Todo atado y bien atado por Celaya

Por Delia Gil

Delia GilEstá claro que en el año 2000 no se acabó el mundo, pero sí que algo tocó el cerebro de los políticos, algo que les hizo aumentar su codicia, su deseo de poder, su corrupción, su violencia y sus ansias de acoso y derribo de la gente; en definitiva se convirtieron en seres muy, pero que muy desalmados. Y no sólo tocó a los políticos, sino también a los sindicatos y a cualquiera que tuviera un puesto de poder por pequeño que fuera.

Fue poco después del cambio de siglo que los socialistas, con la Noeno al frente, empezaron a desgraciar la sanidad pública de Aragón. De eso hace, ahora ya, unos cuantos años y cada año que iba pasando la situación iba empeorando, hasta llegar al caos total que tenemos ahora.

Estaban decididos, los socialistas de Aragón, a desmantelar la sanidad pública e ir preparando el cambio a la sanidad privada y de paso obtener, ellos, pingües beneficios.

Estaban resueltos a convertir la enfermedad de la gente en el negocio más lucrativo del siglo XXI y que toda la riqueza fuera a parar a sus bolsillos y al de sus amigos.

Fue el Sr. Aldámiz, Gerente del hospital de la ciudad del Opus, el encargado de los prolegómenos de la formación del Consorcio Aragonés de Salud.

Fue Aldámiz quien habló con el alcalde de Fraga para hacerle partícipe del negocio. Ahí comenzó todo.

Y desde entonces los socialistas han trabajado, sin pausa ni compasión, para convertir nuestro derecho constitucional a la salud en un gran negocio para ellos. Siendo la mayor perversión del sistema, la transferencia constante de dinero público a centros privados que hacen negocio con la salud. Enriqueciéndose, estos centros, gracias a la derivación financiada con los presupuestos públicos. Es decir nos roban para enriquecerse ellos.

El primer Gerente del Consorcio fue, precisamente, Celaya. Allí lo envió la Noeno, después del desastre que montó con la epidemia de legionela del Clínico. Así que fue él quien montó los cimientos del CASAR.

Allí siguió con sus técnicas tiránicas para beneficio suyo y de sus amigos. Nadie sabe todos los chanchullos que allí montó, porque no quiere que salgan a la luz.

Pero lo que sí sabemos es el caos que organizó en el CASAR con su gestión del personal y del presupuesto. Celaya es un inútil, incapaz de dirigir bien nada, pero precisamente por eso le era tan útil a la Consejera.

No siguió ninguna ley, ni norma, para contratar al personal y así pudo meter a sus amigos, gente que era de su cuerda y que allí se instalaron para siempre. Aparte, para que le saliera todo redondo, acosó a gente que llevaba años trabajando en el lugar y que criticaban sus maneras, o simplemente que no eran de su cuerda.

De la parte económica poco sabemos, sólo que al final el CASAR tenía un agujero de unos veinte millones de euros aproximadamente. Pero del negocio que tenían montado y de quien se ha llevado el dinero, durante todo el tiempo que duró el consorcio, no sabemos nada de nada.

Y Celaya volvió, y volvió decidido a acabar de rematar la faena que él empezó: la de llenar su bolsillo y el de sus amigos. Y volvió a instalar a sus amigos, entre ellos a Aldámiz, en puestos de gran categoría, para que le ayudaran con la faena.

Han regresado, decididos a exprimir la vaca pública para alimentar la vaca privada. Decidido Celaya a seguir con el caos que él comenzó. Decidido a volver la Sanidad del revés.

Pero vivimos, en teoría, en una democracia y los ciudadanos son los que pagan. Y en una democracia el que paga tiene derecho a saber en qué se gasta su dinero.

Y por tanto los contribuyentes le decimos: ¡Explíquese Sr. Celaya! ¡Cuéntenos en qué se ha gastado el dinero de todos! ¿A quién le ha regalado nuestro dinero? ¿En qué condiciones han quedado los Centros del Casar? ¿Qué se hace en ellos?

Despeje nuestras incógnitas y si no: ¡Qué se vaya Sr. Celaya!

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