Fraude en la educación

Antonio Tejedor Garcia. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

El otro día, en Tve, un abogado del bufete Independencia 24, de Zaragoza (http://independencia24.es/fraude-escolar/) sacaba a la luz las triquiñuelas, embustes, tretas, argucias y subterfugios que la gente utiliza con tal de llevar a su hijo al colegio que ha decidido (lo que no hablaban eran de las razones que aducían para llevarlos a tal o cual colegio y que sería interesante escuchar). No parece un tema demasiado importante si lo comparamos con el aluvión panameño, gurteliano o púnico, por poner ejemplos conocidos de todos. Y por supuesto, tampoco quiere decir que una cosa lleve a la otra, pero da qué pensar, de qué madera estamos hechos para saltarnos la ley, imponer nuestra voluntad (cuando no, nuestro capricho) y olvidarnos del daño que podemos causar. No vestimos el traje de la empatía, está claro; no lo venden en boutiques o centros comerciales.

Estoy hablando de nosotros mismos, gente normal y corriente. Gente que es capaz de alquilar un piso por un mes en la zona, que empadrona a los hijos en casa de un familiar, que certifica alergias o intolerancias, que presenta la declaración de renta de uno solo de los padres y que, en el colmo de los colmos, presenta demandas de divorcio que luego retira cuando finaliza el proceso de matriculación. Cualquier cosa que aumente el número de puntos que permita ocupar la plaza deseada. Remarcaba el abogado que esto es algo generalizdo, que se repite cada año. Y el hecho de que su frecuencia sea mayor en la zona centro y Romareda no me da para excluir a los demas que, me temo, de encontrarse en una situación parecida, obrarían de la misma manera. No todos, por supuesto; como tampoco ahora todos lo hacen. De todas formas, que se anden con tino, porque los padres de los alumnos excluidos suelen recurrir a servicios de investigación para dsecubrir el fraude. Ya sé que no habrá sanción económica, pero les pondrán la cara colorada.

País de rufianes y trileros, pícaros y ventajistas. Cada cual, en su medida, en lo que tiene a mano, la clava. Dicen que cada día hay mayor rechazo a las prácticas corruptas de políticos y cargos públicos o privados. ¿No será de boquilla? ¿No será que nuestra mano no llega al cerdito de las monedas, que decía el otro día un concejal ppero en Valencia, y eso nos hace sentir limpios? Como en toda la zona mediterránea, la picaresca debe estar en nuestro ADN, clavado en nuestro cerebro como un hecho cultural más y desde El Lazarillo, pasando por El Buscón o la corte de Monipodio, la literatura nos lo ha dejado patente. Quizás por esto, decir que este país se va a regenarar, que va a abrir las ventanas de la decencia económica y ventilar la casa no pase de mera utopía. Lo que sí tengo claro es que si no empezamos por nostros mismos no empezará

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