¿Y si Rajoy no fuese un caballo, sino un jumento?

Ramiro GRAU MORANCHO

Ramiro Grau Morancho

Ramiro Grau Morancho

El todavía presidente del Gobierno aspira a ser el caballo ganador de las próximas elecciones generales.

El pobre ha perdido definitivamente el norte, y se cree las mentiras y medias verdades que le filtran sus decenas de asesores, estupendamente pagados, por otra parte, pero que son la inutilidad en persona.

El PP tiene muy difícil, por no decir imposible, ganar las próximas elecciones generales, y caso de que las gane, será por la mínima, y con una total imposibilidad de poder gobernar, ante la alianza de los partidos de izquierdas en su contra.

Y ello contando con el previsible apoyo de Ciudadanos, cuyos resultados electorales, tanto en las elecciones autonómicas como municipales, en todo el Estado Español, no han sido precisamente para echar cohetes…

¿No será que el PP en lugar de apostar pon un caballo ganador lo ha hecho por un jumento? Dicho sea con el debido respeto, en términos de crítica política, y sin ánimus injuriandi, que no es mi estilo, aunque como buen aragonés, me gusta decir las cosas con claridad.

Rajoy ha cometido muchos y graves errores, que han motivado la pérdida de dos millones y medio de votos para el PP, entre otros el mío. Voy a reseñarlos brevemente, sin ánimo de ser exhaustivo:

  1. Se ha rodeado de tecnócratas, que son incapaces de transmitir lo que hacen. Seguramente son buenos gestores, bastante mejores que los del PSOE, por ejemplo, pero son los típicos funcionarios de altos cuerpos funcionariales, altivos, que acostumbran a mirar a todo el mundo por encima del hombro… ¿Qué otra cosa se puede esperar de un registrador de la propiedad, no sabemos si en excedencia o en activo, que hay opiniones para todos los gustos?
  2. No ha querido, no ha sabido o no le han dejado hacer los cambios que la mayoría absoluta que recibió en 2011 demandaba: reforma de las administraciones, reducción del gasto público, con supresión de miles de ayuntamientos y de todas las diputaciones provinciales, etc.
  3. A pesar de la crisis, de la falta de actividad económica e incluso de dinero para hacer frente a los gastos fijos correspondientes, no ha querido reducir el número de empleados públicos, ni siquiera de los varios cientos de miles a los que se podía echar sin problema alguno: interinos, contratados temporales, personal de confianza y eventual, asesores, etc. No sólo eso, sino que el balance actual es de aumento del número de empleados públicos, que se acerca peligrosamente a los cuatro millones de personas…
  4. Tampoco se ha reducido significativamente el número de empresas públicas, de las diversas administraciones, que estaba en más de dos mil quinientas, que se dice pronto, y que mucho nos tememos seguirá siendo superior a las dos mil empresas. La mayoría deficitarias, por no decir ruinosas, pero que son el sitio ideal para colocar a los amiguetes, familiares, correligionarios, queridas y queridos, que de todo hay.
  5. El PP ha traicionado a sus votantes, entre ellos el que suscribe, negándose a reformar “la ley Aido” que permite el aborto generalizado, como un “derecho”, incluso a las chicas de 16 y 17 años, sin necesidad del conocimiento y la autorización previa de sus padres o tutores legales.
  6. La cobardía, deslealtad e inanición frente al “problema catalán”, al que su actitud de pasotismo no ha dado más que alas… Rajoy debería ser argentino, pues nunca se preocupa por nada. Los argentinos dicen que si un problema no tiene solución, para que preocuparse, y si tiene solución, pues que no hay que preocuparse… Claro que así les va.
  7. El pasotismo, el mirar para otro lado, cuándo no la complicidad o el encubrimiento de la doble financiación del PP, la legal y la ilegal, con la caja B, la supuesta fortuna de Bárcenas –o del PP-, los centenares de cargos públicos detenidos por casos de corrupción, y esa vis atractiva hacia la apropiación indebida del dinero pública, cuándo a la población se la exprime cada vez más… Y todo ello adobado con las sorprendentes declaraciones de las dos abogadas del estado, a cuál más imbécil, diciendo que no se podía hacer más contra la corrupción, o que los otros aún son peores.

Todo ello con prepotencia, engreimiento y altanería, como corresponde a miembros de tan selecto club de abogados del estado (la mayoría de los cuáles ejercen la abogacía fuera del cuerpo, dicho sea con todo respeto, por no hablar de los que simultanean ambos ejercicios, que es algo que nunca he entendido).

Yo he sido fiscal sustituto, pero nunca se me hubiera ocurrido –ni creo que mis superiores lo hubieran permitido- que por la mañana acusara a los delincuentes, y por la tarde les defendiera en mi despacho particular, cuál sucede con muchos abogados del estado…

En fin, no sigo, que estoy cansado y desanimado. ¡Y lo triste del caso es que el PP es lo menos malo que tenemos hoy por hoy en la política española! Imagínense ustedes como serán los demás. Yo, por si acaso, voy a renovar el Pasaporte, que lo tengo caducado…, por si hay que salir por piernas, si gana las próximas elecciones el nuevo frente popular, con el revanchismo histórico –o histérico, que no estoy muy seguro-, a flor de piel.

Claro que si gana el PP habrá que entonar aquello de: ¡al suelo, que vienen los nuestros!

Abogado, Profesor Universitario de Derecho y Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. http://www.ramirograumorancho.com

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