En este país no hay justicia y en Oregón menos

Delia Gil

no-existe-la-justiciaComo comprenderéis yo no me he quedado impasible viendo caérseme encima todo el chaparrón, no hubiera aguantado mucho y ya estaría en el otro barrio.

A muchos se les calienta la boca diciendo que vivimos en una democracia, cosa que no es cierta, cuando en realidad vivimos en una autocracia política. En Oregón aún se nota más el régimen caciquista y tirano, por ser una sociedad muy localista y cerrada.

Como tengo claro que en este mundo no tenemos garantizados nuestros derechos de libertad y justicia, desde hace ya siete años que vengo luchando por ellos. Tardé tres años en darme cuenta que estaba sufriendo mobbing.

Ha dicho un comentarista en el Heraldo de Oregón que lo mío se solucionaba con un buen abogado y una querella criminal. Lo mismo pensaba yo hace siete años.

Con el paso del tiempo he tenido hasta cinco abogados: dos expertos en mobbing, dos de dos sindicatos diferentes y otro penalista; y no considero a ninguno malo. No es un problema de abogados, sino de jueces. Jueces al servicio del amiguismo y del poder.

Comencé mi intento de defensa por el sindicato al cual estaba afiliada, HUGETE. Los del sindicato me dijeron que dirigiera un escrito al Comité de Salud y así lo hice.

Pero el Presidente del Comité es el Gerente del hospital. Como comprenderéis bien éste no hizo nada y a partir de entonces la intensidad del acoso aumentó.

El Gerente le pasó el escrito al Jefe de Sección y de ahí en adelante todo fue peor. No tuve más remedio que ponerme en manos de un abogado, en este caso dos expertos en mobbing.

Siguiendo con mi defensa, envié un burofax a la Consejera socialista y al Director Gerente del Salud relatándoles el mobbing que sufría en el hospital. Burofax que me fue rechazado, supongo que por aviso del Gerente del hospital.

Debido al rechazo del burofax, no tuve más remedio que enviarles la carta por notario. Esta vez sí que fue aceptada.

El Director Gerente fue cesado y el asunto lo solucionó la Consejera enviándome la caballería, representada por la Jefa de la Cátedra de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Portland (Oregon US).

Y la jefa de Medicina Legal lo solucionó escribiendo un informe, en el que sugería que me hicieran un estudio psicológico pues el Jefe de Sección del laboratorio les había dicho que yo estaba loca.

A partir de entonces, éste es el lastre que he arrastrado siempre: “ESTOY LOCA”.

Lo siguiente que hice fue poner una querella criminal en el juzgado que tocaba, según el domicilio del Jefe del laboratorio.

Pero el juez, buen amigo del Jefe de Sección del laboratorio, decidió que yo no sufría mobbing, que todo era un conflicto entre el Jefe y yo.

Pasé un examen del forense del juzgado, que testificó que yo sufría un “Trastorno adaptativo mixto”, pero el juez resolvió que eso podía ser por cualquier causa de estrés que yo sufriera.

Definitivamente, según él, mi situación laboral y el entorno en el que desarrollo mi labor son tremendamente conflictivos y esa es la causa de mi estrés y trastorno.

Y el muy ladino del juez lo achacó todo a un conflicto entre el Jefe y yo, que claramente era culpa mía porque si yo estoy trastocada, ¿de quien iba a ser?

Así que yo soy la culpable de mi propio trastorno, ¡qué simpático el juez!, por no decir otra cosa.

Necesité todo un año de baja por ansiedad y depresión, para poner en orden mi cuerpo y mi alma.

El primer día que volví al trabajo, el Jefe del laboratorio me dijo a la cara, resentido porque le había puesto una querella, que me iba a joder la vida y posteriormente, el Jefe de Personal me indicó que los Gerifaltes del Salud me iban a arruinar.

Ni que decir tiene que a partir de entonces todo fue de mal en peor.

Me abrieron mi primer expediente, que ratificó el juez correspondiente porque según la Jefa de Medicina Legal yo no sufría acoso y mi comportamiento era irracional.

En éstas, hubo un cambio político y el Gerente pasó a ser pepero. El nuevo Gerente se alíó, nada más llegar, con el Jefe y me clavó varias puñaladas traperas, por la espalda y sin que yo fuera consciente de ello.

A partir de entonces el nuevo Gerente, sin conocerme a mí de nada, perfiló junto al Jefe y mis pseudo-compañeros el asunto de mi locura.

Pusieron en marcha un gran escenario teatral y pidieron a Salud Laboral que les adecuara la sala de juntas como despacho de mis pseudo-compañeros, porque yo estaba tan loca que temían por sus vidas.

Y a mí me dejaron sola en el despacho del laboratorio.

Entonces vino el segundo expediente, basado totalmente en mi locura.

En este punto volví a poner una segunda querella criminal, esta vez contra el Jefe de Sección y el Gerente pepero. Pero claro, la tuve que poner ante el mismo juez amigo del Jefe.

Ya podéis imaginar lo que resolvió: archivar la querella, sin diligencias previas ni nada.

Recurrí la querella y recibí un escrito del Fiscal señalando que en mi caso había indicios de mobbing. Pero la Audiencia Provincial, buena amiga de sus amigos los Jefes del Salud, resolvió archivar el caso definitivamente. Con eso se aseguraban cerrarme las puertas de la justicia.

Había demasiadas evidencias de que yo sufría mobbing y todos se complotaron para que nada saliera a la luz.

Nota de la redacción: Este relato es ficción. Los hechos que se relatan son totalmente imaginarios y se desarrollan en la ciudad de Portland en Oregón US. Cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia.

 

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