El mobbing y la inoperancia total y absoluta de los Sindicatos

Delia GilHace ya unos años, cuando me dí cuenta que estaba sufriendo mobbing, en mi desesperación por buscar ayuda me afilié a un sindicato y por lo que he visto después al peor de lo peor. Un sindicato mayoritario, con muchos trabajadores afiliados y como se sabe por las noticias, con unos dirigentes ruines y ávidos de dinero. En mi ingenuidad, ignorancia en ese momento y desesperación, me afilié a un sindicato aliado al gobierno; un sindicato acusado de corrupción.

¡Ahora veo claro que no me podía ir bien!

En ningún momento nadie del sindicato ha hecho lo más mínimo por ayudarme; parece ser que la máxima del sindicato no es ayudar a los trabajadores, sino vivir lo mejor posible y trabajar lo mínimo.

Como supongo que todos sabeis, los sindicatos tienen delegados, que en teoría forman parte de la acción social y que son los que en un principio han de canalizar la ayuda a los afilliados.

Pues bien, en general, la máxima aspiración vital de esos delegados es la de vivir del cuento. Aspiran a estar totalmente liberados de su trabajo, o si no a conseguir las máximas horas libres, y lo último que entra en sus esquemas mentales es complicarse la vida ayudando a alguien que tiene problemas. ¡Cada uno que se apañe como pueda! Ellos siempre están al lado del que manda, que es la mejor manera de vivir feliz.

En esta línea de actuación me he encontrado con situaciones esperpénticas, como la que sufrí cuando el Jefe comenzó a difundir que yo estaba loca. El Jefe se lo dijo al Gerente, éste lo comentó en un Comité de Salud, y los delegados sindicales presentes se divirtieron difundiendo el rumor de que yo era una neurótica que veía acoso por doquier. A la delegada del sindicato, al que yo estaba afiliada, lo único que se le ocurrió es decirme que no denunciara las cosas que me estaban sucediendo, porque con eso sólo conseguía que me tacharan de loca.

Lo cierto es, que las reuniones del comité de Salud son como las reuniones en un patio de vecinos: un momento de chismorreo y entrenimiento.

Otra situación, más esperpéntica aún si cabe, que he sufrido: la delegada de mi sindicato, la que me tenía que representar y apoyar, no sólo se negó a ayudarme en mi segundo expediente, con toda su sinvergonzonería y caradura, sino que influyó negativamente en él. Simplemente no se presentó, cuando la Instructora del expediente la citó a testificar.

Pero reflexionemos, ¿tienen alguna utilidad actualmente los sindicatos, o nos engañan descaradamente a los afiliados? ¿Tiene sentido que sigamos contribuyendo a su existencia, o deberían desaparecer?

Los sindicatos nacieron con la revolución industrial; los trabajadores buscaban así una manera de organizarse para defender sus derechos. Adquirieron importancia en Europa a finales del siglo XIX y al mismo tiempo también en España. En nuestro país se fundó la UGT en 1888 y a principios del siglo siguiente, en 1910, se fundó la CNT; fueron los dos sindicatos que funcionaron hasta la guerra civil. Durante la dictadura franquista los dos sindicatos fueron duramente reprimidos, hasta casi desaparecer y en la etapa final del franquismo se reconstituyó la UGT y se fundó Comisiones Obreras. Desde el final del franquismo hasta la actualidad, UGT y CC.OO han sido los dos sindicatos con mayor número de afiliados.

En su momento hicieron una gran labor social, consiguiendo condiciones de trabajo más dignas para la clase obrera y la introducción y mejora de los derechos sociales. Pero, en 1977 todas las organizaciones sindicales fueron legalizadas y a partir de ese momento, poco a poco, fueron convirtiéndose en un negocio lucrativo y en un antro de haraganes y corruptos.

Realmente no se sabe de donde obtienen toda la financiación ni cuánto ingresan los sindicatos; no es de domino público. Lo que sí es seguro es que las cuotas de los afiliados sólo cubren una pequeña parte de los gastos que generan la estructura y actividades de sus organizaciones.

Lo que sí se sabe es que una gran parte de los ingresos les viene del estado, es decir de todos nosotros, seamos trabajadores o no. Los sindicatos reciben dinero del erario público en función de su representatividad, y naturalmente cuantos más delegados mayor financiación; así los más beneficiados son los sindicatos mayoritarios: UGT y CC.OO.

Por todo ello cabe deducir que a los sindicatos actuales les queda poco del espíritu inicial, con el que fueron creados. Se han pasado al lado oscuro y ya no representan, ni sirven para nada al trabajador. Son meros representantes y aliados del gobierno.

El gobierno compra a los sindicatos y éstos están a su servicio.

Ahora que puedo pensar claramente, después de todo lo que he sufrido, me doy cuenta que era imposible esperar que el sindicato al que me afilié me ayudara, sino más bien todo lo contrario; porque con mi mobbing el Salud podía ganar un buen pellizco.

Y así fué, sólo con el proceso judicial de mi primer expediente me robó el Salud más de 2000 euros, a lo que hay que añadir el robo de tres años sin empleo. Pero lo que me es imposible saber es todo lo que ganó mi sindicato con su traición.

Está claro que los Sindicatos actuales son un engaño, una estafa y un gran timo.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: