Siglos y siglos de misoginia


Por Juana Lanuza

Juana Lanuza. Médica

Misoginia manifestada más que como odio, que también en muchos casos, como desprecio, denigración, discriminación y violencia.

Las sociedades patriarcales establecidas desde tiempos inmemoriales, cimentadas sobre la base de la fuerza bruta, sometieron a las mujeres y comerciaron con ellas, todo en pro de la glorificación del macho y su enriquecimiento.

La mujer fue destinada desde el principio de los tiempos al uso y abuso del hombre y fue moldeada psicológicamente para que interiorizara la idea de su propia inferioridad.

Dice Gerda Lerner, historiadora y escritora americana, sobre el origen del patriarcado: “La sexualidad de las mujeres, es decir, sus capacidades y servicios sexuales y reproductivos, se convirtió en una mercancía antes incluso de la creación de la civilización occidental. El desarrollo de la agricultura durante el periodo neolítico impulsó el intercambio de mujeres entre tribus, no sólo como una manera de evitar guerras incesantes mediante la consolidación de alianzas matrimoniales, sino también porque las sociedades con más mujeres podían reproducir más niños. A diferencia de las necesidades económicas en las sociedades cazadoras y recolectoras, los agricultores podían emplear mano de obra infantil para incrementar la producción. El colectivo masculino tenía unos derechos sobre las mujeres que el colectivo femenino no tenía sobre los hombres. Las mujeres se convirtieron en un recurso que los hombres adquirían igual que se adueñaban de las tierras. Las mujeres eran intercambiadas o compradas en matrimonio en provecho de su familia; más tarde se las conquistaría o compraría como esclavas, con lo que las prestaciones sexuales entrarían a formar parte de su trabajo y sus hijos serían propiedad de sus amos. En cualquier sociedad conocida los primeros esclavos fueron las mujeres de grupos conquistados, mientras que a los varones se les mataba. Hacia el segundo milenio a.C. en las sociedades mesopotámicas las hijas de los pobres eran vendidas en matrimonio o para prostituirlas a fin de aumentar las posibilidades económicas de su familia. Los hombres acaudalados podían pedir un precio por la novia, que era pagado a su familia por la familia del novio, y que frecuentemente permitía a la familia de ella concertar matrimonios financieramente ventajosos a los hijos de los varones, lo que mejoraba la posición económica de la familia”.

Según esta historiadora, el primer papel social de las mujeres fue “ser las que eran intercambiadas en transacciones matrimoniales” y el papel de los hombres fue el de “ser los que hacían el intercambio y se aprovechaban de ello”.

Un ejemplo, de que en la antigüedad la mujer importaba muy poco como persona, lo podemos sacar del Antiguo Testamento, en la historia de Sodoma y Gomorra.

Según nos explica el Génesis, en Sodoma y Gomorra se practicaba la sodomía que era un pecado muy grave y por eso Dios enfureció y destruyó esas dos ciudades. Dice el Génesis que dos hombres, en realidad dos ángeles, visitaron a Lot y éste los acogió en su casa.

“Todavía no se habían ido a dormir que los hombres de Sodoma rodearon la casa: jóvenes y viejos, estaban todos sin excepción. Llamaron a Lot y dijeron:

-¿Dónde están los hombres que entraron en tu casa esta tarde? Hazlos salir, para que los conozcamos (abusemos de ellos).

Lot salió a la entrada, cerró la puerta tras de sí y les dijo:

– Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. Tengo dos hijas vírgenes; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere. Pero no hagáis nada a estos hombres: son huéspedes que se han acogido bajo mi tejado.”

Como persona humana, siempre me ha impresionado esta historia. Al único hombre justo de Sodoma, según Dios, sólo se le ocurre ofrecer a sus jóvenes hijas a una turba de violadores para salvar así a los dos varones acogidos en su casa.

En el Nuevo Testamento a la mujer se la obliga a estar sometida al marido para vivir en santidad. Así lo dice Pedro en su primera carta:

” Vosotras, mujeres, manteneros sometidas a vuestros maridos. Así, si algunos no creen en la Palabra, serán ganados, sin palabras, por vuestra manera de vivir, cuando se fijen en vuestro comportamiento respetuoso y casto”.

Dicho de otra manera: “Los hombres se convertirán cuando vean que la mujer cristiana accede gustosamente a ser la esclava del hombre que se case con ella”.

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18 Comments

  1. He aquí un buen ejemplo de manipulación machista. Son los hombres los que monopolizan aquí los comentarios, hasta tal punto que ponen comentarios con nombre de mujer, y uno dice descaradamente que soy yo la que lo hago.

  2. ¡Otra enferma psiquiátrica como la de las “gallines” que les dan un lapiz en la mano y empiezan a escribir barbaridades! Sres de Heraldo de Oregon como mínimo tendrían que revisar lo que escriben algunos de sus colaboradores, esta señora esta enferma y necesita atención médica no un bolígrafo entre sus manos.
    Saludos.

      1. ¿De verdad Anabel es una señora? Yo no lo creo y si lo es, es una adocenada en el machismo y además sin conocimientos de historia y encima no se ha leido la Bíblia. Una inculta total.

        1. No creo que sea necesario insultar a los comentaristas que no opinan como usted…, por cierto, ¡casi todos y todas! (para que no diga que no soy feminista).

          1. ¿Quién ha insultado? Yo no, es que de verdad que no creo que Anabel sea una mujer. Dime que insulto he puesto y no hables por hablar.

          2. Los comentaristas usáis aquí nombre de mujer para hacernos creer que son las mujeres las que piensan igual que vosotros. Sois los hombres los que nos insultais contínuamente.

        2. Probablemente tu tambien eres un hombre bajo el nick de una mujer, y como buen misógino así hacernos que creer que las mujeres son tontas y estan locas. Porque una mujer nunca diría las estupideces que tú dices.

          1. Definitivamente eres un macho. Ninguna mujer se molesta en insultar a otra si no le ha hecho ningún daño.

          1. Tienes el mismo estilo insultante que los hombres que aquí comentan. O eres uno, o la mujer de alguno de ellos.

    1. En ningún caso puedes decir que sea mentira. ¿Es mentira lo que he escrito? Te aseguro que lo de la Biblia está escrito tal cual. Juatifica lo de la diarrea mental, ¿o lo dices solo por machismo?

      1. DOÑA JUANA, ¿en vez de poner tantos comentarios, monopolizándolos, que parece usted el típico ponente frustrado de los congresos, PORQUE NO ESCRIBE ALGÚN ARTÍCULO COHERENTE -o no-, EXPONIENDO SUS IDEAS?
        Estoy seguro que podría ilustrarnos a todos un poco, y/o, por lo menos, NOS REIRÍAMOS UN POCO.

        1. Porque no pienso escribir nunca como un hombre. Puedes reirte lo que quieras, los machos desde hace muchos siglos os habeis reido de las mujeres que escriben. Como macho cavernario puedes seguir haciéndolo.

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