El abrazo de los idiotas

Por Delia Gil

Delia GilSi algo me ha quedado claro, en el tiempo que llevo sufriendo mobbing, es que la idiotez es contagiosa y en grupos cerrados como el Salud empieza un idiota, como el Jefe, con acciones psicopáticas y la estupidez se extiende como un reguero de pólvora en todos los individuos que atrapa por el camino. Da igual que sean subalternos, pseudocompañeros, sindicalistos, jefes superiores, instructoras de expedientes, el Justicia de Aragón, o jueces; todos caen en las redes de la idiotez. Todos bien unidos en un abrazo mafioso de idiotas.

Ahora más que nunca, reina el caciquismo en nuestro país y eso es extensible al Salud. Aquí no importa ser estúpido, lo que realmente importa es ser amigo de algún idiota; esto es lo que realmente te dará trabajo y si hay posibilidad te impulsará hacia arriba. Así resulta que el mando del Salud está totalmente en manos de perfectos idiotas.

Idiotas morales que no piensan ni razonan, no tienen empatía ni simpatía y por tanto no sienten ni padecen; son perfectos zombis. Lo que les une y les caracteriza es su apatía moral.

Y es que vivimos en una sociedad idiotizada, caracterizada por la ausencia de pensamiento. Actuamos como zombis, impulsados por la realidad cotidiana y estamos tan ocupados que no tenemos tiempo, ni ganas, para detenernos un momento a pensar y reflexionar sobre nuestra vida y comportamiento.

No queremos pensar, por ello no podemos soportar el silencio y llenamos nuestra vida de ruido; enganchados permanentemente a la música, o sobre todo a la caja tonta, no hay peligro de que se nos pase por la mente la idea de escucharnos, ni hay posibilidad de oír la voz interior que nos diga que no está de acuerdo con nuestros actos.

El Salud ha conseguido crear un rebaño de trabajadores serviles, borregos patológicos, que siguen el camino marcado por el pastor de turno. Son gente de perfil plano, capaces de seguir los protocolos establecidos por los mandamases, con la iniciativa adormecida y que sobre todo, no se salen del guión establecido y no protestan, ni cuestionan nada.

Son gente insensible que han eliminado de su ser toda tendencia natural a la empatía, siendo imposible cualquier relación de solidaridad entre trabajadores.

Lo siguiente, que dice Norbert Bilbeny, se puede aplicar perfectamente al Salud: “La sociedad apática rehúye la crítica y la reflexión. Cuanto menos piensa el idiota más se esfuerza en condenar el pensamiento. Nada es tan odiado en el totalitarismo como el ejercicio del pensamiento. La sociedad de la apatía moral sabe que tiene en la duda y la reflexión su virus destructor. Muchos no quieren verdaderamente reflexionar. No buscan más que eslóganes y obediencia. Repiten frases hechas. Sólo afirman y obedecen, no examinan ni comprenden”.

Sólo en este contexto se puede entender que dos amigos idiotas, como lo fueron el Jefe y el Director socialista, que me tocaron sufrir hace ya unos cuantos años, pudieran llegar tan lejos en el montaje del mobbing que me hicieron. Sólo en el contexto de la estupidez humana que envuelve al Salud, se puede entender que se añadieran engranajes a la cadena: primero mis pseudocompañeros, después Director pepero, Gerentes socialistas y peperos, Directores Gerentes socialistas y peperos, Consejeros socialistas y peperos, delegados sindicales, el Justicia de Aragón, jueces de lo penal y jueces de lo laboral; todos se fueron encadenando en un abrazo de idiotas.

Y es que ya lo dijo Einstein: la estupidez humana es infinita y esto lo tenía él muy claro.

Algún sabio ha dicho por internet, que nunca se ha de discutir con un idiota porque te arrastrará a su nivel y te ganará con la experiencia. Eso es algo que a mí me ha costado muchos años comprender.

Yo, al principio de todo, era una ingenua que pensaba que todo el mundo, excepto el idiota del Jefe, era capaz de razonar. Tendría que haber leído antes la sabiduría anónima que circula por internet y me habría ahorrado muchos disgustos.

Y es que cuesta creer que pueda haber tantos idiotas encargados del Salud y de la justicia.

Y es que los no somos estúpidos siempre subestimamos el poder maligno de los idiotas. Las personas no estúpidas no nos damos cuenta que el tratar con idiotas es un costosísimo error que en algún momento pagaremos con creces.

Los idiotas son peligrosos y funestos porque a las personas razonables nos resulta difícil imaginar y entender sus comportamientos inmensamente estúpidos.

El gran problema es que los idiotas morales nos gobiernan y se están convirtiendo en el gran azote de la humanidad.

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