Las perversas palabras de los acosadores del Salud

Delia Gil

Delia GilLlama la atención, en todos los relatos de sufrimiento por mobbing, el comportamiento repetitivo de los participantes; los modos de actuar son similares en todos los casos. Aunque cada uno de nosotros tendemos a pensar que nuestro caso es singular, en realidad lo comparten muchas personas.

Y en el caso del Salud sucede más de lo mismo: su comportamiento es similar en todos los casos de mobbing. Es decir, que lo que narro yo aquí, es muy parecido a lo que contaría cualquier otro trabajador acosado por el Salud; que haberlos haylos.

Según Irigoyen: “Por acoso, en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo”.

Por otra parte provocar el vacío y el aislamiento de un trabajador también es acoso. Como dice Irigoyen: “Evitar el diálogo es una hábil manera de agravar el conflicto, pues éste se desplaza y la víctima termina cargando con él. Para el agresor, es una manera de decir, sin decirlo con palabras, que el otro no le interesa, o que no existe para él. Como no se dice nada, se puede reprochar todo…

Cuando hay reproches, son vagos e imprecisos y dan pie a todas las interpretaciones y a todos los malentendidos posibles…”.

Es bien cierto que para desacreditar a una persona basta con introducir una duda en la cabeza de los demás.

Y también constatamos, día a día, el buen rendimiento que les da a los políticos la mentira. Muchos se hacen pasar por buenos cristianos pero incumplen el octavo mandamiento; ese que dice: “No mentirás ni levantarás falsos testimonios”.

Casi todos los jefes del Salud se pasan este mandamiento por el forro.

Todos se acogen a lo que dijo Goebbels: “Miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente se la creerá”.

La perversas palabras utilizadas por el Jefe acosador, mis pseudocompañeros y los perversos amigos de Celaya, están encaminadas a conseguir los siguientes objetivos: rechazar la comunicación directa y confundir a la víctima, deformar el lenguaje y hacer un uso perverso de él, criticar injustificadamente, mentir, usar el sarcasmo para ridiculizar a la víctima, descalificar, aislar a la víctima, amenazar y castigar.

Esta actuación es común en todos los casos de mobbing.

La primera gran mentira que aparece en mi expediente es la acusación de llegar tarde a mi puesto de trabajo.

No son originales en ésto, los Jefes del Salud; es el primer cargo acusatorio en los casos de mobbing y de despido laboral. Y sobre todo si no se puede demostrar, por no fichar.

Esta acusación sale continuamente en mi primer expediente y es que, durante la mayor parte del tiempo que estuve trabajando en el hospital, yo no tenía un ordenador propio que encender al llegar a trabajar. No se podía demostrar de ninguna manera.

Según el Jefe, en una nota acusatoria enviada a Dirección: “La FEA Delia Gil acude al trabajo por las mañanas, generalmente con una hora de retraso”.

En una nota que me envía a mí me escribe: “Teniendo en cuenta las tareas de responsabilidad que desempeña el personal facultativo y su implicación en la organización y gestión de los servicios, puede ser conveniente que estos dispongan de una cierta flexibilidad horaria, pero esto no debe ir en perjuicio del normal desarrollo de los procesos de trabajo en los que ellos intervienen. En este sentido, por nuestra función de asesoramiento y de supervisión de las condiciones de inicio de los procedimientos, no es aceptable para nuestra organización que ningún facultativo llegue sistemáticamente al trabajo después de las nueve de la mañana”.

Al recibo de esta nota pedí al Director que pusiera en el lugar de trabajo una máquina de fichar, a lo que él se negó. A cambio se le ocurrió la brillante idea de que yo fuera todas las mañanas a su despacho, a firmar. Por supuesto yo todas las mañanas me presenté a las ocho en su despacho, pero esto sólo duró un par de meses. Al tercer mes me comunicó que dejara de fichar. Pero las fichas de este periodo desaparecieron y no se incluyeron nunca en mi expediente, Así que siguieron acusándome de llegar tarde y esto fue uno de los grandes cargos acusatorios de mi primer expediente.

Posteriormente el Jefe se animó y añadió una hora más a mi retraso y me acusa a Dirección: “Retraso desmesurado en el horario de incorporación al trabajo por las mañanas (hasta 2 horas en algún periodo), teniendo que asumir otros facultativos sus responsabilidades.”

Pero la cruda realidad es que tanto el Jefe como todos mis pseudocompañeros, menos uno, siempre han llegado, y llegan, después de las nueve y cuarto.

El objetivo del mobbing siempre es una relación de dominación del uno sobre el otro, esta dominación se establece a partir de un proceso que da la impresión de ser comunicativo, pero la realidad es que arroja confusión sobre las informaciones reales; el acosador rechaza la comunicación directa, se niega a explicar su actitud, cuando se produce el reproche este es vago o impreciso, lo cual da pie a malos entendidos e interpretaciones varias.

Todos los intentos de explicación se convierten en vagos reproches.

Otra conducta adoptada es la descalificación, con miradas de desprecio, insinuaciones y alusiones malintencionadas. En la medida que estas descalificaciones son indirectas, es mucho más difícil defenderse. Son conductas como el no mirarle a la cara, el no hablarle, el murmurar con otro sobre la actuación de la víctima, descalificándola . También en la burla, el sarcasmo, en los cuales existen críticas indirectas, el lenguaje se pervierte.

Para desacreditar sólo hay que introducir una duda en la cabeza de los demás, para ello el agresor utiliza discursos cargados de insinuaciones.

En síntesis se puede decir que el agresor actúa de la forma siguiente:

  • Rechaza la comunicación directa
  • Deforma el lenguaje
  • Miente
  • Utiliza el sarcasmo
  • Utiliza la paradoja
  • Descalifica
  • Divide o aisla a la víctima de los demas
  • Ejerce su autoridad con premios y castigos

En una segunda parte del proceso, aparece la violencia en un plano más duro:

  • Amenazas, siempre indirectas y veladas, pero continuas
  • Provoca a la víctima, con insinuaciones y descalificaciones, para que reaccione y poder descalificarla.
  • El comportamiento, por tanto se podría decir que se traduce en:
  • Ataques verbales: insultos, burlas, amenazas, críticas injustificadas, ridiculización
  • Desacreditación profesional: sobrecarga de trabajo, encomendar tareas rutinarias por encima o por debajo de sus posibilidades, asignar objetivos o proyectos inalcanzables, retener o manipular información crucial, presiones para inducir al error, bloqueo de iniciativas, impedir la utilización de medios adecuados, infravalorar, no reconocer el trabajo.
  • Aislamiento social: limitar el movimiento en el entorno de trabajo, no escuchar, hacer el vacío, aislamiento físico, dificultar la comunicación.
  • Ataques personales: descalificaciones, burlas, menosprecio, falsos rumores, calumnias, rechazos, humillaciones.
  • Violencia física: gritos, empujones, amenazas físicas, invasión de la vida privada, acoso sexual, no tener en cuenta problemas físicos o de salud.
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: