Una golondrina no hace verano

25 Abr

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

Siempre me ha llamado la atención el gran número de imágenes creativas con que quieren –queremos y querremos- dar apoyo a la lectura, buscar posibles aficionados hasta debajo de las piedras y donde no haya posibles sacarlos de la nada con algún tipo de arte aunque se ribetee con tintes de magia. Leer, además de un entretenimiento, es el principio del saber y del pensar; es tratar de conocerse a uno mismo que es, en palabras de Cervantes, el más difícil conocimiento que puede uno imaginarse; es aceptar la sabiduría de los demás y empezar a filtrarla por el tamiz de las propias capacidades, que serán mayores a medida que nos impregne esa capa externa de la cultura de los otros. Leer es, también, un acto de humildad en este mundo de soberbios, donde demasiada gente se cree superior al resto del género humano por razones que, siendo prudentes y considerados, llamaríamos simplemente espurias. Allá ellos. Yo me siento feliz con un libro en la mano.

Ayer, día del libro, quizás fuera el menos indicado para esta glosa de la lectura por lo repetitivo del tema y la ingente cantidad de noticias referidas a ella. Llega a abrumar, esa concentración de datos, entrevistas, opiniones, informes, imágenes. Todo en veinticuatro horas. El resto del año, casi un desierto. Este es el drama de ese invento del día de… Parece una simple justificación, un ponerlo para que se callen y no digan en vez de ser una forma de potenciar el libro. Una golondrina no hace verano, dice el refrán. Lo sé y lo saben. Quienes deberían convertir este día del libro en todos los días un libro, todos los días unas páginas de ese libro, lo saben. Pero no debe interesar. Vale, quitémosle el debe: no interesa. Parafraseando a Arquímedes, diríamos que toda lectura sumergida en una sociedad experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de la ignorancia desalojada. Lava de volcán. La lava quema, claro. Quema esa ignorancia, atempera las emociones, calma las pasiones, permite una discusión civilizada, pero con razones suficientes como para defender el punto de vista de cada uno. Ah, esa diversidad, ese alejamiento del pensamiento único, esa dificultad para convencer al que tiene otras ideas, esa ansia por la imposición. Es más fácil trabajar con las emociones, qué duda cabe, tocar la fibra sensible que distraiga el objetivo, que oculte los razonamientos. La lectura los potencia y ese es el problema.

Pero como decía Henry Ford, el último dólar me lo gastaré en propaganda, en airear la necesidad de leer, de pensar, de saber. Aunque solo sea para que no me engañen.

Correo electrónico: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com
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