El ‘Guernica’, el Bosco y el Greco

28 Abr

80 ANIVERSARIO EL MURAL DEL ‘GUERNICA’, ANALIZADO EN RELACIÓN CON LA OBRA DE GOYA, EL BOSCO Y EL GRECO

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Por Enrique Martínez Ballarín. Médico y escultor

Ahora toca el ‘Guernica’, en su 80 aniversario: se le rinde un gran homenaje en el Centro Reina Sofía de Madrid. Estos días he leído diversas opiniones de expertos en arte. Señalan en el gran cartel la influencia de Goya, ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’, en el personaje «manos arriba» a la derecha del cuadro, interpretan la bombilla como el estallido de aquella guerra fratricida, resaltan la mano abierta con los surcos que marcan el destino, y ven en las rayas que cubren el caballo, o yegua, las letras de un texto.

Enrique Martínez Ballarín

Desde la admiración por el artista más completo del siglo XX, me atrevo a opinar que Picasso, recién nombrado por Azaña Director Honorífico del Museo del Prado, volcó en este encargo del Gobierno, que culminó en 35 días, mucha de la historia del arte que impregnaba su subconsciente y, entre otras, su ‘Guernica’ recoge influencias de obras maestras como ‘El carro del heno’ del Bosco y ‘El entierro del Conde de Orgaz’ del Greco. Por cierto, en 1969 el malagueño escribe y titula así la última de sus tres obras de teatro. El ‘Guernica’ semeja un tríptico. La zona central está configurada como la pirámide renacentista, típica en Leonardo da Vinci y Rafael de Urbino. El vértice es el candil; el cuerpo, la yegua herida, y la base se apoya a los lados en dos imaginarios cubos que contienen pierna y pie, y cabeza brazo y mano.

El carro del heno. El Bosco

Los lados del ‘tríptico’ son dos rectángulos: el derecho, con la recta estancia en llamas, contiene la implorante figura goyesca con brazos verticales y rectas líneas en el cuerpo; en el izquierdo destaca arriba cuernos y cola del astado, en contraste especular con el opuesto ventanuco cuadrado y llena el resto, con predominio de curvas, con el toro blanquinegro y la doliente madonna con el hijo muerto en brazos, un remedo de ‘La Pietá’ de Miguel Ángel. En los espacios superiores entre los rectángulos y la cúspide de la pirámide, Picasso incluye dos motivos esferoidales, completando la matemática geometría pitagórica: cubo, triángulo, esfera y rectángulo. El círculo derecho lo forma la cabeza del hombre que con su brazo extendido sostiene la lámpara, ese brazo parece a la vez la chapela vasca, única referencia al pueblo que sufrió el bombardeo. El círculo izquierdo abarca la luciente bombilla y la terrible y hermosa cabeza del equino lanceado. ¿Y donde están aquí El Bosco y El Greco? ‘El carro del heno’ es un verdadero tríptico: el carro central carga el afán de riquezas y placeres mundanos como efímero estiércol, el lateral izquierdo es la pérdida del Paraíso que lleva al infierno de la tabla derecha, condena final de los pecadores.

En el milagro de ‘El entierro del Conde Orgaz’, el Greco cubrió el área superior del lienzo con el áureo triángulo divino, con la Virgen y el Bautista a los lados, el Redentor en lo alto, y en la base el ángel que introduce en la Gloria el alma del Señor de Orgaz. En la parte inferior y realista del cuadro, hay un desplazamiento hacia la izquierda de los santos Esteban y Agustín, transportando el cadáver del benefactor de la iglesia de Santo Tomé en presencia del friso de clérigos y caballeros enlutados. Todo alude aquí a ese tránsito vida terrenal–muerte–renacer celestial.

El Entierro del Conde de Orgaz. El Greco

En el ‘Guernica’ es evidente en cada detalle un movimiento hacia la izquierda (véase la flecha), así en la posición inferior del pie a la derecha y de la mano a la izquierda, que conforman un monstruo andante con la mujer que huye, el guerrero decapitado y el abstracto cuerpo del animal con los grafismos a modo de escritura del libro que pasa sus páginas. El quinqué, luz de aceite, es lo antiguo y casi contacta a su izquierda con la nueva energía eléctrica de la bombilla. Es el paso del tiempo, el continuo fluir del presente. En el ‘Guernica’, Picasso nos dice que el devenir de la Historia, como el transcurrir de la vida, están inexorablemente unidos a destrucción, más entropía y dolor, pero también que ese inevitable horror tal vez conduzca a un futuro de esperanza; o eso deseo creer mirando la mínima flor que dibuja triunfante sobre la espada rota.

Origen: Heraldo de Aragón
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