Vivimos horas amargas

Antonio Tejedor. Profesor y escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Vivimos horas amargas, días convulsos. La barbarie que no cesa. Fabricamos dibujos, eslóganes. Derramamos lágrimas. Renovamos la defensa de la democracia, la tolerancia, la libertad. Construimos frases bonitas que ayuden a mitigar el horror, el dolor; un dolor que será viejo la próxima semana, en cuanto entierren a las víctimas inocentes que han caído por nada y a consecuencia de todo. De nada servirá lo que hacemos, es solo el desahogo necesario para respirar entre tanto salvajismo. No me caben en la cabeza esos tipos que teniendo la seguridad de que van a morir se presentan ante el mundo como si fueran a vivir eternamente, rodeados de huríes y vírgenes celestiales y ángeles descarnados.

Hoy, una vez más, estamos de luto. El ser humano mostrando la cara de un ser salvaje. Así sigue siendo, lo ha sido y lo será. Cambian las formas: por Dios, por Ala, por el petróleo. Al fondo de ese camino siempre está el dinero, la codicia, el enriquecimiento, la prepotencia.

Hace unas semanas Tony Blair pedía perdón por otra salvajada, la que hicieron él y Bush, Durao Barroso y Aznar como fieles sirvientes del gran poder de las multinacionales. En un post le dije que no le perdonaba. ¿Ve, señor Blair por qué no le perdonaba? Ni a usted ni a los otros tres. El salvajismo que sufrimos y condenamos ahora tiene unas causas y esas causas las pusieron ustedes sobre la mesa. Invadieron Irak en contra de la opinión de todo el mundo civilizado sin más razón que unos barriles de petróleo. ¡Qué caro nos está costando ese petróleo! Nada les importó desestabilizar el mundo. Aquí están las consecuencias, ya ve, una pavesa más de las cenizas de su puro, señor Aznar. Ustedes que como europeos podrían haber puesto una gota de cordura en el cerebro enfermo de Bush; ustedes que como herederos de una civilización milenaria que iba apostando por la libertad y concordia entre las naciones podían haberse negado a la barbarie no lo hicieron y le apoyaron, jugaron a matones barriobajeros, arrasaron ciudades y pueblos y produjeron cientos de miles de muertos. Tan muertos como los de los trenes de Atocha, los del metro de Londres, los de Charlie Hebdo, los de ayer de París. Todos son muertos. Y todos los muertos son una sinrazón. Aquellos y estos. Por supuesto que aquellos muertos jamás podrán justificar estos muertos.

Si los que detentan el gran poder, aquí y allí, tuvieran una mota de humanidad se aprestarían a detener esta barbarie. Pero no, no lo detendrán, valen más sus riquezas, sus dioses, su poder. Mientras tanto, los de aquí abajo, los ciudadanos de a pie, a sufrir, a temer un nuevo atentado cualquier día, en cualquier lugar, a cualquier hora. Condenados al miedo.

Correo del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com

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