El gran timo de los Sindicatos y su negocio hiperlucrativo

Delia GilQue en el pasado los Sindicatos fueron muy útiles nadie lo pone en duda, pero que actualmente sólo son un negocio para el enriquecimiento de unos pocos, y la haraganería de otros cuantos, únicamente lo ponen en duda los delegados y burócratas que viven del cuento. Los que viven del negocio nos quieren mantener engañados. El mecanismo de los liberados crea una casta de militantes que no trabaja, pero que cobra como si lo hiciera y son los más interesados en mantener el engaño.

Nuestro sistema de trabajo actual nació en los tiempos de la Revolución Industrial y es un sistema basado en la explotación y el dominio: la gente ha de estar al servicio de los ricos y poderosos. Y los ricos y poderosos nacen, y se hacen cada vez más ricos, a costa de la gente. El pueblo trabaja y los poderosos se llevan la mayor parte de los beneficios, sin tener que dar un palo al agua.

Ya desde el inicio de los tiempos, los trabajadores se dieron cuenta que la asociación significaba fuerza contra el rico empresario: la unión hace la fuerza, pensamos todos y, gracias a eso, hemos conseguido grandes mejoras sociales.

También desde el inicio de los tiempos, los amos de los negocios se opusieron a que los trabajadores se asociaran y los gobiernos ayudaron a los ricos a impedir la organización, prohibiendo los Sindicatos. Así los asalariados tuvieron que luchar durante mucho tiempo por el derecho de asociación y costó años en conseguirlo.                                                                             Los amos del mundo no han querido nunca una buena unión entre asalariados, una asociación fuerte capaz de velar por sus derechos, y es fácil de entender por qué: una unión fuerte y combativa puede forzar a que los trabajadores obtengan salarios más elevados y mejores condiciones y con ello disminuye el beneficio y el poder de los plutócratas.

Pero con el tiempo tuvieron que aceptar la asociación; llegó la legalización de las Organizaciones Sindicales y con ello los gobiernos tuvieron que cambiar de estrategia para controlarlas y debilitarlas.

¿Y qué mejor manera que ser absorbidas por la plutocracia? Sobornar y enriquecer a los dirigentes sindicales, es la manera más segura de que la Organización deje de ser un peligro para los intereses de los todopoderosos caudillos empresariales.  Y así nacieron las subvenciones a los Sindicatos.

La financiación de los Sindicatos es uno de los grandes misterios de nuestra sociedad. Sólo sus dirigentes saben cuánto dinero ingresan y de dónde les viene. Por ejemplo, si nos fijamos en las dos organizaciones mayoritarias, UGT y CCOO, se sabe que ingresan una cantidad ingente de dinero público, pero nadie entiende por qué no están sometidas a la fiscalización del Tribunal de Cuentas. Se sabe que los dirigentes de los Sindicatos siempre se han negado a hacer públicas sus cuentas, pero no se entiende por qué en ningún momento han sido auditadas por el gobierno. Es todo un negocio muy turbio y lucrativo. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen, y con ellos me refiero a los Sindicatos y Gobierno.

Para el Sindicato lo de menos es el dinero que ingresa de los afiliados, que es una cantidad pequeña, que apenas da para mantener una pequeña parte de la estructura y que cada vez es menor, porque van perdiendo rápidamente muchos afiliados desencantados.

Lo de más es que se han convertido en unos chupópteros sin control financiados directa, o indirectamente, por el gobierno; es decir por todos nosotros, trabajemos o no y lo queramos o no.

Una de las principales fuentes de financiación pública es la subvención por delegados. Esta partida está prevista en los Presupuestos Generales del Estado y en los Presupuestos de las Comunidades Autónomas y se reparte en función de la representación que los Sindicatos obtienen en las elecciones sindicales.

Tienen otras fuentes de financiación secundarias como son: Asesoría jurídica, rendimientos de capital y reposición de bienes inmuebles (dicen que es una devolución paulatina de propiedades que fueron expropiadas durante la dictadura franquista). Yo esto de la reposición de bienes inmuebles no lo entiendo, nada de nada, me parece un chanchullo increíble. Pienso que estos bienes le pertenecen al pueblo y no a unas oscuras y turbias organizaciones.

Además una parte importante del coste de personal, que necesitan para la realización de sus actividades, es sufragada por las empresas que abonan el salario del personal liberado. O sea que a los Sindicatos la mayor parte del personal que trabaja para ellos no les cuesta ni un euro.

Otros ingresos son las subvenciones finalistas; son subvenciones que la Administración les da para la prestación de un servicio concreto, por ejemplo: cursos de formación, programas de integración laboral de determinados colectivos o planes de igualdad. Esta parte es muy turbia y es muy difícil de determinar el monto total derivado de esta fuente de financiación, pues la información de las subvenciones aparece disgregada en los centenares de boletines oficiales del Estado, Comunidades Autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos.

En fin, hay muchas más subvenciones, pero me es imposible recapitularlas todas y además muchas pasan desapercibidas.

Parece claro que los Sindicatos se han convertido en organizaciones anquilosadas al servicio de los gerifaltes y del gobierno, que se han ganado a pulso la desconfianza de los trabajadores, que son un gran timo y que ya va siendo hora de que desaparezcan.

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