Poder, democracia y clase media

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

La palabra democracia –etimológicamente poder del pueblo- ha sido amputada y separada en dos partes disociadas y sin nexo común. Poder y pueblo. El poder reside en una casta superior que toma las grandes decisiones económicas y lo hace con independencia del pueblo, de los ciudadanos y de los parlamentos elegidos e incluso de los gobiernos y los estados en los que viven esos ciudadanos. O sea, los grandes emporios industriales y bancarios vía Casa Blanca o Bruselas. Esta es la causa y el origen de que la indignación de la gente se haya extendido por medio mundo. Que no ha quedado reducida al 15 M, a las protestas antiglobalización y a otras algaradas (así lo llaman en un intento burdo por desprestigiar cualquier oposición a sus intereses) y que se repetirán en años sucesivos (en Francia ya han comenzado los primeros intentos), porque esta crisis no se reduce a la economía, con ser la más importante a primera vista, sino que es más profunda y afecta a todo el sistema socioeconómico mundial.

Siempre hay un detalle, un motivo concreto que genera la chispa por la que comenzar las protestas y en este caso han sido las condiciones precarias a que se han visto sometidos las clases medias a raíz del colapso económico resultante de esta crisis. (Según el último informe del BBVA, tres millones de personas en España han perdido la condición de clase media en términos monetarios). ¡Las clases medias, no la clase obrera! Han perdido en buena parte su estatus de comodidad, de buena vida, de superioridad sobre la clase trabajadora y van camino de la desaparición o cuando menos de minimizar su importancia en todos los terrenos aunque de momento algunos continúen esperanzados en que se revertirá su situación y volverán los buenos tiempos. Fútiles pensamientos. A profesiones liberales, pequeños comerciantes, negocios familiares y demás gente de estos entornos económicos les han inclinado la calle y desde hace un tiempo van cuesta abajo. Cuanto antes sean conscientes de la nueva situación y la asuman, cuanto antes dejen de seguir mirando a los demás por encima del hombro, cuanto antes dejen de sonreír ante su generoso ombligo, más problemas se le crearán a las élites para mantener este sistema actual que les proletariza a marchas agigantadas. Para el gran capital ya no son imprescindibles.

La clase media siempre ha considerado a la clase alta como modelo, icono de sus deseos, el espejo donde mirarse. Jamás como enemigo. Sin embargo, son los de esa clase quienes van camino de dinamitar su estatus. Las tiendas desaparecen comidas por las grandes superficies; los trabajos liberales tipo arquitectos, abogados y similares son engullidos por los grandes estudios o bufetes y apenas dejan unos restos de tienta para los profesionales individuales. La clase media como colchón que amortigüe los golpes de los extremos cada día que pasa tiene menos importancia. Cambios que van llegando lentamente, como si quisieran que no se note su ausencia con demasiada rotundidad.

Estas élites, además, han vaciado el concepto de democracia, han trivializado los procesos de representación popular con el apaño de esos representantes a los que presionan y compran y alejan poco a poco de las bases a las que en teoría representan. El poder y sus servidores por un lado, la ciudadanía por otro. Esto se parece cada vez más al sistema en que se basa el Gran Hermano que ideó Georges Orwell en su obra 1984. Se parece, pero va más allá, porque ha eliminado la imagen, no hay OJO DEL GRAN HERMANO a quien señalar, no hay partido único, no hay enemigo a la vista, no hay figura visible del malvado al que culpar, no hay una tangible imagen, un icono contra los que dirigir la protesta. Lo que, indudablemente, la hace mucho más difícil. De momento, esa protesta no ha faltado. Muchos le restaron importancia, pensaron en adormecerla y con el tiempo, sepultarla. Continúa viva, sin embargo. Hacen mal quienes quieren enterrarla: es posible que esa protesta sea una semilla, y las semillas crecen precisamente allí, bajo tierra.

Hasta ahora solo ha habido críticas y abucheos, aún no se ha urdido (esto será lo más complicado) una forma de construcción que sustituya a esta gran dictadura disfrazada de libre empresa y por tanto, aún no es posible traducir esta indignación en acción práctica. Es fácil unirse en la protesta común, pero muy difícil construir una alternativa. Imposible, no. El feudalismo fue enterrado por la burguesía y ahora la burguesía (la pequeña) está en trance de desaparición por innecesaria para la élite. El imperialismo ha entrado en nuestra propia casa. Algún día, la élite también será barrida. Aunque ni tú, ni yo, ni el otro lo lleguemos a ver, que cantaba Labordeta.

Correo del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com
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