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EL PENOSO DISCURSO DEL REY FELIPE VI EN NOCHEBUENA

2 Ene

Ramiro GRAU MORANCHO

Abogado y escritor. Académico Correspondiente Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. www.ramirograumorancho.com
Ramiro Grau Morancho

Ramiro Grau Morancho

Confieso que todos los años escucho con el máximo respeto el discurso de Nochebuena del Rey, y que en mi casa no empieza la tradicional cena hasta entonces.

Soy consciente de que no vivimos en el Reino Unido, a Dios gracias, y quiero pensar que el Rey dice lo que considera pertinente y necesario, sin limitarse a leer el discurso que le prepara el primer ministro, como en la Gran Bretaña, o el presidente del gobierno, en el caso español.

Pero ya no sé qué pensar.

La última intervención de Su Majestad me ha resultado patética, penosa, llena de lugares comunes, propia de lo “políticamente correcto”, procurando no molestar a nadie, y pasando de puntillas sobre los asuntos más graves, como Cataluña… Más propio de un funambulista que de un Soberano, aunque no mande ni en su propia casa…

Después del único discurso realmente digno y memorable, que fue el del 2 de octubre de 2017, creo recordar, nunca antes ni después he oído ninguna intervención de Felipe VI que nos convenza de la utilidad de la Monarquía, y no de su futilidad.

Rajoy, Aznar, González, Zapatero, Sánchez, y hasta Iglesias podrían haber dicho y firmado ese documento, que no va a pasar, precisamente, a la antología de los discursos reales, y mucho menos a la historia.

Una Institución que realmente no sirve para nada, que no ejerce poder arbitral o moderador alguno, que es incapaz de afrontar los graves problemas de la España actual, y lo que es peor, que carece de cualquier autoridad moral, pues ni han sido elegidos por el pueblo ni accedido al trono por votación popular, sino por designación “dedocrática” de Franco, realmente tienen poco que decir, y lo único que aspiran es a pasar inadvertidos, y que nadie se meta por ellos, pues sobrevivir, hasta que se pueda, parece que es su único fin…

En fin, termino ya, que lo malo si malo, menos mal, parodiando a Gracián.

Majestad, para este viaje no necesitábamos alforjas…, ni Corona.

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