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José Manuel Castañón

16 Ago

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

José Manuel Castañón fue capitán en la guerra civil española en el bando franquista y posteriormente, combatiente en la División Azul. Tras la guerra, ejerce de abogado en Oviedo. Un día cayó en su mano izquierda (la derecha la había perdido en la refriega) un libro del poeta peruano César Vallejo, quizá Los heraldos negros o Trilce o cualquier otro. Lo que sí estaba era prohibido, por supuesto. Pero Castañón se asomó a un verso, luego a otro y ya no pudo parar. El oficial vencedor pasó la noche en vela leyendo al poeta de los vencidos.

De cómo la poesía de Vallejo revuelve el cuerpo entero de José M. Castañón nos da idea su decisión de renunciar al grado de capitán y pedir que su sueldo de mutilado de guerra sea destinado a un mutilado republicano. Es acusado de subversivo y encarcelado. Allí escribe su primera novela, Moletu-Voleva, o la novela de la locura dolarista. Cuando es liberado se exilia a Venezuela y allí continúa su carrera como escritor. Uno de sus libros más celebrados es Pasión por Vallejo y fue declarado hijo adoptivo de Santiago de Chuco, lugar de nacimiento del poeta peruano. Tras la muerte de Franco volvió a Madrid, donde falleció en 2001.

En pocas palabras, esta es la historia de J. M Castañón. La conocí de la mano de Eduardo Galeano y su maravilloso Libro de los abrazos. (Recomendé su lectura en mi blog no hace mucho. Ver Libros que me gustaron). El Libro de los abrazos es una colección de pequeños relatos en donde mezcla realidad y fantasía y uno no sabe dónde acaba una y empieza la otra ni falta que hace. ¿Hasta dónde es fiel a la historia y qué añade de su cosecha y de su buen escribir? No pude por menos de visitar a mi amigo Google porque no daba crédito ni posibilidad real a lo leído, sino que veía el relato como una invitación a la lectura o un bello cuento de ánimo. Pero, no, la historia es cierta y lo único que desconozco es si cada detalle escrito en El libro de los abrazos se corresponde exactamente con lo vivido o hay alegrías de don Eduardo para cuadrar mejor el cuento.

No es fácil que caiga uno del caballo, como Saulo, y se convierta a una nueva religión o ideología. Menos, a nuestra edad. Vivimos en una sociedad donde las ideas ocupan espacios estancos, herméticamente cerrados y la posibilidad de cambio de orientación, lejos de ser considerado como resultado de una profunda introspección personal y, por tanto, dueña de todos los merecimientos y respetos, es tildada de traición. Y al delator se le retira la palabra y los honores, si los hubiere. También es posible que ese intercambio de campos suceda por otros motivos menos ortodoxos o más espurios, donde el estatus social o económico gane el terreno a las ideas. Allá cada uno.

De cualquier manera, no deja de resultar extraño en grado sumo que un radical de Falange y participante en la División Azul dé un giro tan de circunferencia completa en su ideología por unos versos de César Vallejo. Luego dirán que la literatura no va más allá del pasatiempo, que su influencia en la concienciación de la gente es nula. Casi nula, apostaríamos, porque lo cierto es que no hay norma sin excepción. A cuento de esto, me viene a la memoria unas palabras de Ricardo Piglia en una entrevista periodística –las conté en un escrito anterior- sobre el valor de los libros. Le habían hecho esta pregunta –para qué vale la literatura- en un programa de radio y por más que lo intentaba no recordaba la respuesta. Sin embargo, en medio de ese esfuerzo le llegó la luz, le vino a la cabeza no lo que dijo, sino lo que tenía que haber dicho: los libros sirven para salvar la vida. Seguro que José Manuel Castañón también firmaba estas palabras.

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EUTANASIA

17 Jul

Por Antonio Tejedor. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Luis de Marco, enfermo de esclerosis múltiple, ha decidido que no merece la pena vivir. Abandona porque la vida es una tortura cada día y los dolores son espantosos. Está postrado en una cama sin poder mover nada por debajo del cuello. Por estas razones, Luis, de 50 años y que fue técnico de TVE, ha iniciado una campaña bajo el lema Por el derecho a una muerte digna.

Ha solicitado la sedación extrema como única solución a su tortura, pero los médicos se han negado. Hay que seguir un protocolo y hasta que el equipo médico lo decida en función del estado de la enfermedad no se la concederán. El problema es que los dolores no saben de esperas y atacan cada día.

En España sigue sin estar regulada la eutanasia, la actual legislación no lo permite. El pasado mes de marzo, el Congreso rechazó una propuesta de despenalización de la misma, lo que impide que otra persona pueda ayudarla a morir so pena de ir a la cárcel. Luis conserva intactas sus facultades mentales, pero se le niega la posibilidad de tomar una decisión sobre sí mismo. ¿Quién es el dueño de su cuerpo?, pregunto. ¿Por qué un equipo médico –el grado de sensibilización ante este problema es diferente de unos a otros- decide por él sobre lo que es solo suyo? Aún menos, unos políticos a los que el dolor ajeno les es .valga la redundancia- completamente ajeno y, como más deplorable muestra, la aceptación de una guerra a cambio de petróleo con el consiguiente número de muertos (el ejemplo es demasiado reciente para obviarlo).

El de Luis de Marco no es el primer caso que se da a conocer en España. En la mente de todos está la lucha de Ramón Sampedro por morir con dignidad. La publicidad que se le dio al caso, su aparición en los medios, la no menos famosa película Mar adentro que firmó Alejandro Amenábar, todo contribuyó a que el tema se debatiera. Pero con la iglesia hemos topado. Seguimos teniendo a un dios dueño de nuestras vidas, por lo visto, seas creyente o no. Seguimos teniendo a personas que se atribuyen la potestad de decidir por nosotros. ¿Por qué tengo yo que dar cuenta a nadie si mi decisión solo me concierne a mí?

Para casos de enfermos terminales que sufren dolores terribles parece ser que ya casi nadie reniega de la sedación; aunque aún queda quien lo considera un asesinato en vez de una salida compasiva y digna ante los dolores insoportables, cuando ya no hay posibilidad de curación. Nadie quiere morir, pero cuando la enfermedad te desahucia, ¿quién quiere sufrir inútilmente? ¿Quién quiere ver sufrir a sus seres queridos? No puedo por menos de transcribir unas palabras del propio Luis de Marcos: ¡Yo adoro la vida! ¡La adoro! he disfrutado muchísimo de ella, pero ahora, con 50 años, postrado en una cama desde hace casi cuatro y con unos dolores que ni la morfina consigue controlar quiero poder descansar. Dejar de sufrir. Y sé que no soy el único. Hay muchos más. Y podría ser cualquiera…

Señores políticos: respeten el derecho a decidir de una persona sobre sí misma y regulen la eutanasia. Obligarlos a sufrir cuando ha desaparecido toda posibilidad de curación es solo una muestra de sadismo. Aunque pueda parecer impertinente u oportunista, les pregunto: ¿lo harían con su madre, su hijo, con usted mismo?

Luis de Marco pide una firma de apoyo. Aquí dejo la dirección, para el que lo desee.

https://www.change.org/p/mariano-rajoy-por-la-legalizaci%C3%B3n-de-la-eutanasia-que-luis-de-marcos-pueda-morir-dignamente/sign?utm_source=action_alert_sign&utm_medium=email&utm_campaign=772588&alert_id=UyogWTrTMx_ZKaR3QPOrYWp0baY1M9j14FGfBaBodg8QWOHJX4Dmqg%3D
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Carlos Marx, el vidente

20 Jun

Por Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

La lectura de El capital, de Carlos Marx, es algo de lo que no puedo presumir. Me he limitado a resúmenes y extractos que pueden dar una idea general, pero que no conceden la aureola de marxista. En cambio, El manifiesto comunista, sí, y más de una vez. No es suficiente, lo sé, para escribir sobre el tema y por tanto me limito a una opinión muy somera y a transcribir de forma más o menos libre lo que personas más entendidas han escrito.

Voy leyendo por ahí y no puedo por menos de asombrarme de la capacidad de vaticinio de Don Carlos con más de 100 años de antelación; lo llamo vaticinio y no casualidad, porque él hizo un análisis y, como consecuencia, predijo una situación, la que padecemos ahora. Lo curioso del tema es que a esta conclusión no ha llegado el Partido Comunista ni ha sido él quien la ha sacado a la luz. Tampoco ha sido algún ideólogo de la izquierda, un bolchevique irredento o un antisistema radical, sino un columnista del periódico más liberal, el inglés The economist y que el profesor Vincenç Navarro publica en su blog del diario Público. Esto es lo que nos cuenta.

Una predicción de Marx aseguraba que la clase capitalista, los dueños y gestores del capital productivo, sería sustituida por los propietarios y gestores del capital especulativo y financiero. El propio columnista de The economist los considera elementos parasitarios de la riqueza creada por el capital productivo y además, los culpa del escandaloso crecimiento de las desigualdades, cada día mayores en el mundo. Tal cual lo dice The economist y si lo repito es porque a algunos no les cabrá en la cabeza, lo sé muy bien. Otra de las predicciones de Marx alertaba de las funestas consecuencias de la estrecha unión entre poder económico y poder político. ¿Cuántos políticos al finalizar su trabajo como tales acaban colocados en consejos de administración de grandes empresas como pago a sus favores? Nos suena esto, verdad, eso que han dado en llamar las puertas giratorias.

Marx también pronosticaba la monopolización del capital, tanto productivo como financiero, que es lo que está pasando en todos los países desarrollados. La famosa teoría de la competencia en demasiados casos se ha convertido en mera palabrería y lo hemos comprobado a lo largo de estos años de crisis donde los precios siguieron subiendo a pesar de la escasez de demanda por los bajos salarios. ¿No habíamos quedado en que bajaban los precios ante la falta de demanda? Unos salarios que siguen en caída libre aunque hablen de recuperación económica. ¿Para quién? También lo decía Marx: el capitalismo crea la pobreza a través del descenso salarial. Se recuperarán los dueños del negocio, pero nuestros salarios jamás volverán a alcanzar el nivel competitivo que tuvieron antes de la crisis del 2007. En teoría, tendrían que tardar algunos años y, al fin, llegar; pero no se les espera. Fundamentalmente porque no serán capaces de ofertar tantos puestos de trabajo que hagan necesaria una subida salarial de la mano de una supuesta competencia. Habrá robots, sistemas de automatización que se encarguen de muchos de nuestros trabajos actuales. Acordaos de la denostada renta básica universal, que ya viene de camino como primer tapón ante el temido estallido social.

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De la progresía y otras hierbas

31 May

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

El control de los medios de comunicación social permite a cualquier tipo de poder desde adoctrinar hasta mentir, a conveniencia, y por el camino seguir los pasos intermedios de formar, informar y entretener, que es para lo que se supone deberían existir. La manipulación y tergiversación de los hechos es tan frecuente que se ha dejado de tener por pecado.”Sufro como un perro al leer la prensa”, decía García Márquez, que había sido periodista en su Colombia. Y para el que quiera profundizar en el tema le recomiendo un libro de Umberto Eco, Número Cero, en el que desentraña los entresijos de la prensa.

Prensa escrita, televisión, redes sociales… A través de ellas, cuando interesa, deforman. Empezando por las palabras. Las exprimen, las retuercen, las mezclan y cuando queremos darnos cuenta de su significado original no hay noticias. La manipulación del lenguaje es uno de los logros del poder y a través de él nada se les pone por delante a la hora de defender las cuestiones más peregrinas sin importarles -¡faltaría más!- cualquier contradicción de orden ético o moral. De esta manera son y han sido capaces de llamar intervención a la invasión de un país, o misión humanitaria a una guerra o, en plan más casero, regularización de activos a una amnistía fiscal. No es difícil encontrar discursos en los que se retuercen los hechos más injustos y terribles para que puedan ser digeridos con facilidad.

En otras ocasiones, esta contorsión del lenguaje se hace al revés; es decir, palabras amables y que suenan bien al oído se ensucian o convierten en chistes, las distorsionan y hacen pasar por norma cuando son solo excepciones y al cabo, acaban desprestigiadas y por el suelo. Esto es lo que ha pasado con la palabra progresista. De entrada, la han cercenado, la han cortado a progre y al progre lo han vituperado hasta dejarlo en un personaje, cuando menos, anacrónico. Mal visto, sujeto a cualquier chascarrillo. Y a cualquier insulto o desprecio cuando la cabeza no da para una razón (lo que sucede con bastante frecuencia). Han restringido su significado a una política y a una época. Este es el concepto que generalmente se tiene de la palabra progresista.

Pues bien, en defensa de la palabra y de cuantos se adhieren a ella y a su significado real y auténtico, tengo que recordar que progresista es un antónimo de conservador. O sea, una persona de ideas y actitudes avanzadas. En todos los órdenes de la vida, no solo en el ámbito de la política y la sociología. Una persona que no se conforma y pretende mejorar su vida y la de cuantos conviven a su alrededor. Sin atropellar a nadie, de forma legal y justa. No es un pura raza, por supuesto, y ninguno ha sido elevado a los altares. Es posible que los hechos no siempre sigan a las palabras, que haya poses, un poco de teatro. Lo de la viña del señor, que además de todo, también admite picaresca. Muchos se han quedado por el camino, perdieron la chaqueta de pana y ahora lucen bañadores Vilebrequin sobre la cubierta del yate. Pero todos tienen derecho a cambiar. Allá cada cual con sus razones.

La esencia del conservadurismo reside en mantener lo que se tiene, posesiones, ritmo de vida, tipo de sociedad. Están satisfechos y se niegan a que las cosas cambien. Recelan de cualquier novedad porque piensan que les va a perjudicar; eso sí, como suelen disponer de dinero, compran esos inventos si pueden rentabilizarlos. Ese es su auténtico dios y el baremo de todas las cosas: el dinero. Si no hay ganancia por medio, cualquier cambio puede esperar. Simplificando (que es gerundio) lo que produce dinero es bueno y lo demás no tiene sentido o es muy secundario. Solo si hay previsión de dinero se puede aceptar el cambio.

Por supuesto que el progre de chaqueta de pana y pelo largo ha desaparecido. Mejor dicho, ha desaparecido una estética, que es una de las múltiples formas de manipulación, la de querer convertirlos en una moda, y como tal, pasajera. La persona progresista es, fundamentalmente, una persona crítica, no obediente by default, la que exige participación y transparencia en la gestión pública, la que lucha por mejorar las condiciones de su vida y la de cuantos conviven a su alrededor. Quienes defienden la escuela y la sanidad pública, gestionada sin corrupción y bajo pautas económicas y sociales –está bien que exista la privada, pero que la pague- o unas pensiones dignas en vez de la falacia de los planes de pensiones son progresistas. Quienes pretenden una justicia justa y no mangoneada por ningún partido político, son progresistas. Quienes se enfrentan a los abusos de bancos y eléctricas, por poner ejemplos claros y cotidianos, también son progresistas. De igual manera, también lo son los que luchan por la igualdad de la mujer en todos los ámbitos, los que defienden la no discriminación por razón de sexo, raza, religión o quienes protestan contra las atrocidades empresariales que destrozan el planeta. Los que se opusieron a la guerra, incluida la de Irak y tras la cual han llegado los terribles atentados terroristas del Daesh o Al Qaeda también son progresistas.

Y así podríamos continuar con infinidad de temas. Sin que exista, repito, la pureza de raza. Porque se puede ser progresista en unos temas y conservador en otros. Y tampoco está reñida la progresía con mantener un tipo de vida digno, que ojalá pudiera llegar a todos. Lo que no hará un progresista es sostener con su voz y su voto un gobierno corrupto y que utiliza la justicia en su beneficio como personas y como organización.

Susanita tiene un ratón

24 May

Por Antonio Tejedor. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Un ratón, chiquitín…., cantaba Miliki.

Y tan chiquito. No ha asustado a nadie, más allá de algún niño repipi y despistado. Y eso que intentó darle un toque de fiereza con las fotos de cada barón en la punta de cada pelo del bigote. Pobre animalico. Lo que daba miedo era la foto, no el ratón. Guerra, Zapatero (¡qué desilusión!), Rubalcaba y los “baronitos” de hoy bajo el manto sagrado de san Felipe González, allá en el cielo de los millonarios arengando a sus huestes de descamisados en la tierra. Se os ha pasado el arroz, señores. Y de paso, nos habéis proporcionado un signo de esperanza. Débil, no voy a negarlo. Pero ante la negrura del panorama, nos agarramos a un Pedro ardiendo. Dudo que haya a la vista alguna posibilidad de que este país se regenere (un poco) y que los corruptos paguen lo que han robado con la devolución del dinero y con cárcel, si así está tipificado en las leyes. Pero, por si acaso, otro santo al que solemos agarrarnos Soy consciente de que la economía tampoco va a cambiar un ápice más allá de algún toque a esta ley o la otra, siempre que no estropee demasiado el hato de las empresas. Hablaba simplemente y nada menos que de moralidad, de altura democrática. A corto plazo (y me temo que a largo) no podemos aspirar a mucho más.

¡Qué palo se ha llevado esta banda! A estas horas los imagino bajo la tierra, que habrá hecho caso a su grito de “trágame” y los ha engullido. Ellos, que se creían dueños y señores del voto y la confianza de las bases, ¡abandonados! ¡Qué desilusión! Quiero hacer un brindis por la militancia socialista (aunque discrepe de muchas de sus ideas) porque han demostrado capacidad de crítica y que no se pliegan al discurso vacuo y falto de enjundia del líder. Y no es la primera vez que lo hacen. Se equivocarán o no, pero deciden ellos. ¡Mira que si las bases peperas se rebelan igualmente y en un ejercicio ético de altura deciden no votar a sus corruptos! Jo, eso sí que sería un milagro.

El partido socialista es el único de los de su nombre en Europa que, mal que bien, va resistiendo los embates del neoliberalismo a pesar de los intentos de su gerentocracia de desideologizarlo y convertirlo en un adlátere dócil del capitalismo que nos domina. Por todo esto y unas cuantas razones más, la victoria de Pedro Sánchez / derrota de Susana, la sultana, nos trae un rayo de esperanza. Chiquitína, como el ratón, pero algo es algo. Solo por esas nefastas declaraciones de que la indignación de los españoles venía a cuenta de que no podían aspirar al chalet en la playa es para que te manden a freír espárragos. Susana, no tienes ni idea de lo que es un obrero de la construcción o del campo o de un taller o una dependienta. Anda, deja de hacerte fotitos con el torero que pasa o la folclórica más cercana y habla con esos obreros. Pregúntales a qué aspiran, qué desean, qué es para ellos lo importante. Lo tuyo, ya lo sé, es codearte con la gente de bien que, como tantos, confundes con la gente de dinero. Y no son necesariamente sinónimos. Y qué falta de elegancia, la tuya, sultana! Si tuvieras un mínimo sentido de la democracia, te hubieras esperado, hubieras felicitado a Pedro Sánchez y mostrado tu apoyo. ¡Qué menos! Es tu compañero de partido, no tu adversario, no es Rajoy o Iglesias. Has quedado a la altura del barro.

Veo la foto de Susana con toda esta baronía y aún me enrabieto más. ¿Estos son a los que las huestes del PP han estado denostando y poniendo a parir durante años? ¿Estos son a quienes odiaban, amenazaban de muerte, insultaban y maldecían? ¿Estos barones eran sus enemigos? ¿Estos eran a quienes acusaban de chalanear con los terroristas, a quienes tachaban de bobos solemnes, radicales, putas baratas y cien barbaridades más? La altura del teatro en España está por las nubes, no hay duda.

Urge la limpieza del país, Susana, y tú no estás por la labor. Una limpieza a fondo, que no quede ni un átomo de mugre. Con mis reparos, pero bienvenido, Pedro

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Era post-trabajo

16 May

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Cada día suenan voces más altas y más autorizadas sobre un futuro en el que el trabajo no será la actividad primordial del ser humano. Habrá trabajo, por supuesto, pero no será masivo. Eso que hemos ido persiguiendo desde tiempo inmemorial, el pleno empleo, ya nadie lo nombra. No existe y aún menos existirá. La tecnología que disponemos en la actualidad y la que dispondremos, como en su día sucedió con la revolución industrial, descargará la faena sobre las máquinas, los robots y los elementos de automatización. Y no es cuestión de repetir el error de los ludistas británicos que se dedicaban a romper los telares industriales pues, decían, acabarían con el trabajo de los artesanos. ¿Qué hemos de hacer? Cruzarnos de brazos y esperar a que nos lo den hecho sería un desastre que pagarían futuras generaciones. El futuro hay que inventarlo, nada está determinado ni a nivel social ni a nivel económico.

Hablo de un futuro a corto plazo, a unos quince o veinte años. El empleo caerá en picado, que nadie se lleve a engaño. Los supermercados funcionarán sin cajeras, los bancos y las oficinas sin personal, los trenes y otros medios de transporte sin conductores, las escuelas sin apenas maestros o los hospitales con muchos menos médicos. El progreso tecnológico llegará a todos los ámbitos y, tal como ha ido trayendo la desaparición de trabajos típicos de una clase media, las nuevas tecnologías se llevarán por delante trabajos de más baja cualificación y peor remunerados. Más ahorro de costes. ¿Alguien se extraña de que exijan a los robots cotizar por cada puesto que eliminen? Porque de algún lugar ha de salir el dinero. O bien se fabrica, se distribuye y en paz. ¿Alguna otra alternativa? Resulta curioso que la famosa renta básica universal haya dejado de ser patrimonio de la izquierda, que ha introducido su discusión ante la imposibilidad de obtener un trabajo remunerado para todos y haya entrado en los salones principales. ¿Saben que hasta en Davos, mítico pedestal del poder real a escala mundial, se ha comenzado a hablar de la renta básica? No sé de qué manera la intentarán camuflar para que no parezca lo que es, pero no tardaremos mucho tiempo en verla: cualquier cosa con tal de que no se rebelen. Lo cual implica que los medios de producción permanecerán en las mismas manos. Y ahí estará la batalla futura, en el intento de democratizar los beneficios del progreso. Si no se logra, la sociedad del Gran Hermano caerá con todo su peso.

Hoy en día, el capitalismo ya no puede satisfacer la demanda de trabajo de la humanidad, ni siquiera con ideas alternativas tipo trabajo temporal, freelance, tiempo parcial y similares. El trabajo que antes de la crisis hacía un trabajador ahora lo hacen dos. Como mínimo. Olvídense del trabajo para toda la vida, del trabajo seguro. Si en un tiempo perdió su carácter divino y más tarde dejó de ser el camino de realización personal y un deber moral, pronto se convertirá en algo residual, un premio para los más activos y quizás más obedientes. Apenas habrá funcionarios. Tras la masacre obrera de Chicago en que forzaron la jornada laboral de 8 horas hace ya más de 100 años, se ha continuado reivindicando la de 40 semanales y alcanzar la de 20 será posible sin tardar mucho. Hay quien asegura que podríamos vivir en una sociedad casi sin trabajar, que la tecnología actual lo haría posible si cambiaran las relaciones sociales. Y que podríamos hacerlo sin bajar nuestro nivel de vida. Lo bueno es que no tendremos que detraer tiempo para gobernar la república de nuestros amigos, nuestras aficiones, nuestros amores. Pero habrá inconvenientes difíciles de soslayar. Uno de ellos, el aburrimiento. Demasiada gente no sabe qué hacer con el tiempo y no sé si el fútbol, el móvil y la Netflix darán juego para tantas horas muertas.

El problema grande sigue en el mismo lugar que hasta ahora. Dejamos el futuro en manos privadas o le otorgamos al poder público la capacidad de control sobre lo que se automatiza, en qué tecnologías se invierte y cuales se utilizan. That`s the question, que dijo Shakespeare. Señores, entramos en la sociedad del post-trabajo, a ver cómo nos las arreglamos

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Geoffrey Hinton, el científico que propone la renta básica universal

La solución es cambiar el sistema político de forma que cuando se crea más riqueza, porque las maquinas son más eficaces, esa riqueza se reparta

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Geofrey Hinton

Geoffrey Hinton no es un científico cualquiera, es el padrino de la inteligencia artificial, y cuyas opiniones son hoy en día muy valoradas en el ámbito científico. Si una cosa tiene clara es que la responsabilidad de lo que hagan las máquinas no es de los científicos, sino de los políticos. Las máquinas, dice, son tan inteligentes para realizar muchos de los trabajos actuales, de forma que la gente se queda sin empleo. Que las máquinas puedan hacer trabajos empleando menos gente es intrínsecamente más eficaz, y debería ser bueno para la gente. Y lo que queremos es que sea mejor para toda la gente y no solo para unos pocos, estando la solución en manos de los políticos y son los políticos quienes deben resolverlo. Y los políticos pueden hacerlo implantando la renta básica universal como única solución a la perdida de trabajos por los robots, con lo que estoy a favor de eso, dice. Porque lo que es seguro es que no puedes detener el progreso. La solución es cambiar el sistema político de forma que cuando se crea más riqueza, porque las maquinas son más eficaces, esa riqueza se reparta. Afirmando, que necesitamos verdaderos líderes políticos, y que a la gente le gusta pensar que si las cosas van mal es por los líderes políticos, en lugar de pensar en términos de sistemas. Es el sistema social y sus dinámicas lo que deberíamos entender y organizar para que funcione bien.

Para Geoffrey Hinton, hoy en día para encontrar trabajo es más fácil si estudias redes neuronales. Pero si quieres cambiar el mundo, estudia ciencias sociales.

Geoffrey Hinton, nació en Londres en 1947. Estudió Psicología Experimental en Cambridge. Sumergido en las claves de nuestra mente, decidió que podía replicarlas y llevarlas a la computación. Se inspiró en la biología para programar y creó lo que se llama “redes neuronales”, considerándosele el “padrino” de la inteligencia artificial. Se le considera un genio, un visionario, fijándose en él Silicón Valley. Investiga, desarrolla y aplica sus conocimientos científicas en Google, en asistentes virtuales, en los traductores simultáneos, en el reconocimiento de imágenes, en el predictor de palabras, en los coches sin conductor…

Origen: Conazento

Una golondrina no hace verano

25 Abr

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Siempre me ha llamado la atención el gran número de imágenes creativas con que quieren –queremos y querremos- dar apoyo a la lectura, buscar posibles aficionados hasta debajo de las piedras y donde no haya posibles sacarlos de la nada con algún tipo de arte aunque se ribetee con tintes de magia. Leer, además de un entretenimiento, es el principio del saber y del pensar; es tratar de conocerse a uno mismo que es, en palabras de Cervantes, el más difícil conocimiento que puede uno imaginarse; es aceptar la sabiduría de los demás y empezar a filtrarla por el tamiz de las propias capacidades, que serán mayores a medida que nos impregne esa capa externa de la cultura de los otros. Leer es, también, un acto de humildad en este mundo de soberbios, donde demasiada gente se cree superior al resto del género humano por razones que, siendo prudentes y considerados, llamaríamos simplemente espurias. Allá ellos. Yo me siento feliz con un libro en la mano.

Ayer, día del libro, quizás fuera el menos indicado para esta glosa de la lectura por lo repetitivo del tema y la ingente cantidad de noticias referidas a ella. Llega a abrumar, esa concentración de datos, entrevistas, opiniones, informes, imágenes. Todo en veinticuatro horas. El resto del año, casi un desierto. Este es el drama de ese invento del día de… Parece una simple justificación, un ponerlo para que se callen y no digan en vez de ser una forma de potenciar el libro. Una golondrina no hace verano, dice el refrán. Lo sé y lo saben. Quienes deberían convertir este día del libro en todos los días un libro, todos los días unas páginas de ese libro, lo saben. Pero no debe interesar. Vale, quitémosle el debe: no interesa. Parafraseando a Arquímedes, diríamos que toda lectura sumergida en una sociedad experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de la ignorancia desalojada. Lava de volcán. La lava quema, claro. Quema esa ignorancia, atempera las emociones, calma las pasiones, permite una discusión civilizada, pero con razones suficientes como para defender el punto de vista de cada uno. Ah, esa diversidad, ese alejamiento del pensamiento único, esa dificultad para convencer al que tiene otras ideas, esa ansia por la imposición. Es más fácil trabajar con las emociones, qué duda cabe, tocar la fibra sensible que distraiga el objetivo, que oculte los razonamientos. La lectura los potencia y ese es el problema.

Pero como decía Henry Ford, el último dólar me lo gastaré en propaganda, en airear la necesidad de leer, de pensar, de saber. Aunque solo sea para que no me engañen.

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