Repito: ¡QUE SE VAYA, SR. Celaya!

Por Delia Gil

 ¿Cómo puede dirigir un ser tan amoral, que no persona porque carece de alma y de razonamiento moral, un asunto tan delicado como es la Sanidad pública? ¿Cómo puede un idiota moral, que sólo quiere destruir la sanidad que pagan los ciudadanos, estar al frente de lo que se quiere cargar? Porque es evidente que para eso quiere el cargo de Consejero, para acabar de destrozar la sanidad pública del todo; acabar lo que empezó la Consejera Noeno.

¿Cómo es posible eso? ¿Por qué no se moviliza la gente?… Pues supongo que porque estamos idiotizados. Los políticos psicópatas nos han vendado los ojos. Lo consideramos todo normal y pensamos que no hay nada que hacer. ¿Pero cómo no va a haber nada que hacer si es bien sabido que la unión hace la fuerza?

Está claro que, desde que pasó a hacerse cargo del Sistema Sanitario de Aragón el equipo de la Noeno, la sanidad pública ha ido de mal en peor. Celaya formaba parte de su equipo y además es tan diabólico como ella.

Como la Noeno, Celaya es un ser innoble que carece de alma, que no piensa ni razona, que no tiene empatía, y que no siente ni padece por los demás. ¿Cómo se puede permitir que un ser mezquino como éste dirija un sistema que necesita mucha humanidad y empatía? Para sanar a la gente es más importante la compresión y solicitud hacia la persona que todas las máquinas que orgullosamente se puedan aparcar en los hospitales.

No es cierto que los médicos sanen a la gente, sino que son las propias personas las que se curan; son nuestros cuerpos quienes ponen en marcha los mecanismos de curación propios, eso sí con la ayuda de los médicos que encaminan a las personas en el proceso de curación. Pero no sólo los médicos intervienen en la curación, hay un equipo muy amplio que tiene que funcionar muy bien y que va desde los servicios de diagnóstico hasta el personal de enfermería, que es el que tiene el contacto más directo y continuo con el enfermo.

Todo este engranaje es el que ha de funcionar muy bien y es el que se ha encargado de distorsionar Celaya. Todo por su propio egoísmo y el de su banda.

Todo por enviar al garete la sanidad pública, enriquecer a sus amigos y financiar la sanidad privada con las arcas públicas.

 

Se necesita mucha empatía y mucha dedicación a los enfermos para que éstos se curen y para ello, nosotros, los trabajadores, necesitamos hacer nuestra labor en paz y tranquilidad. Cualquier maltrato repercute al final en los pacientes.

Es necesario un buen trabajo en equipo y bien organizado, algo que Celaya ha logrado destruir. Ha llenado el Salud de jefes inútiles y ha sembrado el caos.

Desde el mismo momento en que Aldámiz empezó las negociaciones, para dar paso al CASAR, el hospital de la ciudad del Opus empezó a ir mal. Y también, a partir de entonces, todo el Salud ha ido de mal en peor.

Por cierto, Celaya se trajo de vuelta a su amigo Aldámiz, premiándolo con la Gerencia del área I y II de Zaragoza y es que necesitaba a un inútil como él para ayudarle a cumplir su objetivo.

Siguiendo la linea socialista, el anterior Consejero, el pepero Oliván, continuó creando el caos y aportó algo nuevo: jubiló a los médicos mayores de 65 años.

Esto que a primera vista no parece lógico, pues a los trabajadores no sanitarios se les ha alargado la jubilación hasta los 67 años, sólo tiene una perversa motivación: eliminar cualquier referente ético y moral, para hacer lo que a ellos les da la real gana. Y por el mismo motivo echan de su puesto de trabajo, y lo condenan al paro, a cualquier trabajador sanitario que sea crítico con el sistema.

Y Celaya sigue, y sigue, haciendo de las suyas: poniendo inútiles jefes a dedo, manteniendo jefes/as acosadores que perturban el sistema y derivando pacientes a costa de las arcas públicas, mientras mantiene deficitario el personal del Salud y alarga las listas de espera.

¿Hasta cuando? Pues hasta que le demos la gran patada en el trasero y consigamos que se vaya.

¡Qué se vaya Sr. Celaya!

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