TERMALISMO SOCIAL DEL IMSERSO


Por Santiago Molina.  Catedrático jubilado, Universidad de Zaragoza y escritor

Manuel Santiago Molina, Catedrático de Universidad y escritor

Por primera vez he participado en el programa de termalismo social del IMSERSO a través de una estancia de diez días en un balneario situado a escasos kilómetros de Calatayud. Jamás había pensado que estos programas tuvieran tanta aceptación por parte de las personas jubiladas españolas, tal y como lo demuestra el hecho de que dicho balneario estuviera abarrotado de personas de la tercera edad, participantes del programa de termalismo social del IMSERSO, y también porque la práctica totalidad de parejas jubiladas habían visitado antes multitud de balnearios a través de dicho programa.

En este momento no conozco la cifra exacta de personas jubiladas que cada año participan en ese tipo de programas, pero mucho me temo que afecte a bastantes miles. Es por eso por lo que me ha parecido pertinente escribir este artículo, ya que los hechos que narro a continuación se los he escuchado a todas las jubiladas y jubilados con los que he hablado durante mi estancia en el balneario. O dicho de otra manera, si los problemas que voy a exponer fueran exclusivos de las familias que participan del termalismo social en este balneario, darlos a conocer carecería de sentido. En cambio, si como parece, la discriminación afecta a los miles y miles de jubilados de los programas de termalismo social del IMSERSO en todos los balnearios, la queja pública está más que justificada.

Lo primero que me sorprendió nada más llegar al balneario es que alojaran a mi esposa y a mí en una habitación abuhardillada, situada en la parte superior del hotel, con un grado de inclinación del techo tan pronunciado que era imposible caminar de pie por una buena parte del dormitorio. Además, en lugar de tener balcones como el resto de habitaciones, la única iluminación natural provenía de un escuálido ventanuco situado casi a ras del suelo. Y por si todo ello fuera poco, del cuarto de baño salía un persistente y desagradable mal olor, probablemente como consecuencia de que carecía de ventilación. Como es lógico, bajé a la recepción para solicitar que nos cambiaran a otra habitación, de entre las muchas que disponían de un amplio balcón con suficiente ventilación e iluminación natural, y la recepcionista me dijo que, según sus normas, las personas participantes en el programa de termalismo social del IMSERSO eran alojadas preferentemente en los cuartos abuhardillados y que, una vez ocupados todos, comenzaban a repartir a dichas personas por las otras habitaciones. Solicité que me fuera asignada otra aun pagando lo que hubiera que pagar y me respondieron que por el momento era imposible.

Por otra parte, el horario facultado para la participación de las personas del programa del IMSERSO en las actividades terapéuticas del balneario teóricamente abarcaba cuatro horas (de ocho a doce de la mañana), pero en la práctica quedaba reducido a dos y media, ya que el desayuno no se podía tomar antes de las ocho y media y después había que regresar a los dormitorios para ducharse y ponerse el “uniforme” obligatorio para poder entrar a la zona termal (un albornoz blanco, zapatillas y un gorro de baño). Dado que la zona termal estaba abierta desde las ocho hasta las catorce horas y desde las dieciséis hasta las dieciocho, pregunté cuáles eran los motivos para habernos asignado un horario tan apretado y la respuesta que obtuve es que a partir de las doce de la mañana el circuito termal estaba destinado para los bañistas particulares, a pesar de que el 95% de los clientes pertenecían al programa del IMSERSO.

Con el fin de no hacer demasiado prolijo este artículo, lo terminaré haciendo mención a las características del refectorio. El comedor estaba dividido en dos partes: una para los clientes del programa termal del IMSERSO y otra para los clientes particulares. Lo verdaderamente llamativo es que el espacio destinado para los participantes de este programa social era tan pequeño que hacía sumamente difícil acceder a las sillas, debido a que las mesas estaban colocadas unas junto a las otras. Esta falta de espacio resultaba aún más alarmante ya que muchos comensales tenían serios problemas de movilidad y también porque la parte del comedor destinada a los clientes privados estaba casi vacía.

Pregunté a muchos de los copartícipes del IMSERSO qué les parecían esas lamentables situaciones y, salvo excepciones, me respondieron que no les llamaban demasiado la atención ya que en todos los balnearios donde habían estado (muchos de ellos y ellas habían pasado por más de una decena) se daban ese tipo de discriminaciones y otras aún mucho más graves. No sé si la inspección del termalismo social del IMSERSO corresponde a los gobiernos autonómicos o al gobierno estatal, pero en cualquier caso considero que hay motivos más que suficientes para que la administración lleve a cabo cuanto antes las inspecciones necesarias para evitar esas anomalías.

Como dije al principio, el programa de termalismo social del IMSERSO es uno de los que tienen más aceptación y, por lo tanto, afecta cada año a miles de personas jubiladas españolas. Por ello, no es de recibo que algunos propietarios de estos auténticos paraísos termales se aprovechen de lo difícil que resulta a una buena parte de los jubilados acceder a los medios de comunicación para quejarse de los problemas que les afectan. Sería una auténtica catástrofe social que ciertos desaprensivos acabaran cargándose esta gallina de los huevos de oro, no solo por los beneficios que dicho programa reporta para los jubilados españoles, sino también por los muchos puestos de trabajo que podrían perderse en las áreas rurales donde suelen estar enclavados estos balnearios. Creo que no hay que ser economista para darse cuenta de que el desarrollo de muchas de esas zonas rurales quedaría asfixiado si desapareciera este magnífico y necesario programa de termalismo social.

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4 Comments

  1. Lo que es lamentable es que trabajadores que cobran el salario mínimo tengan que sostener estos programas y pensionistas con la pensión máxima todavía se quejen. Un programa que se mantiene para buscar el voto del jubilado.

    1. Es verdad lo que usted dice.
      Yo pensaba que estaba vetado el acceso a esos programas a las rentas más elevadas.
      (No quiero decir que sea el caso del articulista, pues lo desconozco).
      De cualquier forma, todo jubilado tributa por sus ingresos, y a mayor sueldo, más ha aportado al sistema, que eso también hay que considerarlo.
      Y, de cualquier forma, creo que el fin principal de esos programas ES MANTENER EL EMPLEO EN LA HOSTELERÍA EN LAS TEMPORADAS BAJAS, cuando muchos de esos hoteles, residencias, restaurantes, etc., ESTARÍAN CERRADOS, Y LOS TRABAJADORES COBRANDO EL PARO…
      Con este sistema, y aunque realmente no se gana dinero, pues creo que las empresas no ganan, pero si SE SOSTIENE EL EMPLEO Y LA ACTIVIDAD ECONÓMICA, en zonas muchas veces deprimidas, social y económicamente.
      En otras palabras: lo comido por lo servido.

    2. Su comentario me parece MUY INJUSTO con un señor que es crítico, que se ha caracterizado por no dejar pasar ni una a nadie, y que precisamente por eso la otrora prestigiosa UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA, pero muy otrora, le denegó el nombramiento como PROFESOR EMÉRITO, algo que tenía sobradamente merecido.
      Es posible que usted ignore, y siempre me ha gustado enseñar al que no sabe, que ese señor empezó su vida laboral trabajando en las minas, en La Carolina, Jaén, creo recordar. Estudió magisterio a trancas y barrancas, como pudo; posteriormente empezó a trabajar, se licenció y doctoró, obtuvo plaza de profesor no numerario y al final culminó su brillante carrera como Catedrático de Universidad.
      Militó en el Partido Comunista, en la época de Franco, cuando eso era delito, y tuvo que sufrir prisión por ello…
      Se lo recuerdo porque usted seguramente será un “socialisto” de toda la vida, de esos a los que nunca vimos enfrentándose al franquismo, e intentando cambiar el país.

  2. Amigo Santiago, celebro mucho leer de nuevo tus agudos comentarios y críticas sociales, totalmente ciertas, por lo que me han contado otras personas que han pasado por esos programas.
    Ahora, no todos los balnearios deben de ser iguales. En una ocasión visitamos a mi madre, que en paz descanse, en FITERO (Navarra), al lado de Cintruénigo, y estuvimos todo el día allí comiendo con ella, y una tía también fallecida, doña Emilia, y la verdad es que la comida fue excelente, incluso tres platos, en lugar de dos, que es lo habitual, con ricas verduras navarras, y una carne o pescado excelente.
    Es posible que al pagar como clientes particulares nuestra comida fuera mejor, pero lógicamente comimos con mi madre y la tía, todos lo mismo, y la verdad es que las dos estaban encantadas con la comida, incluso con el exceso de comida.
    Como esto sucedió hace años, antes de la crisis económica, es posible que ahora hayan recortado mucho el gasto en estos programas, pues tenemos que mantener a medio millón de inútiles, A LOS QUE LLAMAMOS POLÍTICOS, y ya se sabe que lo primero es lo primero…
    De cualquier forma, celebro mucho tu artículo, pues creo es muy interesante explicar las cosas claramente, para que pueda mejorar la atención que le debemos a nuestros mayores, a los que tanto debemos.

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