LOS DELITOS DE ODIO, O LA CRIMINALIZACIÓN DE LOS ADVERSARIOS IDEOLÓGICOS

9 Mar

Ramiro GRAU MORANCHO

Abogado, Académico Correspondiente Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. www.ramirograumorancho.com
Ramiro Grau Morancho

Ramiro Grau Morancho

Los llamados delitos de odio hacen su entrada en nuestro ordenamiento penal de la mano del PP, faltaría más, siempre en su papel de tontos útiles del sistema, siendo ministro de injusticia un tal Ruiz Gallardón, fiscal de carrera, pero político de profesión.

En la reforma del Código Penal de 2015, teniendo el PP mayoría absoluta, encima, se introducen en nuestro ordenamiento jurídico estos delitos, que son utilizados como ariete para la persecución de los grupos políticos o ideológicos minoritarios, y la extensión, por tierra, mar y aire, del “buenismo político”, consistente en las imbecilidades de la etapa zapateril: todos somos hermanos (pero no primos), la tierra es del viento, y otras chorradas similares.

Consiguientemente se pretende perseguir a quienes mantengan o sostengan ideas contrarias a estos ideales masónicos de la sociedad. Una sociedad de los bienpensantes, pero que viven en urbanizaciones de lujo, sus hijos se forman en colegios de élite, alternan en clubs que son auténticos cotos cerrados, y no tienen ninguna relación con los inmigrantes o extranjeros, salvo como servicio doméstico, y eso en el mejor de los casos.

¡Así se puede ser solidario!

Sobre todo cuando no necesitas ninguna ayuda social, ni tienes que ver como se da preferencia a los extranjeros, antes que a los españoles de origen, para dar esos subsidios, subvenciones, prestaciones, comida, ropa, etc., por parte de las diversas administraciones públicas y organizaciones no gubernamentales, que en realidad deberían llamarse gubernamentales a secas, pues todas viven mayoritariamente del dinero público.

La Ley Orgánica 1/2015, por la que se modifica el Código Penal de 1995 (el llamado Código Belloch, promulgado por el biministro socialista, de Interior y de Justicia), establece en sus artículos 510, 510 bis, 511, 512 y 515, numerosas penas, de hasta cuatro años de prisión, para quienes inciten, directa o indirectamente, al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo social o contra una persona determinada por motivos racistas, antisemitas, o relativos a la orientación e identidad sexual, pertenencia a una etnia determinada, nación, raza, etc.

En otras palabras, el bien jurídico protegido realmente es indeterminado e indeterminable, y queda al albur de cualquier fiscal o juez ávido de protagonismo social, o de “hacer méritos”, el acusar o condenar a cualquier persona que haga algún tipo de manifestación pública que se aparte de lo que podríamos llamar “políticamente correcto”.

Así ha sucedido, por ejemplo, con el llamado caso Blanquerna, o más recientemente con la organización Hazte Oír al recordarle a la sociedad algo tan obvio, y de derecho natural, como que un hombre es un hombre, y una mujer es una mujer…

O el caso de don Pedro Varela a quien secuestran quince mil libros que tenía a la venta en la Librería Europa, de su propiedad, en Barcelona, y todo el fondo de la Editorial Ojeda, también de su titularidad, dejando en la calle a varios empleados, entre ellos el propio Varela. (Supongo que así creerán que contribuyen a la mejora de la economía, disminución del desempleo, aumento de la recaudación fiscal, cotizaciones a la seguridad social, etc.).

Esta nueva “catalogación delictiva”, totalmente politizada, como puede entreverse, ha generado la creación de una nueva especialidad en las fiscalías, los llamados “fiscales contra el odio”, aunque hay quienes hablan de los “fiscales del odio”, cuya principal función, parece ser, es acabar con todos estos disidentes políticos, que se apartan del “buenismo zapateril”, que tanto éxito ha tenido en la reciente historia de España.

¿Hacia dónde nos lleva esta nueva legislación?

Pues nada menos que hacía la persecución penal y la criminalización de los que piensan diferente, que están en contra de la lenta pero constante –nueva- invasión de España por los musulmanes (espero que yo no esté delinquiendo ahora mismo, por ejemplo), la necesidad de priorizar a los españoles frente a los extranjeros a la hora de obtener empleos, prestaciones y ayudas sociales, si no queremos desaparecer como pueblo, etc.

Digamos que, al igual que en los regímenes comunistas (tal vez no estemos muy alejados de ellos) se persigue penalmente a los disidentes políticos, a los que hay que “reformar”.

Y, por supuesto, no puede negarse el holocausto judío en la segunda guerra mundial, pues ello es materia de fe. Es parte del dogma del nuevo orden mundial…

Se puede dudar de la existencia de Dios; podemos opinar si preferimos la república a la monarquía; también decantarnos por ser agnósticos o ateos…, pero lo que nunca podremos hacer es cuestionarnos la versión oficial de la segunda guerra mundial, por ejemplo, o que los comunistas no asesinaron a miles de sacerdotes y monjas católicas durante la guerra civil española. ¡Acojonante!

Espero que, con el tiempo, los jueces y tribunales atemperaran los efectos de esta nefasta legislación, pero no cabe albergar grandes esperanzas, sobre todo a la luz de sentencias extremadamente duras, como la del caso Blanquerna, por ejemplo. O la actuación manu militari contra la librería Europa y ediciones Ojeda…

En fin, y sin perjuicio de volver sobre el asunto, para no hacer este artículo excesivamente farragoso, soplan malos vientos para la libertad de expresión, la libertad de opinión e incluso la libertad ideológica, por lo menos si se pretende manifestarla públicamente. Vamos camino de una “dictadura de lo políticamente correcto”, ante el desinterés general, lo que no es de extrañar, en un pueblo compuesto mayoritariamente por ganado ovino, y algunos cabrones..

Se quiere acabar con la disidencia, el pensamiento independiente, las opiniones contrarias, etc., y para ello se utiliza el derecho penal. Como bien dice el catedrático don Francisco Javier Álvarez García en el Prólogo al Código Penal publicado por la editorial Tirant lo Blanch: “…sí esa reforma se caracteriza por algo es por la abrogación del Principio de Legalidad…”.

Y continua diciendo: “¿Qué escenario se nos puede presentar dentro de unos meses?… no es la mejora de la convivencia ciudadana lo que impulsa la reforma… no sólo es cuestión de completar lo más rápidamente posible el “paquete represivo”, sino de dificultar todo lo posible la “marcha atrás”… Así, pues, nos espera a los españoles un futuro incierto, también en esta materia. ¡Qué pueblo más desgraciado!”.

Pero de la misma forma que es imposible defender la virginidad de una puta vocacional con el Código Penal, creo que igual sucederá con el pensamiento libre y rebelde…

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14 comentarios to “LOS DELITOS DE ODIO, O LA CRIMINALIZACIÓN DE LOS ADVERSARIOS IDEOLÓGICOS”

  1. Tom Paine 10 marzo, 2017 a 11:10 #

    Para empezar a corregir todas las tropelías que se están cometiendo y se pretenden cometer es necesario controlar a los políticos de este régimen de poder que padecemos.

    ¿Como se puede conseguir esto?.Con un método que se llama ¡DEMOCRACIA!

    La democracia se caracteriza por cumplir dos condiciones : Representación del elector y división y separación de poderes(legislativo y ejecutivo); así como independencia para el poder judicial.

    Representantes de los ciudadanos elegidos por ellos y no de los partidos políticos como sucede ahora, en elecciones separadas para el poder legislativo(Diputados).

    Elección del poder Ejecutivo(Gobierno) en elección separada y por todos los ciudadanos y no como sucede ahora que al ejecutivo lo elige el parlamento.

    • Esperanza 10 marzo, 2017 a 20:50 #

      Ya nos dirás como se consigue eso

      • Pedro Benabarre Graus 11 marzo, 2017 a 13:27 #

        Es verdad lo que usted dice, pues EN ESPAÑA ESTAMOS VIVIENDO UNA DICTADURA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS, disfrazada de democracia.

        Seguramente una parte de la solución, o por lo menos un remedio, sería dejar de votar al PPPSOE, y votar a otros partidos alternativos: Podemos, Ciudadanos, etc.

        ¡Claro que es posible que el remedio fuera peor que la enfermedad, pues si llegamos a tener 8 0 10 partidos en el Parlamento, PODEMOS ACABAR CON UN PAÍS INGOBERNABLE!

        Más o menos como ahora…

      • Tom Paine 11 marzo, 2017 a 18:04 #

        No participando en las votaciones absteniéndose de votar (abstención​ activa).Está acción, si fuera muy numerosa, desligitimaria al régimen político actual.
        Y tras un periodo de libertad constituyente conquistar la libertad política colectiva (libertad de todos para elegir, controlar y deponer si fuera necesario a los políticos).

      • Esperanza 11 marzo, 2017 a 22:36 #

        Todo lo que decís es imposible sin una guerra para comenzar de nuevo.
        Primero, hasta que no se mueran los viejos habrán muchos que voten al PP y al PSOE porque la mayoría están anclados en el pasado.
        Por otra parte los de Podemos y Ciudadanos son más de lo mismo y también deberian desapatecer. Aunque muchos de nosotros no votemos no servirá de nada-
        Así que no veo ninguna solución en el horizonte

  2. El principio del fin 10 marzo, 2017 a 11:00 #

    Excelente artículo Ramiro, Una vez más. Una reflexión surgida desde la sensatez que dan, una cabeza amueblada, los años de estudio y la experiencia de calle. !Que diferencia con los que vomitan las del “tocomocho” cargados de bilis hacia los católicos y los valores tradicionales, que son los que más brillo han aportado a la Cultura de Occidente!
    Enfrente, los valores masones o comunistas (las dos herramientas ideológicas que instrumentalizadas por los mismos sirven para lo mismo) han sido, casi siempre, excusa y coartada para cortar cabezas (Revolución Francesa) o asesinar en Gulag o Checas.
    Pero como aún es pronto para deshacerse de los adversarios de manera explícita, comienzan metiéndoles en la cárcel por delito de odio (recuerden el caso Blanquerna). Y si funciona, no descartéis que pasarán a la segunda fase.

    • Carmen 10 marzo, 2017 a 19:02 #

      Pienso lo mismo que usted, y me adhiero a su felicitación al autor del artículo, y a HSO por tenerle en su “nómina”.

  3. Carmen 10 marzo, 2017 a 10:26 #

    La gente cada vez está más harta del exceso de extranjeros que pululan por nuestras calles, sin trabajo ni medios lícitos de vida, viviendo de nuestro depauperado “estado de bienestar”, de la prostitución, de la delincuencia, etc. (No todos, por supuesto).

    Los españoles además estamos cada vez más hartos de que LAS BECAS DE COMEDOR EN LOS COLEGIOS PÚBLICOS se las lleven mayoritariamente los extranjeros, una buena parte de los cuales tienen ingresos, pero en la economía sumergida…

    ¡Con esas críticas o manifestaciones al respecto pretende acabar ESTA LEGISLACIÓN, QUE ES MUY PELIGROSA, pues no es objetiva ni imparcial! En realidad ni siquiera se sabe que es exactamente lo que se persigue, o cual es el delito objeto de la misma…

    Caes en manos de un fiscal o de un juez que quieren hacer méritos, y rápidamente te imputan -o investigan-, como muy bien dice el artículo.

    Es una legislación que se puede volver contra todos nosotros, SI PODEMOS LLEGA AL PODER, POR EJEMPLO (QUE ES ALGO QUE NO ES DESCARTABLE, EN ABSOLUTO).

  4. Santiago Molina García 9 marzo, 2017 a 16:39 #

    Enhorabuena por este artículo. A través de su lectura he aprendido cosas importantes (digo importantes porque nos atañen a todos) que no sabía. Creo que esa es la labor fundamental de los expertos en un tema: enseñar a los que no son expertos en su área de conocimiento.

    • Ramiro 9 marzo, 2017 a 18:01 #

      Gracias, don Santiago.
      El único problema es que yo soy aprendiz de todo, pero maestro de nada…
      ¡Bienvenido a estas páginas! El mundo de la enseñanza es básico para nuestro futuro, y desgraciadamente esta dejado de la mano de Dios.

  5. Esperanza 9 marzo, 2017 a 12:10 #

    Pues tiene usted razón, es una ley muy peligrosa. Están introduciendo toda la injusticia y el odio en el sistema judicial. No sé donde iremos a parar pero da miedo.

    • Antonio 9 marzo, 2017 a 12:29 #

      Totalmente de acuerdo. Los delitos deben de estar muy claros. No se puede convertir en delito EL PENSAMIENTO, PUES ENTONCES TODOS SERÍAMOS DELINCUENTES, por lo menos los que pensamos…, siempre que nos apartáramos del sentir general.

      Estos artículos del Código Penal vigente DEBERÍAN SER DEROGADOS, si de verdad queremos vivir en una democracia, donde haya libertad de información, de expresión y de opinión.

      Celebro mucho la publicación de este artículo, que creo arroja bastante luz sobre el tema.

  6. Pedro Benabarre Graus 9 marzo, 2017 a 10:23 #

    Mucha gente está contenta, porque por ahora se persigue a los que podríamos llamar “disidentes de derechas”, o incluso de extrema derecha, neonazis, etc.

    Pero esta legislación es muy peligrosa, y puede utilizarse lo mismo a babor que a estribor, es decir contra la derecha que contra la izquierda…

    DIGAMOS QUE BUSCA EL MANTENIMIENTO DEL STATUS QUO, que los que están en el poder sigan en él, por los siglos de los siglos.

  7. Cabreado 9 marzo, 2017 a 09:48 #

    Pues tiene usted razón y como la tiene se le da,

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