Sexo, mentiras y lo que venga

15 Mar

Antonio Tejedor. Profesor y Escritor

Antonio Tejedor García

Antonio Tejedor García

A pesar de las similitudes del título con aquella película de finales del siglo pasado que puso en el mapa del cine a Soderbergh –Palma de oro en Cannes y Oscar al mejor guión- no voy a hablar de sexo. Eso se lo dejo a los de Hazte oir, que del tema saben mucho. Saben que un niño tiene pene y una niña, vulva. ¿Dónde lo habrán aprendido? Porque cuando yo estuve en los frailes decir cualquiera de esas palabras era pecado mortal, por lo menos (y no hablo por hablar, sé lo que digo). De respeto a las personas que no piensan como ellos no es que tengan mucha idea; pero de sexo, sí. Al menos, en la práctica, que muchos de ellos acarrean media docena de churumbeles envueltos en blondas, almidones y uniformes variopintos. Lo que no acabo de entender es esa manía en decir a cada uno lo que tiene que ser, lo tiene que sentir, cómo tiene que gozar. Y para el que no haga caso, unas llamaradas de eternidad como postre de esta vida y mientras tanto, durante ella, unos pozales de miedo. Pero no pueden fustigarlos con látigos ni atarlos a la rueda de madera, qué pena. Ah, aquella santa Inquisición, con lo bien que les vendría ahora.

De mentiras tampoco voy a hablar. Ese tema se lo dejo para los de nuestro gobierno y demás afines políticos, que son duchos en el oficio. No salvo ni a los leones de las Cortes. Pero los de Rajoy se llevan la palma –la de Cannes, no-, no hay quien lo niegue. Que las promesas electorales se las lleva el viento aunque esté en calma, el personal lo acata con resignación franciscana y no se rasga las vestiduras. ¿Alguien se sorprendería que un político firmara un acuerdo sabiendo que no iba a cumplirlo? Son cosas que el ciudadano tiene asumidas y para el político forman parte de su ser, pensar y actuar habituales. Ellos mismos abrirían la boca y los ojos y mirarían a su alrededor si obraran en consecuencia con lo firmado, eso sí que sería una sorpresa. Y de las grandes. Ahora, de ahí a tener la desfachatez de pregonarlo a los cuatro vientos, en la cara de los otros firmantes y en la cara de los demás españoles va un abismo, roza –no, araña- la desvergüenza. Por utilizar una palabra amable y que no me acusen de insultar a nadie. Es de agradecer, sin embargo, esta sinceridad. A lo mejor hay alguno que cae del guindo, quién sabe.

Ahora estaremos atentos a la figura de cera que nos pondrá Albert Rivera –impecable el pareado- para querernos hacer digerir lo indigerible. Porque lo intentará, seguro. Frotará las manos como si fuera una bruja con su bola de cristal para conjurar encantos y milagros. Da igual, ya no le cree ni su corbata. ¡Qué papelón, señor, vaya castigo! Es lo que tienen las marcas blancas, son más baratas, pero les falta calidad. Donde esté el original sobra la fotocopia.

Y ahora, pues lo que venga, que ya lo imaginamos.

Correo del autor: espikap@Hotmail.com  Blog: www.lagartosquebrada.blogspot.com
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Una respuesta to “Sexo, mentiras y lo que venga”

  1. Stalin 16 marzo, 2017 a 08:00 #

    Artículo sectario y penoso.

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