Bajo el yugo del Mobbing: El juez Burns, punto crucial en la perpetuación del mal

30 Ene

Por Artemisa

Dos veces acudí al juez Burns, en mi intento de encontrar justicia y poder liberarme del tormento que estaba sufriendo, y dos veces él me la negó. Él me cerró, a cal y canto, las puertas de la justicia y quemó toda esperanza de liberación; gracias a él, mi tortura continuó y además me robaron la plaza, los miserables ladrones del Salud. Me robaron mi puesto de trabajo, regalándoselo, por toda la jeta, a la lameculos contratada que les había ayudado a hacerme mobbing con la promesa de que la plaza sería para ella. Los muy sinvergüenzas, me propinaron una gran patada y en la mismísima calle me dejaron: sin trabajo y sin derecho a cobrar ni un euro, después de más de treinta años apoquinando a la Seguridad Social.

Y es que el juez Burns es un machista de hondo calado; aunque a decir verdad, esa es la tónica general en la judicatura española y muchísimo más en la aragonesa.

Si hay alguna organización que sea extremadamente machista, esa es desde luego la judicatura aragonesa.

Aragón es una comunidad pequeña, con señorías de mentalidad cerrada, localista y endogámica. Todos los jueces se conocen, la gran mayoría son machos orgullosos y prepotentes que han mamado de las mismas fuentes, han ido a tomar copas juntos alguna vez y los mismos conceptos fluyen de una cabeza a otra. Por encima de todas las ideas, hay dos que sobresalen y que son comunes a todos: una es que el gobierno paga sus nóminas y no hay que contrariarle, y la otra es que el honor de un hombre, aunque no se lo merezca, siempre ha de prevalecer sobre el derecho a la justicia de una mujer maltratada.

Para defenderse, en este mundo patriarcal que vivimos, una mujer ha de hacer un esfuerzo infinitamente mayor que un hombre en la misma situación. Así pasa también en el sistema judicial, como en el resto de organizaciones creadas y regidas por hombres desde tiempos inmemoriables.

Las mujeres estamos adormecidas y tan acostumbradas al machismo que ya ni lo vemos, hasta que nos golpea fuerte. Yo tampoco era consciente de la gran misoginia de nuestra sociedad hasta que me vi envuelta en la montaña rusa del mobbing. Tampoco entendía qué pasaba, por qué me negaban la justicia, hasta que me caí del burro; analizando todo el asunto judicial comprendí la gran misoginia oculta y disimulada que envuelve a todo el sistema judicial.

A todos nos parece que nuestro mundo ha cambiado mucho, y realmente sí ha cambiado, pero existen muchas sentencias y comportamientos machistas, aunque no los veamos. Los misóginos se adaptan a las nuevas situaciones y continúan con sus insultos, denigraciones, ofensas a la dignidad de la mujer y violencia contra ellas, quedando impunes gracias a la acción judicial.
Los jueces se unen y se apoyan, como coleguitas machos que son, y ninguno tiene interés en mostrarse en contra de las actitudes misóginas de su profesión. Tanto misógino se esconde en la judicatura, jueces expertos en quitar importancia a las agresiones machistas para minimizar la gravedad, que así los maltratadores de mujeres consiguen total impunidad.

Dentro de este contexto, ahora entiendo la negativa total y absoluta, del juez Burns, a abrir un juicio. Entiendo que con su actitud miserable y machista quemara mi esperanza y mi derecho humano a la justicia: la política y la misoginia mandan y obligan.

El Capitán y el juez Burns son dos machos, conocidos y residentes en la misma localidad. No sé si son amigos o no, pero sí tengo claro que se conocen, han coincidido muchas veces en su ciudad y lo más probable es que en algún momento hayan tomado copas juntos.

De su complicidad me di cuenta la primera vez que coincidimos el Capitán y yo para declarar. Apareció el Capitán en el juzgado saludando a todos los que allí trabajaban y, con toda la prepotencia y chulería de la que es capaz de hacer gala, preguntó: “¿Cuándo empieza esto?”; lo dijo bien alto, asegurándose de que yo lo pudiera oír bien, mandándome el mensaje subliminal de que yo no tenía nada que hacer; que todo era una pantomima.

Y así fue, pura pantomima.

Origen: Bajo el yugo del Mobbing: El juez Burns, punto crucial en la perpetuación del mal
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3 comentarios to “Bajo el yugo del Mobbing: El juez Burns, punto crucial en la perpetuación del mal”

  1. Antonio 30 enero, 2017 a 12:47 #

    Lo que dice usted es la pura -y dura- realidad.

    Y añado: UNA BUENA PARTE DE ELLOS SON DEL OPUS DEI, esa retrógrada secta que considera que las mujeres no deberían de trabajar, y que tendrían que quedarse en su casa, con la pierna atada, y criando todos los hijos que Dios les envíe…

    Claro, con esas ideas, que va a esperar usted de ellos, O DE LOS FISCALES, la mayoría de los cuáles también pertenecen a la OBRA.

    (Según don Santiago VIDAL, el magistrado suspendido y senador ahora dimitido, en Cataluña UN TERCIO DE LOS JUECES Y FISCALES SON DE LA OBRA.

    En Aragón, tierra del Fundador, yo creo que el porcentaje es muy superior, y seguramente andará por el 50%. Pero, como es una sociedad secreta -ellos dicen que discreta-, nadie sabe quiénes son y quiénes no, ni tienes derecho a preguntarles, o recursarles, en su caso…).

    • Antonio 30 enero, 2017 a 12:48 #

      Perdón, he querido poner RECUSARLES, no recursarles.

      • Esperanza 31 enero, 2017 a 17:11 #

        Pues parecen unas personas muy miserables y retrógradas.

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