Son unos mentirosos, liantes y peligrosos (II)

Delia Gil. Médica y autora de una serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Así son el Jefe, mis pseudocompañeros y todos los Gerifaltes del Salud, Celaya incluido.

¡Y con la Consejera Noeno se hicieron los expedientes!

Ella es la gran mala de esta gran película de despropósitos que es el Salud. Antes de ella, se abrieron algunos expedientes, es verdad, pero normalmente no se ensañaban con los expedientados y muy pocos llegaban a suspender, de trabajo y sueldo, más de seis meses.

Pero Noeno descubrió el gran potencial que tenia, para ella y para los intereses de su equipo, los expedientes y a ello dedicó la mayor parte de su tiempo.

Se dio cuenta de que era una buena manera de apartar de su puesto de trabajo a aquellos que la molestaban, o criticaban las malas artes que ella y su equipo practicaban y eso sin que les costara ni un euro.

Noeno es la gran “REINA DE LOS EXPEDIENTES”.

¡Y con la Noeno topé!

A la consejera Noeno acudí en busca de ayuda, cuando me di cuenta que me estaban haciendo mobbing y mi situación ya comenzaba a ser insoportable para mi. A ella envié mi primera denuncia de acoso laboral.

¡Craso error!, como se ha visto después.

Según Nora Rodríguez, pedagoga: “Cualquier persona que sea o haya sido víctima de hostigamiento psicológico en el lugar de trabajo sabe que una de las cosas que más le preocupa a un acosador es ser desenmascarado y censurado, y no porque se sienta culpable. Sus verdaderos temores son tanto que se le descubran las mil y una caras de su debilidad (rabia, envidia, deseos de venganza, impulso de humillar…) como carecer de apoyos para lograr lo que desea. Como es lógico suponer, si tiene la suerte de trabajar en una empresa deficientemente organizada, no le resultará complicado encontrar coartadas perfectas para justificar su… ¿cobardía?”

La Consejera no tenía la menor intención de arreglar mi situación. Es más, sabía perfectamente como resolver el asunto; era fácil: echarme a la calle, robarme mi plaza de trabajo.

Y el asunto fue transmitido al Director, para que aumentara la presión sobre mí hasta que yo no pudiera soportarlo más y me fuera por mi propia voluntad. Pero en caso de que yo resistiera mucho tenían un as en la manga: “el expediente”.

A partir de entonces, entre el Jefe y el Director, empezaron a complicar aún más mi trabajo. Me pusieron trampas, me ninguneaban, me engañaban y me montaban líos para que yo no pudiera cumplir con mi trabajo.

Pero necesitaban más gente implicada, para asegurarse que todo saldría como ellos querían, y el Jefe organizó a todos mis pseudocompañeros en mi contra y tuvieron reuniones, a las que por supuesto yo no estaba invitada, para coordinar todo lo que dirían y harían para torturarme.

Todos, como un gran equipo, se compincharon para robarme la plaza.

Y empezaron los dimes y diretes y ya sabéis que cuando se extiende un rumor es difícil pararlo. Pero si en algo son expertos los acosadores es en el arte de la mentira y la manipulación; de hecho, las mentiras son su mejor arma de trabajo.

Como dijo un sabio: “miente, miente y miente, que algo queda”. En mi caso mucho quedó; la mentira les ha servido para quitarme la plaza.

Y es que, como dijo el escritor Pio Baroja: “A una colectividad se la engaña siempre mejor que a un hombre”

Y empezaron las insinuaciones de que yo estaba loca.

 

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