Misoginia en el sistema judicial

Por Delia Gil

Delia GilEn general, son muchos los ataques que una mujer recibe a lo largo de su vida y en numerosos casos soporta un trato brutal y despiadado sólo por el hecho de pertenecer a este género; pero es tan antigua esta práctica y está tan extendida en todo el mundo, que la mayor parte de la gente lo vive con naturalidad, pensando que es normal, aceptando que así es la vida y si así ha sido siempre, está bien que siga siendo así.  Recibimos tortas por todos los lados, incluso de los machos justicieros, los que se supone que deben aplicar la justicia a todo el mundo.

La mujer, ante la indiferencia de todos, está sometida al hombre ya que se ha forjado su desarrollo social en la sumisión. Todas hemos sufrido desde hace siglos un lavado de cerebro bárbaro, imponiéndonos un papel social al servicio de la felicidad del hombre, de tal manera que no cumplir con estas funciones y deberes nos sume en remordimientos y un sentimiento de culpa que tardará años en desvanecerse.  Todos hemos mamado el machismo desde la cuna y hemos sido educados en él y por ello los hombres llevan gravado en el alma su superioridad, de la misma manera que nosotras llevamos gravada la conveniencia de nuestra sumisión por el buen desarrollo de la familia y la sociedad.

Y estas ideas son también las que tienen gravadas en su mente, muy profundamente, todos los jueces. Son ideas arraigadas desde tiempos inmemoriables, desde el mismo momento en que se creó esta organización de hombres que siempre ha sido regida por hombres, cuyos métodos han sido establecidos por ellos, sin que la mujer haya tenido nunca ni voz ni voto y que siempre ha estado al servicio del macho. Para defenderse una mujer ha de hacer un esfuerzo infinitamente mayor que el de un hombre en la misma situación.

Es inquietante lo poco que ha cambiado la mentalidad de esta organización a lo largo de los siglos. Fue creada por el poder político, hace ya mucho tiempo, como instrumento para su propio beneficio y siempre ha sido organizada por el poder establecido. Por lo tanto, dependen del gobierno y a él se deben.  Está formada mayoritariamente por hombres que no se pueden desprender de sus ideas misóginas y que son quienes establecen las normas. Si bien es verdad que hay alguna mujer, ésta para alcanzar su puesto ha de demostrar ser más machista que el más macho de sus compañeros. Todos han de acatar las mismas normas.

Hay demasiadas sentencias y comportamientos machistas en nuestro país, aunque nos pueda parecer que la cosa ha cambiado mucho. Lo que realmente ha cambiado es el comportamiento de los misóginos; éstos son buenos camaleones y se adaptan a las nuevas situaciones, siguiendo con sus insultos contra la dignidad de la mujer, ofensas, ultrajes, denigraciones, vejaciones y opresión. Y los jueces se han acostumbrado a quitar hierro al asunto, dejando que los delincuentes misóginos actuen con total impunidad.

Hay dos normas, no escritas, que todos los juristas tienen en mente: la primera es que el gobierno paga sus nóminas y no hay que cotrariarle y la segunda que el honor de un hombre, aunque no se lo merezca, siempre ha de prevalecer sobre la justicia de una mujer maltratada.

La misoginia del poder judicial no está oculta, ni tan siquiera disimulada, sólo hay que querer verla y por el momento no parece que vaya a cambiar su mentalidad. Esto hace que se convierta la denuncia judicial del maltrato en un gran peligro para la mujer. Los jueces nos envian un mensaje subliminar: “mujeres: NO DENUNCIÉIS LOS MALOS TRATOS”.

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