Médico y emigrante

22 Jun

La emigración al extranjero de los jóvenes licenciados no tiene por qué ser considerada un hecho lamentable. Esa etapa ayuda a abrir puertas y a completar la personalidad

Por Gustavo Cimorra Moreno. Médico

Fui médico por vocación, ya que nadie en mi familia lo había sido, así que cuando terminé la carrera en el bello edificio de la plaza de Paraíso me encontré en la tesitura de cómo enfocar mi ejercicio profesional para trabajar en lo que me gustaba. Bastantes compañeros seguían la saga de sus familias, como pudo verse en la publicación del Dr. Ángel Faci ‘Treinta estirpes médicas aragonesas’. Los demás teníamos como opciones seguir a algún profesional de reconocido prestigio en la ciudad con el que aprender los imprescindibles conocimientos prácticos para ejercer, naturalmente sin ningún estipendio. Otra posibilidad era ir a trabajar en un pueblo, pasando a formar parte de las fuerzas vivas: alcalde, cura, médico y veterinario (¡cuatro para el guiñote!). Quedaba opositar en la Asistencia Pública Domiciliaria o emigrar a otro país, Alemania, Inglaterra, Francia o Estados Unidos, con las barreras idiomáticas correspondientes y con la exigencia de un contrato de trabajo.

Yo pensaba que con el Assimil dominado (‘my taylor is rich’) sería más fácil. Pues ni de lejos. Cuando llegabas allí aquella gente hablaba un inglés muy raro y sincopado, o eso me parecía. No quedaba otra que buscar un empleo de lavaplatos, huir de los hispanos para no hablar en castellano mientras veías otras cosicas raras: las roscas y tornillos se giraban en sentido contrario y con llaves inglesas de medidas en pulgadas; a las 10 de la noche los bares (pubs) te echaban a la calle y debían de ser muy feministas, porque tenían un cuartito aparte al que solo entraban mujeres, supongo que para beber en la intimidad; peor era la cerveza, que la pedías para refrescarte y estaba ¡caliente!; podías comer buenos quesos de varias clases y también huevos duros conservados en frascos de aceite para tragarlos tal cual, pero ni un triste bocadillo.

Los sábados, algunos clientes bebían hasta literalmente caerse largos al suelo. En los pubs irlandeses cantaban como descosidos y algunos muy bien. Otro ‘shock’ fue al ofrecerte un plato de judías blancas, que lo recibías con el recuerdo de las nuestras pero que al comerlas casi vomitabas, porque eran ¡dulces! Lo de la moneda ya era para nota: había billetes de libras, sin problema; pero, ¡ay Dios mío!, las monedas eran la locura: había coronas (5 chelines), medias coronas (2 chelines y medio), chelines (12 peniques), medios chelines (6 peniques), dos chelines, céntimos… optabas por volcar el monedero y que cogieran lo que fuese. Curiosas máquinas de venta de leche en cartones con forma piramidal, por cierto una leche blanquísima, sin tonterías de desnatada, con un sabor que recordaba aquella de nuestro pueblo y que, cuando la veías en una botella de cristal, tenía tres dedos de grasa pura amarilla y nadie hablaba del colesterol. No existían discotecas ni falta que hacía: el sistema era elemental, como diría Watson: en una tienda con licencia comprabas una botella de vino y te ponías a caminar por el barrio de los estudiantes o gente joven, allí donde escuchabas música y risas llamabas a la puerta, y a quien te abría le enseñabas la botella; en el 90% de los casos, para dentro, al guateque y allí a practicar tu inglés, naturalmente.

Así era nuestra emigración y ahora parece que se opina sobre ella, de forma lastimera, como «pobres médicos licenciados que tienen que emigrar», como si esto fuera algo malo o perjudicial. Y no es así en absoluto, aunque el ambiente ahora sea distinto del de entonces. Ejercer y trabajar en el extranjero, con los oportunos permisos y contratos, no es una maldición, sirve para abrir nuestra visión y mente ante otras formas diferentes de vida y costumbres distintas de las habituales en nuestro entorno. Y eso no puede ser más útil. Porque no sólo va a abrir puertas y caminos, va a completar la personalidad y aumentar la experiencia y la autoestima de nuestra juventud emigrante.

Origen: Heraldo de Aragón

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10 comentarios to “Médico y emigrante”

  1. Esperanza 27 junio, 2017 a 12:43 #

    Estoy de acuerdo que salir del pais enriquece al médico, pero salen tantos que España se está empobreciendo. Se les enseña aquí y después no sirven al país.

  2. Pedro P Barrero 22 junio, 2017 a 16:36 #

    No hay porqué esconder el nombre.

    Mi Jefe no lo esconde.

    Os dá vergüenza decir que habéis estado fuera?

    A mi en absoluto, fue una experiencia muy buena en todos los sentidos y aprendí mucho. Los ingleses tienen mucho que enseñarnos, sobre todo el respeto a los médicos que aquí se perdió hace unos años.

    Debería ser obligatorio.
    Un abrazo Jefe
    Pedro

    • Emigración 22 junio, 2017 a 18:02 #

      No creo que nadie que haya estado fuera lo esconda, no hay nada que esconder y sí mucho de lo que estar orgulloso. Eso de que tratan mal a los que se formaron en el extranjero son pajas mentales de la tal Esperanza

      • Esperanza 22 junio, 2017 a 18:29 #

        Las pajas serán tuyas, no mías.

  3. Esperanza 22 junio, 2017 a 15:15 #

    Tienes razón de que enriquece salir al extranjero, el problema es que ahora son muchos los que se van y aqui también los necesitamos.

    ¿Como fue la vuelta a España?

    Yo también me plantee de joven irme fuera, pero mi marido me dijo que si me iba me olvidara de él. Además donde hice la residencia había médicos que habian estado fuera y los trataban muy mal. Había mucha envidia.

  4. Emigración 22 junio, 2017 a 10:53 #

    Interesante y valiente. Una época difícil, supongo.

    • astolgus 22 junio, 2017 a 11:31 #

      Lo fue pero nunca me he arrepentido porque mi historia es larga: estuve 5 años trabajando de ínfimo residente (junior house officer) a especialista (senior registrar) obteniendo una especialidad entonces muy poco conocida aquí en donde también tuve que batallar escribiendo trabajos y publicando para darme a conocer en mi tierra

      • Emigración 22 junio, 2017 a 11:56 #

        Bueno, pues es de agradecer a los pioneros

  5. Ana 22 junio, 2017 a 09:05 #

    Enhorabuena por el estreno como opinador del HSdO. Espero que sean más indulgentes con usted de lo que lo son conmigo. Un abrazo fraternal

    • astolgus 22 junio, 2017 a 11:33 #

      Muchas gracias Ana, fuerte abrazo para ti.

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