–¡QUÉ SE VAYA, Sr. Celaya!

Por Delia Gil. Autora de la serie de artículos sobre el mobbing en la sanidad aragonesa

Si la moda del mobbing la comenzó Noeno, en su etapa de Consejera, Celaya siempre ha sido uno de sus ejecutores más fieles. Pero este hombre es de los que tiran la piedra y esconden la mano y por eso siempre ha salido bien parado.

¡Allá por donde vaya, arrasa el Sr. Celaya! Es como un ciclón, que consigue amargar la vida a trabajadores y pacientes y destrozar todo lo que toca a su paso. Actualmente se encuentra en plena faena de expoliar la sanidad pública de Aragón, cosa que logrará sino conseguimos retirarlo a tiempo.

Que Celaya es un trepa no cabe la menor duda, pues dejó pronto el trabajo de base para ir saltando de flor en flor: Subdirector del Área Quirúrgica del Clínico, Gerente del Royo Villanova, Gerente del Clínico, Gerente del Sector III, Gerente del CASAR y ahora Consejero. Su vida laboral no tiene desperdicio, se lo ha montado siempre bien para cobrar mucho y trabajar poco.

Como cualquier trepa, es una persona egoísta que no respeta a los demás. Sólo piensa en sí mismo y en conseguir lo que quiere a toda costa; caiga quien caiga.

La RAE define al trepa como arribista, es decir como una persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos. Son maestros en el arte de desenvolverse socialmente en su propio beneficio, dando patadas a diestro y siniestro. Tienen una falta absoluta de escrúpulos y de vergüenza y están fuertemente dotados para el oportunismo.

Quienes padecen de arribismo son personas egocéntricas, con muy poca capacidad para empatizar con las necesidades de los demás, y por tanto de los trabajadores y pacientes, ya que son narcisistas y por ello se focalizan siempre en sus propios intereses. Su máxima es seguir la norma social de que tener dinero, prestigio y poder es una forma de triunfar en la vida. Triunfar a toda costa, por encima de cualquier principio moral.

Los arribistas forman parte de un grupo de gente, en este caso los políticos, que se creen que todos es válido para ellos.

Una de sus mejores actuaciones la tuvo Celaya durante el brote de legionelosis del Clínico del 2004, estando él como Gerente. Ese brote afectó a 32 personas y causó la muerte a 7 y, según el Periódico de Aragón, el Salud tuvo que hacer frente a 9 demandas por vía administrativa y otras 2 por lo penal.

La causa del brote de infección se asoció al sistema de refrigeración del hospital Clínico, cuando expertos en mantenimiento de sistemas de refrigeración de alto riesgo revelaron fallos en la limpieza de las torres.

Pues bien, la actitud de Celaya fue siempre la de negar la evidencia, cuando él como máximo responsable tendría que haber sido la persona más interesada en saber la verdad para solucionar el problema rápidamente

Celaya y su banda siempre negaron que una negligencia causara la epidemia, incluso cuando un registro de mantenimiento demostró que un operario había advertido unos meses antes el penoso estado de algunos elementos de la instalación, habiendo piezas rotas, sucias y llenas de algas y calcificaciones.

Fue gracias a un médico del Clínico, que denunció públicamente el mal estado de la instalación, que al final Celaya decidió arreglarla; pero mucho tiempo después. Es decir que Celaya reaccionó mal y tarde, causando enfermedad a muchos pacientes y provocando la muerte de siete.

Pero eso no le preocupó en absoluto porque la gente le importa un comino, pero si que hubo una cosa que le llegó al alma: el odio que cogió al médico que denunció las irregularidades cometidas por él.

Y decidió destruir al doctor y aún más, destruir a su mujer también. Decidió que los dos irían en el paquete.

Al médico le abrió dos expedientes obligándole a enrollarse en un sinfín de juicios, ganando el doctor, por justicia, la mayoría de ellos. A la mujer la echó del hospital, llegando, con sus tentáculos, a intentar impedir que le dieran trabajo en cualquier otro lugar.

Y es que los tentáculos del mal, de Celaya, son muy alargados.

Es por eso y por muchas cosas más, y sobre todo porque está destrozando la sanidad pública, que Celaya se tiene que marchar. Y esta vez se lo pido con rima, para que le suene más bonito.

¡Qué se vaya Sr. Celaya!

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