase vuelvan a ponernos en nuestro sitio y a defenestrarnos al país de los recortes, la precariedad en el empleo, los bajos salarios, la ley mordaza y el déficit democrático. Mucho me temo que hablando de estos pasados nacionalismos nos estén robando el presente y, nosotros, sin enterarnos, picando las migajas que caen de las mesas de nuestros opulones. ¿Cuándo cicatrizarán las heridas que ahora están abriendo? ¿No había ya bastante odio en este país?

Vuelvo a lo del déficit que la vicepresidenta, doña Soraya, sitúa en Cataluña por esas historias del referéndum. La verdad es que va a quedar bastante ridícula la foto de la urna en medio de una plaza y la gente con la papeleta en la mano, sin censo y sin garantías. El Govern de Cataluña ha utilizado su mayoría parlamentaria para aprobar una ley y eso a doña Soraya le parece una tiranía (palabras textuales). Y por si fuera poco, ha sentido la mayor vergüenza democrática. Y me ha llegado al alma, de verdad. Lo de la democracia y los votos no deben mezclarse, al parecer. Otra cosa es que voten lo que no me gusta. ¿Qué votan algo ilegal? Pues para eso está el Tribunal Constitucional, no suplantes sus funciones por muy vice que seas, Soraya. Eso de confundir la democracia con las propias ideas está muy mal en una abogada del Estado.

Pero lo que me ha tocado la fibra ha sido lo de la vergüenza. Debe ser que la vice y yo tenemos un concepto muy diferente de la palabra vergüenza. Vergüenza: sentimiento ocasionado por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante. Así la define el diccionario de la RAE en su primera acepción.

Es posible que no lo haya leído o que no considere la mentira una acción deshonrosa y humillante. ¿No fue ella y el ministro de Hacienda y el propio Rajoy quienes –perfectamente conscientes de que mentían- dijeron que no nos costaría un duro a los ciudadanos el rescate bancario? Ahora resulta que no recuperaremos tres cuartas partes de los 54.000 mil  millones que les dimos. Tampoco debe considerar deshonroso que el propio partido que rige el gobierno del Estado, o sea, el suyo, el PP,  defraude cientos millones y pague el arreglo de su sede en negro. Todo legal, al parecer y bien hecho, porque no nos consta su arranque de vergüenza ante estos sucesos. El que se dedique a repartir dinero entre los medios afines como publicidad institucional y para que nadie les critique so pena de retirar esas subvenciones camufladas como publicidad lo debe de considerar altamente democrático. Lo de que todos los tesoreros de su partido estén encausados por corrupción y el PP haya hecho trampas en las elecciones tampoco le causa ningún golpe de contrición ni contrariedad democrática.

¿Cuándo ha salido en televisión o en las portadas de ABC y compañía maldiciendo a los cientos, digo bien, ¡cientos! de sus cargos políticos corruptos, denunciando su comportamiento delictivo (presuntamente)? Estoy, al fin, por oír de sus labios una palabra sobre su compañero de partido, Rafael Blasco,  que robó el dinero destinado a las ONGs para ayudar a los más necesitados en África y América. Pues no, no le dio vergüenza. Porque si le hubiera dado –al menos una pizca- lo habría dicho, que sitios no le faltan.

Creo que la expresión “vergüenza democrática” no queda bien en su boca, doña Soraya

Correoy página web del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

LOS ÚNICOS CULPABLES SON LOS TERRORISTAS

30 Ago

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García                 

 Los únicos culpables son los terroristas, dice Rajoy. Por supuesto, Mariano. Por una vez voy a estar mano a mano contigo. Casi. No del todo, vaya. El que atropella a la gente por la calle con furgonetas o camiones, el que aprieta el gatillo o tira de la hebilla del cinturón de explosivos, el que arroja la bomba desde el avión o ametralla es culpable, nadie lo duda. ¿El único? ¿No hay nadie detrás de ellos? ¿Esto sucede porque sí, una suerte de generación espontánea?

Por lo que he visto y oído desde siempre, un presidente de gobierno jamás explica en público una teoría ni matiza en exceso sus palabras, sino que las declaraciones tienden a ser genéricas, sin profundizar en la materia. De todas formas, el simplismo es una cualidad made in Rajoy que lleva pegada a la lengua como la barba a la cara. El problema no es solo ese, sino que el análisis de los hechos tampoco se haga en el Consejo de Ministros, que se hurte en el Parlamento y menos aún, que no se corrijan políticas que se han demostrado ineficaces. Mi profesor de historia en el instituto siempre decía que cualquier suceso histórico ha tenido una causa (o más) y, a posteriori, una consecuencia (o más). Y lo ilustraba con tantos argumentos que el pasado se nos hacía de plomo. Un plomo que hoy en día sigue pesando poco. O somos tremendamente fuertes para llevar esas consecuencias a la espalda. Las hemos visto estos días en Barcelona como las vimos en Madrid o las han visto en media Europa y Oriente medio. Yo tampoco quiero ser simplista ni reducir estas causas a la guerra de Irak o Afganistán, que la utilización de la religión siempre le ha venido de perlas a los hambrientos de guerras y poderes y por ahí también podría andar el tema. ¿Al trío de las Azores le salva el hecho de que no imaginaran sus consecuencias? Con ser las causas más llamativas y cercanas, seguro que habrá más y que serán más profundas y difíciles de desentrañar. Lo que sí tengo claro es la necesidad ineludible de un análisis en profundidad y, sobre todo, de cambiar de política o de geopolítica, que no es un tema que afecte únicamente a un gobierno o estado. Han sido muchos los muertos y seguirán siendo más y en Occidente nos conformamos con declaraciones grandilocuentes y manifestaciones masivas de rechazo al terrorismo como si eso les importara algo a los de la Yihad. Hay un criterio generalizado entre la clase periodística de que Arabia Saudí y Qatar están financiando a estos elementos desde hace tiempo y ningún gobierno europeo ha plantado cara. Ya sé que son los dueños del petróleo y nos compran armas. ¿Y qué?

Desde los tiempos de Roma el templo del dios Marte sigue abierto porque la guerra no acaba. En un lugar u otro, pero jamás descansa. Una maquinaria engrasada a la perfección. Y la gente, el pueblo llano de izquierdas o derechas, de centro o de nada discutiendo si son galgos o podencos mientras ponemos los muertos. Allí, en la otra cara del mundo, donde la guerra amanece con el sol de cada día, también. El pueblo siempre pone los muertos. De ellos se alimentan unos miserables que visten turbantes y corbatas, se ciñen coronas y amasan fortunas que no imaginan ni los soñadores de mundos imposibles.

Es nuestro mayor fracaso como seres humanos. Milenios de civilización para ser incapaces de vivir en paz, de vivir en armonía, de respetar las ideas y las creencias del otro, de no codiciar sus pertenencias. Incapaces de un gesto de conmiseración ante la muerte. Pongo en el apartado de las excepciones el abrazo del imán de Rubí y los padres del niño muerto. Aparte del gesto y de la emoción del momento, qué ejemplo para la humanidad, qué forma tan gráfica como sencilla de mostrarnos el camino. No creo que haya una manifestación, por numerosa que sea, que exprese con tanta claridad el rechazo al terror nuestro de cada día.

Pero me temo que el odio anida en demasiados barrios, es el combustible de demasiadas vidas, idea y votos, una visión a corto plazo. De esta forma solo conseguiremos que el pasado siga estando tan presente en el futuro que se lo coma a bocados un día y otro día, con la voracidad de una fiera, de una cuenta corriente, y no nos quede ni aire que respirar mañana.

¿Hay alguien con un toque de optimismo para pensar que este mundo que hemos inventado tenga algún tipo de arreglo?

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José Manuel Castañón

16 Ago

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

José Manuel Castañón fue capitán en la guerra civil española en el bando franquista y posteriormente, combatiente en la División Azul. Tras la guerra, ejerce de abogado en Oviedo. Un día cayó en su mano izquierda (la derecha la había perdido en la refriega) un libro del poeta peruano César Vallejo, quizá Los heraldos negros o Trilce o cualquier otro. Lo que sí estaba era prohibido, por supuesto. Pero Castañón se asomó a un verso, luego a otro y ya no pudo parar. El oficial vencedor pasó la noche en vela leyendo al poeta de los vencidos.

De cómo la poesía de Vallejo revuelve el cuerpo entero de José M. Castañón nos da idea su decisión de renunciar al grado de capitán y pedir que su sueldo de mutilado de guerra sea destinado a un mutilado republicano. Es acusado de subversivo y encarcelado. Allí escribe su primera novela, Moletu-Voleva, o la novela de la locura dolarista. Cuando es liberado se exilia a Venezuela y allí continúa su carrera como escritor. Uno de sus libros más celebrados es Pasión por Vallejo y fue declarado hijo adoptivo de Santiago de Chuco, lugar de nacimiento del poeta peruano. Tras la muerte de Franco volvió a Madrid, donde falleció en 2001.

En pocas palabras, esta es la historia de J. M Castañón. La conocí de la mano de Eduardo Galeano y su maravilloso Libro de los abrazos. (Recomendé su lectura en mi blog no hace mucho. Ver Libros que me gustaron). El Libro de los abrazos es una colección de pequeños relatos en donde mezcla realidad y fantasía y uno no sabe dónde acaba una y empieza la otra ni falta que hace. ¿Hasta dónde es fiel a la historia y qué añade de su cosecha y de su buen escribir? No pude por menos de visitar a mi amigo Google porque no daba crédito ni posibilidad real a lo leído, sino que veía el relato como una invitación a la lectura o un bello cuento de ánimo. Pero, no, la historia es cierta y lo único que desconozco es si cada detalle escrito en El libro de los abrazos se corresponde exactamente con lo vivido o hay alegrías de don Eduardo para cuadrar mejor el cuento.

No es fácil que caiga uno del caballo, como Saulo, y se convierta a una nueva religión o ideología. Menos, a nuestra edad. Vivimos en una sociedad donde las ideas ocupan espacios estancos, herméticamente cerrados y la posibilidad de cambio de orientación, lejos de ser considerado como resultado de una profunda introspección personal y, por tanto, dueña de todos los merecimientos y respetos, es tildada de traición. Y al delator se le retira la palabra y los honores, si los hubiere. También es posible que ese intercambio de campos suceda por otros motivos menos ortodoxos o más espurios, donde el estatus social o económico gane el terreno a las ideas. Allá cada uno.

De cualquier manera, no deja de resultar extraño en grado sumo que un radical de Falange y participante en la División Azul dé un giro tan de circunferencia completa en su ideología por unos versos de César Vallejo. Luego dirán que la literatura no va más allá del pasatiempo, que su influencia en la concienciación de la gente es nula. Casi nula, apostaríamos, porque lo cierto es que no hay norma sin excepción. A cuento de esto, me viene a la memoria unas palabras de Ricardo Piglia en una entrevista periodística –las conté en un escrito anterior- sobre el valor de los libros. Le habían hecho esta pregunta –para qué vale la literatura- en un programa de radio y por más que lo intentaba no recordaba la respuesta. Sin embargo, en medio de ese esfuerzo le llegó la luz, le vino a la cabeza no lo que dijo, sino lo que tenía que haber dicho: los libros sirven para salvar la vida. Seguro que José Manuel Castañón también firmaba estas palabras.

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EUTANASIA

17 Jul

Por Antonio Tejedor. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Luis de Marco, enfermo de esclerosis múltiple, ha decidido que no merece la pena vivir. Abandona porque la vida es una tortura cada día y los dolores son espantosos. Está postrado en una cama sin poder mover nada por debajo del cuello. Por estas razones, Luis, de 50 años y que fue técnico de TVE, ha iniciado una campaña bajo el lema Por el derecho a una muerte digna.

Ha solicitado la sedación extrema como única solución a su tortura, pero los médicos se han negado. Hay que seguir un protocolo y hasta que el equipo médico lo decida en función del estado de la enfermedad no se la concederán. El problema es que los dolores no saben de esperas y atacan cada día.

En España sigue sin estar regulada la eutanasia, la actual legislación no lo permite. El pasado mes de marzo, el Congreso rechazó una propuesta de despenalización de la misma, lo que impide que otra persona pueda ayudarla a morir so pena de ir a la cárcel. Luis conserva intactas sus facultades mentales, pero se le niega la posibilidad de tomar una decisión sobre sí mismo. ¿Quién es el dueño de su cuerpo?, pregunto. ¿Por qué un equipo médico –el grado de sensibilización ante este problema es diferente de unos a otros- decide por él sobre lo que es solo suyo? Aún menos, unos políticos a los que el dolor ajeno les es .valga la redundancia- completamente ajeno y, como más deplorable muestra, la aceptación de una guerra a cambio de petróleo con el consiguiente número de muertos (el ejemplo es demasiado reciente para obviarlo).

El de Luis de Marco no es el primer caso que se da a conocer en España. En la mente de todos está la lucha de Ramón Sampedro por morir con dignidad. La publicidad que se le dio al caso, su aparición en los medios, la no menos famosa película Mar adentro que firmó Alejandro Amenábar, todo contribuyó a que el tema se debatiera. Pero con la iglesia hemos topado. Seguimos teniendo a un dios dueño de nuestras vidas, por lo visto, seas creyente o no. Seguimos teniendo a personas que se atribuyen la potestad de decidir por nosotros. ¿Por qué tengo yo que dar cuenta a nadie si mi decisión solo me concierne a mí?

Para casos de enfermos terminales que sufren dolores terribles parece ser que ya casi nadie reniega de la sedación; aunque aún queda quien lo considera un asesinato en vez de una salida compasiva y digna ante los dolores insoportables, cuando ya no hay posibilidad de curación. Nadie quiere morir, pero cuando la enfermedad te desahucia, ¿quién quiere sufrir inútilmente? ¿Quién quiere ver sufrir a sus seres queridos? No puedo por menos de transcribir unas palabras del propio Luis de Marcos: ¡Yo adoro la vida! ¡La adoro! he disfrutado muchísimo de ella, pero ahora, con 50 años, postrado en una cama desde hace casi cuatro y con unos dolores que ni la morfina consigue controlar quiero poder descansar. Dejar de sufrir. Y sé que no soy el único. Hay muchos más. Y podría ser cualquiera…

Señores políticos: respeten el derecho a decidir de una persona sobre sí misma y regulen la eutanasia. Obligarlos a sufrir cuando ha desaparecido toda posibilidad de curación es solo una muestra de sadismo. Aunque pueda parecer impertinente u oportunista, les pregunto: ¿lo harían con su madre, su hijo, con usted mismo?

Luis de Marco pide una firma de apoyo. Aquí dejo la dirección, para el que lo desee.

https://www.change.org/p/mariano-rajoy-por-la-legalizaci%C3%B3n-de-la-eutanasia-que-luis-de-marcos-pueda-morir-dignamente/sign?utm_source=action_alert_sign&utm_medium=email&utm_campaign=772588&alert_id=UyogWTrTMx_ZKaR3QPOrYWp0baY1M9j14FGfBaBodg8QWOHJX4Dmqg%3D
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Carlos Marx, el vidente

20 Jun

Por Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

La lectura de El capital, de Carlos Marx, es algo de lo que no puedo presumir. Me he limitado a resúmenes y extractos que pueden dar una idea general, pero que no conceden la aureola de marxista. En cambio, El manifiesto comunista, sí, y más de una vez. No es suficiente, lo sé, para escribir sobre el tema y por tanto me limito a una opinión muy somera y a transcribir de forma más o menos libre lo que personas más entendidas han escrito.

Voy leyendo por ahí y no puedo por menos de asombrarme de la capacidad de vaticinio de Don Carlos con más de 100 años de antelación; lo llamo vaticinio y no casualidad, porque él hizo un análisis y, como consecuencia, predijo una situación, la que padecemos ahora. Lo curioso del tema es que a esta conclusión no ha llegado el Partido Comunista ni ha sido él quien la ha sacado a la luz. Tampoco ha sido algún ideólogo de la izquierda, un bolchevique irredento o un antisistema radical, sino un columnista del periódico más liberal, el inglés The economist y que el profesor Vincenç Navarro publica en su blog del diario Público. Esto es lo que nos cuenta.

Una predicción de Marx aseguraba que la clase capitalista, los dueños y gestores del capital productivo, sería sustituida por los propietarios y gestores del capital especulativo y financiero. El propio columnista de The economist los considera elementos parasitarios de la riqueza creada por el capital productivo y además, los culpa del escandaloso crecimiento de las desigualdades, cada día mayores en el mundo. Tal cual lo dice The economist y si lo repito es porque a algunos no les cabrá en la cabeza, lo sé muy bien. Otra de las predicciones de Marx alertaba de las funestas consecuencias de la estrecha unión entre poder económico y poder político. ¿Cuántos políticos al finalizar su trabajo como tales acaban colocados en consejos de administración de grandes empresas como pago a sus favores? Nos suena esto, verdad, eso que han dado en llamar las puertas giratorias.

Marx también pronosticaba la monopolización del capital, tanto productivo como financiero, que es lo que está pasando en todos los países desarrollados. La famosa teoría de la competencia en demasiados casos se ha convertido en mera palabrería y lo hemos comprobado a lo largo de estos años de crisis donde los precios siguieron subiendo a pesar de la escasez de demanda por los bajos salarios. ¿No habíamos quedado en que bajaban los precios ante la falta de demanda? Unos salarios que siguen en caída libre aunque hablen de recuperación económica. ¿Para quién? También lo decía Marx: el capitalismo crea la pobreza a través del descenso salarial. Se recuperarán los dueños del negocio, pero nuestros salarios jamás volverán a alcanzar el nivel competitivo que tuvieron antes de la crisis del 2007. En teoría, tendrían que tardar algunos años y, al fin, llegar; pero no se les espera. Fundamentalmente porque no serán capaces de ofertar tantos puestos de trabajo que hagan necesaria una subida salarial de la mano de una supuesta competencia. Habrá robots, sistemas de automatización que se encarguen de muchos de nuestros trabajos actuales. Acordaos de la denostada renta básica universal, que ya viene de camino como primer tapón ante el temido estallido social.

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