Los ratones de lo contencioso administrativo

Por Diego Fierro Rodríguez. Abogado y articulista

Diego Fierro Rodriguez

Diego Fierro Rodriguez

En los juzgados de lo contencioso-administrativo de Madrid han aparecido ratones. Por este hecho puede comprobarse fácilmente que las condiciones higiénicas con las que trabajan los empleados públicos en esos órganos jurisdiccionales no resultan adecuadas para las labores que deben desarrollar.

No es la primera vez que hay roedores en las dependencias de esos órganos. Con anterioridad, ya habían aparecido, aunque, tras algunas actividades de limpieza, se entendió que habían desaparecido totalmente, pero de forma errónea por lo que puede comprobarse fácilmente.

Además de ratones, se ha podido saber que en algunas oficinas judiciales hay otros especímenes, que constituyen un interesante ecosistema formado por diversos insectos. Sin embargo, no parece que se estén impulsando medidas contundentes para cambiar la situación.

Ya tienen los jueces de lo contencioso-administrativo, los letrados de la Administración de Justicia y otros profesionales, como los auxiliares, los tramitadores, los gestores, los abogados y los procuradores, bastantes cosas que soportar de los entes administrativos en los procesos judiciales, siendo cierto que es la Administración de la Comunidad Autónoma el ente que deje proporcionar a los órganos judiciales los medios materiales y personales para trabajar. No deberían sufrir los especialistas las inadecuadas circunstancias relacionadas con la salud por la mala gestión de la Administración Pública competente, que tiene que ajustar los aspectos de prevención de riesgos laborales en relación con el artículo 14.1 de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de prevención de Riesgos Laborales, que establece que “Los trabajadores tienen derecho a una protección eficaz en materia de seguridad y salud en el trabajo”, que “El citado derecho supone la existencia de un correlativo deber del empresario de protección de los trabajadores frente a los riesgos laborales” y que “Este deber de protección constituye, igualmente, un deber de las Administraciones públicas respecto del personal a su servicio”.

Debe pensarse en los ciudadanos y en la visión que pueden terminar adquiriendo de la Administración de Justicia en general y de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa en particular. La sociedad tiene que beneficiarse de un servicio público esencial que debe desarrollarse de un modo adecuado en lo que a los aspectos materiales y formales se refiere. Este hecho implica que un juzgado no parezca ser un sitio que inspire terror o repugnancia.

Acudiendo a la ironía, es posible pensar que lo que se quiere es que los ciudadanos huyan de los juzgados de lo contencioso-administrativo y que no acudan a la vía judicial para impugnar los actos administrativos. Los ratones son un buen medio para cumplir ese objetivo, aunque la mejor noticia seria que eso no dejara de ser, simplemente, un mal chiste.

Diego Fierro Rodríguez es licenciado en Derecho y colaborador de diversos medios de comunicación
A %d blogueros les gusta esto: