UN PRODIGIO


Por Fátima Martín Rodríguez. Escritora y OMIC del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife

En el siglo pasado empecé a trabajar en una oficina, la Oficina Municipal de Información al Consumidor, cuando todavía pronunciar OMIC recordaba más a un OVNI que a un servicio del ciudadano. Los consumidores eran unos extraterrestres, o más bien, unos terrestres desconocidos que pretendían defender asuntos extraños que poco a poco empezaban a escucharse por ahí: los derechos, los suyos, derechos ignorados cuando realizaban algo tan habitual como una compra, una novedad que parecía otra moda más traída de Europa. Recuerdo, en aquellos años, que todavía me animaba a cambiar el mundo, a intentarlo, o al menos, a mejorarlo. Por eso, el mundo de los consumidores se me hacía extraño, lo asociaba a despilfarros, a dinero gastado, a problemas superfluos frente al hambre del planeta, o a las catástrofes, o a las crisis mundiales.

Pero era la miopía de mi opinión, estaba lejos de la realidad, o mejor dicho, de las realidades, de las que se cubren bajo el paraguas de la OMIC. Así era, descubrí que estas siglas guardaban palabras importantes, valiosas, considerables, inmensas, pues aprendí que estaban más cerca de otras catástrofes, catástrofes cotidianas, las crisis que hablan en primera persona, los conflictos que se alcanzan en las distancias cortas, los problemas que congelan la expresión en un primer plano. Dejé de ver móviles de última generación, ni coches último modelo, ni 2×1, ni rebajas tonto el último. Tras las exposiciones de hechos, aparecían historias que arañaban, las dificultades que quitaban las sonrisas de los regalos de Reyes, o de los ahorros de años, o de los abismos negros que abrían las deudas, del peso de las cláusulas, del humo de unas vacaciones soñadas que no se cumplían.

Eso es lo que empecé a comprender. Esa era la Oficina en la que entré por primera vez, Oficina como guía, como refugio donde encontrar respuestas, donde iluminar incertidumbres, abrir caminos o aclarar situaciones. Un primer paso, cuando se creía que no había suelo. Oficina Municipal porque acoge a los ciudadanos, los de nuestro municipio, con los que nos cruzamos cada día, con ellos convivo calles, plazas, lluvias y soles, la distancia más corta, la proximidad de mi servicio, de sentir que viene a preguntarme la señora que puede ser mi madre, el muchacho que puede ser mi hijo, el que puede ser un amigo, un colega, un vecino, hasta sé que puedo ser yo, porque cualquier día me podrá pasar lo que me consultan. Oficina Municipal de Información, el oro de nuestro servicio, la información que alumbra, que explica, que aclara la oscuridad, que ordena el caos, que contagia responsabilidad, que ayuda a decidir, que trata de abrir puertas, ventanas, caminos, para que entre el aire de las opciones, de las posibilidades, de intentarlo, aunque no siempre se logre, al menos, intentarlo, incluso, lograrlo. ¡Qué prodigio! Lo sabemos, los que trabajamos en las Oficinas Municipales de Información al Consumidor, lo sabemos, tras mediar, en la mitad, en el medio de todas las tormentas, por fin, sentir la sonrisa de las facturas corregidas, el sonido de las cosas nuevas cuando fueron cambiadas, el suspiro de las deudas que se esfuman, oh, sí, la OMIC tiene esa competencia, ese deber y ese privilegio.

Pero a pesar de todo, existen terremotos inesperados, surgen sombras, vientos que tratan de borrar lo hecho, lo conseguido, de erosionar una labor cercana que trata de mejorar el mundo, el pequeño, el nuestro, y cuestionan las Oficinas, y tratan de disolverlas. Sin embargo, algo tienen, algo difícil de encontrar, porque cuantas más adversidades aparecen, menos medios, más distancias, más silencios y soledades, más valor surge en ellas, y cuando nadie apostaba por su supervivencia, por todas las comarcas, por todos los caminos se extendió una red poderosa, una red de tallos, de venas, de vasos comunicantes que garantizó su existencia, las OMICS se apellidaron UNIDAS y nació el pacto que celebramos ahora, cinco años después, es el mérito heroico que merecen sus forjadores, porque conseguimos que la fuerza nos acompañe, porque sabemos que el camino continua, que nuevas etapas están por venir. OMICS UNIDAS, más unidas que nunca.

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2 Comments

  1. Enhorabuena, Fátima. Gran artículo que me emociona, a pesar de que mi experiencia fue distinta, pues creo que yo ya era “omera” antes de trabajar en la OMIC y lo sigo siendo, ahora no trabajo en estas oficinas que acogen, que escuchan, que dan voz a los consumidores, aunque no siempre puedan obrar prodigios y resolver los problemas que se les plantean. Sigamos alimentando esa red extraordinaria que es OMICSUNIDAS.
    ¡Feliz aniversario!

  2. No dudo de que la OMIC en la que usted trabaja funcionará estupendamente, pero en las pequeñas localidades, cabeceras de comarca, etc., SUELEN SER UN ENCHUFE MÁS, a donde van a parar la sobrina del Alcalde, el hijo tonto del Secretario o cualquier enchufado del partido que allí “pastorea” al rebaño.

    Y SU INEFICACIA SUELE SER MUY GRANDE, VAMOS, QUE SI DESAPARECIERAN, SEGURAMENTE NO PASARÍA NADA, salvo que se reduciría el gasto público.

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