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¿Queda alguien limpio por ahí?

20 Abr

Antonio Tejedor García. Escritor y Profesor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

En alguna ocasión todos, hemos despotricado contra la justicia –aunque no nos referimos a la que juzga a los mortales de a pie, sino a la justicia politizada del Tribunal Supremo y del Constitucional nombrada a dedo por PP y PSOE- Ahora, aunque se nos tache de oportunistas, aplaudimos sin reparos. Y no lo digo porque hayan obligado a testificar a Rajoy o detengan a González, que hace años que ambos debían haber cumplido este trámite. Aplaudo porque considero que cumplen con su trabajo. Porque investigan a pesar de las presiones a que son sometidos. Luego veremos si son capaces de aportar pruebas y de los indicios se pasa a evidencias sólidas y demostrables. Solo quienes tienen algo que esconder pueden oponerse a que se investigue y a que cualquier persona, ocupe el cargo que ocupe, pueda testificar. Sea Rajoy o el sumsum corda. Por encima de la ley, ni Dios. Otra cosa es que la ley sea justa o injusta y empecemos a sacar harina de otro costal.

Parece que la testificación de Rajoy fuera una monstruosidad y un ataque (¿otro ataque?) al PP. Pobre víctima. El dictamen del juez ha caído como una especie de obús en la sede de Génova y la explosión ha dejado todo negro (el dinero con el que se pagó la reforma, más aún) Ha debido de quemar hasta las ideas, el carácter de muchos, la sonrisa con la que solían espantar malos agüeros, la falsa colaboración que siempre han ofrecido y nunca cumplido. Mariano, como si se enfrentara a un periodista de la Cope en vez de a un tribunal, va a contestar a lo que quiera. Eso ha dicho Maíllo. Tiene miedo de que se trabe y le resulte “very difficult todo esto”. O que le dé por aclarar qué es lo cierto de lo publicado por los medios, o que repita lo que después del año 14 viene el 15. Incluso lo veo muy capaz de decirle que “No he dormido nada. No me pregunten demasiado si hacen el favor” Aunque también puede hacerles la pelota y declarar que los jueces son mucho jueces y demostrarles fehacientemente que la Gürtel sigue siendo una trama contra el PP y a ver qué esperan para detener a los denunciantes y a la prensa canallesca.

De momento, no le han hecho caso y el detenido es Ignacio González, el del ático de Marbella que, casualmente, también fue Presidente de la Comunidad de Madrid en las filas del PP y bajo los auspicios de Esperanza Aguirre. Tengo la sensación de que con esta detención empiezan a llamar a la puerta de la Condesa de las Mamandurrias. ¿Queda alguien limpio por ahí? Se agotan los casos particulares y el hedor llega a Marte y más lejos por más que aprieten la nariz en un intento desesperado de negar la luz del día. Se puede ser de derechas o de izquierdas, se puede tener una ideología que defienda unos intereses u otros, pero no se puede ser corrupto. Y no se puede defender la corrupción. No se puede utilizar la res publica para el bolsillo privado. Lo que ha sucedido en este país desde la reinstauración democrática ha sido un saqueo continuo por parte de estos y de aquellos. Creo que más de estos, pero no pongo la mano en el fuego por ninguno. Y no sabemos ni la centésima parte de lo sucedido. Sigo, por tanto, sin comprender el forofismo de quienes defienden a los corruptos por el simple hecho de ser de los suyos como si fueran hinchas de un equipo de fútbol. Esto es mucho más serio, señores. Otra persona de otro partido que hubiera cometido el mismo delito sería reo de muerte (al menos, política), pero si la comete uno de los míos la disculpo en nombre de no sé qué. O incluso, lo jaleo, le voto de nuevo. Y, por increíble que parezca, lo seguirán haciendo.

El problema de la corrupción es que lo hemos asumido como un hecho cultural más, está ya en nuestros genes y demasiada gente sigue pensando que el que no roba es porque no tiene posibilidades o es tonto. Yo, sin embargo, pienso que es porque saben que no deben hacerlo, es una cuestión de orden ético y moral, de decencia. De dignidad. Tienen conciencia. Saben que lo público es de todos, mío también. Y saben, también, que el dinero no es la única norma de vida en una persona.

¿Algún día dejaremos de oler a podrido?