Narcisismo perverso y mobbing

Por Delia Gil

Delia GilHay una psiquiatra francesa, Marie France Irigoyen, que ha sido una de las primeras investigadoras mundiales sobre acoso moral en el trabajo y que es una referencia importante sobre el tema.

Pues bien, esta psiquiatra dice claramente que el acoso moral es una agresión, y no un conflicto entre agresor y víctima, que es a lo que reducen el mobbing los malos jueces que tenemos en Aragón, cuando no quieren investigar sobre el tema. Quedando claro que no quieren indagar para dejar impunes a los políticos ruines que tenemos; siendo cierto que ningún perro muerde la mano de su amo.

Mientras que el conflicto es la confluencia de elementos o sentimientos contrarios que se oponen, en el acoso moral, como en toda agresión, hay una voluntad de herir a la víctima. El objetivo del acoso es controlar o dominar al otro atacando su territorio psíquico. No se trata de una descarga de agresividad de un individuo sometido a estrés o a unas malas condiciones de trabajo. No es una pérdida de autocontrol, sino por el contrario, una voluntad de controlar a la víctima.

Irigoyen designa a los acosadores como perversos narcisistas, algo que yo encuentro que concuerda muy bien con la mayoría de gerifaltes del Salud y sin lugar a dudas con el Jefe que a mí me ha tocado sufrir.

Irigoyen dice que el término “perverso” remite claramente a una manera sinuosa de comunicarse para manipular a la víctima, con la intención de conseguir de ella alguna cosa sin que se de cuenta. Definición perfecta para el comportamiento del Jefe.

Señala que algunos sociólogos, por un uso abusivo de la teoría de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal, aventuran que la presión psicológica de la actual organización del trabajo puede transformar a cualquier individuo ordinario en acosador. Ella indica que por su experiencia en estas situaciones puede decir, que aunque determinados contextos pueden resultar desestabilizadores para todo el mundo, no todos pueden convertirse en acosadores. Algunos perfiles psicológicos están más expuestos. Otros saben resistir, sin duda porque tienen unos valores morales más sólidos.

La RAE da dos definiciones de perverso: “sumamente malo, que causa daño intencionadamente” y “que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas”. Las dos definiciones vienen como anillo al dedo en el caso que me ocupa.

En cuanto a la personalidad narcisista, dice Irigoyen que se trata de individuos desmesuradamente preocupados por su ego, que han de tener éxito y ser admirados a cualquier precio, porque están siempre preocupados por la imagen que reflejan en la mirada de los demás y se esfuerzan por esconder sus debilidades. Son seres frágiles que tienen que sentirse siempre importantes, sino tienen la impresión de no corresponder a lo que se espera de ellos, o más bien a lo que sus padres esperaban de ellos cuando eran pequeños. Necesitan correr detrás del éxito y envidian, y odian, a los individuos serenos que no necesitan demostrar nada; y que pueden aceptar tranquilamente sus propias debilidades y sus eventuales fracasos.

Los psicoanalistas hablan, refiriéndose a los narcisistas, de falsa personalidad. Son gente que espera que los demás los considere importantes. Lo que importa para ellos es la apariencia. En realidad no se quieren ellos mismos y por tanto no pueden querer a nadie. Para comunicarse y funcionar bien con los demás, hay que quererse uno mismo. Cuando no se tiene suficiente confianza en uno mismo, se está obligado a vivir permanentemente a la defensiva, ya que se piensa que los demás juzgan siempre y están siempre dispuestos a criticar. Estos tipejos agreden por miedo a ser agredidos emocionalmente.

Persiguen sin fin el poder y cuando lo tienen se agarran con uñas y dientes a él; para ellos abrir los ojos a la realidad del mundo, a como ellos son percibidos, es correr el riesgo de la depresión.

En un funcionamiento narcisista, el individuo sólo existe a través de su éxito profesional o social y sus atributos de poder: su puesto de mando, las personas que tiene a sus órdenes y sobre todo que le adulan, la importancia que le dan sus superiores y el dinero que gana.

En un principio, los individuos narcisistas no tienen de forma regular comportamientos perversos, pero están tan dominados por su ego que pueden caer si el contexto se presta. Si se sienten en peligro pueden volverse muy violentos, pero tienen que disimularlo y lo hacen con comportamientos perversos. Es en ese momento cuando se produce el paso a la perversión narcisista.

Como padecen un sentimiento de inseguridad, pueden destruir a cualquier víctima que se les cruce en el camino para enaltecerse. Como no están satisfechos con ellos mismos, utilizan a sus víctimas para hacerse valer, apropiándose de sus ideas, utilizándolas y descalificándoles después para quedar sólo ellos en buena posición.

Ellos han de ganar siempre.

Hay que huir de ellos como de la peste, porque proyectan toda su violencia interna contra cualquiera que les pueda desenmascarar o que pueda poner en evidencia sus debilidades.

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